jueves, 10 de octubre de 2013

CARTA DE UN NIÑO A SUS PADRES


Entre sorprendidos y esperanzados salieron aquellos padres del Colegio de su hijo. Habían ido a hablar con el psicólogo, a petición del Tutor del curso. Su hijo hacía tiempo que no iba bien. Ellos creían que el problema solo estaba en casa, pero no, su hijo tampoco funcionaba en el colegio. Después de una larga conversación, el psicólogo les dijo:

-          ¿Por qué no le regaláis un perro?

-          ¿Un perro?

-          Sí, un collie. Sé que a él le hace ilusión y creo que le puede ayudar a solucionar algunas de las cosas que hemos hablado.

Hubo un silencio. Los padres se miraron con cara de no entender. El psicólogo continuó:

-          Vuestro hijo tiene su autoestima muy baja. Cuidar de un collie le enseñará a ser responsable. El tener que sacarlo cada día a dar un paseo le proporcionará una sensación de logro, de que algo está haciendo bien.

-          La convivencia con un collie le aumentará la comunicación no verbal y le ayudará a mostrar mayor empatía, algo de lo que carecemos también los adultos.

-          Le aliviará la soledad. Vosotros trabajáis fuera de casa todo el día. Cuando vuestro hijo regrese del colegio, se encontrará con alguien que le dé la bienvenida.

-          Con él podrá practicar la lectura, leyendo en voz alta. Ya sabéis que vuestro hijo es uno de los que se muestra reticente a leer en voz alta en clase. Dicen que los niños dan por hecho que los perros escuchan y entienden.

-          La presencia del collie disminuirá la ansiedad causada por las tareas escolares. Acariciar animales puede reducir la presión arterial, así que tener cerca a su collie puede ayudarle a concentrarse incluso con las materias que menos le gustan.

-          Y, por último, espero que también os dé temas para conversar. El collie es un puente entre padres e hijos.

 
Cuando los padres llegaron a casa, lo primero que hicieron fue buscar un criador de collies… No tenían cachorros disponibles en aquel momento y reservaron un macho de la siguiente camada.

Muy bien. Yo soy de las que piensan que una familia no es una familia al completo si no tiene un collie en su casa, sobre todo si en el hogar hay niños…

Por fin llegó el collie. El niño no lo podía creer. Sus padres le regalaban “el sueño de su vida”, sin ser su cumpleaños, sin ser un premio o una promesa… ¿Por qué?

Pasó el tiempo y el niño mejoró notablemente su actitud en el colegio, consiguiendo buenas notas. Su relación con profesores y amigos era cada vez más buena. Pero no así con sus padres. Estaba entrando en la adolescencia y la relación con sus padres era distante, superficial. Su padre no tenía tiempo para estar con su hijo. La empresa le absorbía y siempre estaba viajando. Su madre había vuelto a recuperar su antiguo trabajo y tampoco dedicaba mucho tiempo a su hijo. En casa, el mejor amigo y confidente era su collie. Se compenetraron muy bien y se entendían a la perfección.

Un día el collie, aplicando su sexto sentido, decidió entrar en escena para solucionar esa relación tan distante con sus padres. “Escríbeles una carta” –intentó hacerle entender a su amigo del alma...

 
 
Esta historia inacabada nos la explicó el niño protagonista, hoy adulto. Han pasado 20 años y el domingo estuvo en casa para reservar un collie para sus dos propios hijos, un niño y una niña. “Ahora es el momento para que convivan con un collie” –comentó su madre.

¿Y la carta? ¿Escribió la carta a sus padres? Sí, la escribió con la “ayuda” de su collie. Su madre aún la guarda y nos prometió que se la pediría para hacer una copia y enviárnosla. Hoy la hemos recibido y aquí está:


“Queridos mamá y papá:

Mis sentimientos son frágiles y os pido por favor que estéis un poco más pendientes de mí. Si os ponéis en mi lugar y podéis entender qué es lo que me pasa, podréis ayudarme con mayor facilidad. Para crecer, necesito vuestro apoyo.

Os ruego que me escuchéis siempre con atención e interés. Cuando os cuente un problema mío, no me salgáis con un “eso no tiene importancia” o con que “ahora no tengo tiempo para esas tonterías”. Tratad de comprenderme y ayudarme.

No me regañéis sin más, ni me gritéis. Si lo hacéis, os respetaré menos y me enseñáis a gritar a mí también, cosa que no quiero hacer.

¿Por qué siempre me estáis dando órdenes? Si, en vez de mandar o exigir que haga las cosas, razonarais, o me las pidierais por favor, las haría más rápido y con más gusto.

Decís que somos una familia, pero para ello deberíais de crear un ambiente que facilite la comunicación. Necesito que me expliquéis las cosas que suceden en casa, sentirme partícipe de vuestras decisiones y poder opinar.

Por favor, confiad en mí. Dadme libertad para tomar mis propias decisiones. Permitidme que me equivoque para que pueda aprender de mis errores. Si me lo dais todo hecho para evitarme el esfuerzo, nunca aprenderé a hacer nada ni a ser responsable. Así algún día, estaré preparado para tomar las decisiones que la vida requiera de mí.

Enseñadme unos hábitos adecuados, dentro de casa y fuera. No me digáis que haga cosas que vosotros no hacéis. Yo aprenderé y haré siempre lo que vosotros hagáis, pero nunca haré lo que digáis y no hagáis.

No me comparéis con mis primos o los hijos de vuestros amigos. Yo soy yo. Si me hacéis lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir. Y si me hacéis lucir peor, el que sufra seré yo.

Y sobre todo, necesito vuestro cariño y amor. Necesito sentiros amigos, necesito sentirme acompañado en todo momento.

A pesar de todo, quiero que sepáis que os quiero mucho…”
 


Con el paso de los años la relación con sus padres fue mejorando. Su collie siguió siendo su cómplice y más que amigo en la adolescencia. Inseparables hasta que fue a estudiar a la Universidad. Y esa separación fue muy dura para ambos. Su collie murió de repente. Tenía ya 11 años, pero sus padres sostienen que murió cuando se dio cuenta que ya lo había hecho todo por aquel joven, que su misión había terminado y ya no le necesitaba. Hoy todavía lloran su ausencia.


viernes, 27 de septiembre de 2013

YO SOCIALIZO, TÚ SOCIALIZAS...


Quedé estrujada, pero ya estoy casi recuperada. Ocho cachorros dan mucho trabajo y cuidarlos me ha absorbido mucho tiempo, aunque ha sido un placer y estoy muy orgullosa de todos ellos. La separación ha sido dura, pero me consuela saber que todos están felices. Turró, Aston, Kibo, Zara, Cross, Lassie, Kheyra y Horus ya están todos con sus nuevas familias y a partir de ahora son ellas, personas responsables, quienes deberán seguir con la tarea de educar a estos tiernos cachorritos.

 
Una de estas familias quería llevarse a su cachorro con siete semanas. Mi familia les dijo que no: “Nuestro compromiso es no entregar ningún cachorro antes de las 8 semanas de vida. Es muy importante para su salud y para su equilibrio emocional que conviva con su madre y con sus hermanos una o dos semanas más…”

Yo socializo…

Desde el nacimiento hasta la octava semana de vida, el cachorro aprende de su madre y hermanos las reglas que marcarán su comportamiento adulto. Afecto, territorialidad, dominio, son conceptos que el cachorro va grabando en su cerebro a través de posturas, gestos y reprimendas de mí misma.

Es cierto que la herencia genética es parte fundamental del desarrollo del carácter del collie, pero esto no serviría de nada, si el cachorro no pasara, junto a su madre y hermanos, por ciertas experiencias, que serán determinantes en su comportamiento futuro. Una parte importante de la forma de ser del cachorro es innata, pero el resto depende de las experiencias vividas y de los aprendizajes realizados con su familia canina, conmigo y sus hermanos.

La convivencia conmigo y el resto de la camada a esta edad, es la primera escuela de su educación y es de suma importancia. Privar a un cachorro de este proceso de socialización, puede suponer un collie inseguro que de adulto puede llegar a ser problemático.

La manipulación de los cachorros en este período es muy importante. A ello me ha ayudado mi familia humana. Un cachorro tocado y convenientemente achuchado presenta un desarrollo más rápido y será más receptivo ante estímulos nuevos.

Durante este período el cachorro aprende a identificar  a sus compañeros de especie como individuos sociables y asimilará el comportamiento básico que necesitará para relacionarse en un futuro con otros perros y con su nueva familia humana. Y lo más importante, su identidad comenzará a desarrollarse.

 
Yo he socializado. He acostumbrado a mis cachorros a relacionarse en un entorno similar al que ya se habrán encontrado en su nuevo hogar, como por ejemplo ruidos, motores, personas desconocidas, niños y otros perros. Estamos en la etapa más importante y la que tendrá más consecuencias en un futuro sobre la conducta del collie. En esta etapa, aún no está finalizada la madurez del sistema nervioso central del cachorro, de modo que se puede influir sobre él. Esta es la tarea de sus familias humanas.

Tú socializas…

Cuando el cachorro, a los 2 meses, llegue a vuestro hogar, hay que proporcionarle caricias, juegos y elogios, para sustituir, en cierta manera, la relación que tenía con su madre y hermanos de camada. Así el cachorro se acostumbrará rápidamente a la nueva situación de vida y aceptará de inmediato vuestra superioridad.

Un cachorro equilibrado, será un adulto obediente y educado. Aunque todos mis cachorros tienen una base de socialización, ahora va a depender de vosotros, de vuestra combinación de cariño y autoridad. Desde que el cachorro llega a su nuevo hogar, debe comprender que no es él quien manda, que ocupa un rango inferior dentro de ese grupo y que debe obedecer. Las caricias, el contacto con otros perros y los ejercicios de sumisión, lo irán poniendo poco a poco en su sitio y garantizarán su obediencia, equilibrio y cariño. Desde el primer día debe saber el sitio que ocupa dentro de la estructura familiar.

Es necesario el contacto físico entre el cachorro y todos los componentes de la familia con los que ha de convivir. No es sólo dar palmaditas en su espalda, sino un contacto físico pleno. Rascarlo detrás de las orejas, morro, cuello, deslizar las manos por su cuerpo recorriendo lomo, pecho, patas, hablarle suavemente, repetir su nombre, tomar su cabeza entre las manos. Todos los miembros de la familia deben hacerle estas caricias. Con esto se fomentan los lazos afectivos entre familia y collie.

Todas las situaciones cotidianas deben aprovecharse para reforzar vuestra autoridad. Desde cachorro no hay que permitirle nada de lo que no os gustará que haga cuando sea adulto. Y sobretodo que toda la familia cumpla las mismas normas.

Hay que refrenar sus impulsos desde el primer día que llega a casa. El cachorro será muy inquieto durante los primeros nueve o diez meses de vida, robará zapatos, arrancará plantas, hará destrozos y querrá hacer lo que quiera. Hay que tener mucha paciencia y no permitir estas travesuras.

 
Tú socializas. La socialización es la clave para tener un collie bien adaptado, calmado y feliz. Los collies somos curiosos por naturaleza. A tu cachorro le encantarán las nuevas experiencias. Conocer nuevos lugares, personas, animales... Dadle una atención individual diaria, acostumbrándolo a interacciones humanas positivas.

El cachorro absorbe como una esponja a esta edad, y no socializarlo correctamente es permitirle que aprenda malos hábitos. Ahora es el mejor momento para comenzar a enseñarle comportamientos adecuados. Es mucho más fácil instalar comportamientos correctos que dejar que el cachorro crezca como un salvaje y luego intentar “desentrenar” los malos comportamientos.

Vuestro cachorro necesitará algo más que un paseo en el parque, o una vuelta a la manzana. Necesita conocer nueva gente, paisajes, sonidos, aromas y ambientes. Cada día, todos los días.

Ese cachorro tan divertido que tenéis jugueteando a vuestros pies está deseando que le pongáis límites, que le marquéis las reglas, que le enseñéis las normas de convivencia. Sin gritos ni violencia. Una educación coherente y consecuente y siempre en positivo. Una socialización basada en tiempo, paciencia y mucho amor.
 
 
 

martes, 20 de agosto de 2013

BUEN OLFATO: SIEMPRE LA MISMA TETA


Mis cachorros ya han cumplido cinco semanas y yo soy feliz con ellos. Nunca pensé que ser madre fuera tan maravilloso. Me paso horas con ellos viendo cómo duermen, cómo maman, cómo juegan…

Tanto los observo que he descubierto que uno de los machos arena siempre mama de la misma teta. Ya desde recién nacido, con su tacto, buscaba una teta y desechaba las otras. Ahora se guía por el olfato y se pelea con sus hermanos por esa misma teta. Nunca se equivoca, buen olfato.

El olfato es el sentido que, cuando estos pequeños sean collies adultos, se convertirá en su más eficaz colaborador y fuente de información próxima y distante. Pero antes de alcanzar estos límites extremos que tan significativos serán, el olfato ya representa para este cachorrito, un sentido que le resulta imprescindible para orientarse, localizar las tetas y acertar con la teta preferida… elegir su teta, siempre la misma teta.

El olfato en el cachorro, aparte del servicio que le presta en sus primeros días de vida como medio de orientación, empieza, ya en tan temprana edad a “gravar su disco duro”, los archivos que constituirán su memoria olfativa, que con el tiempo  clasificará en situaciones. Los olores que el cachorro va archivando en su memoria le servirán para la identificación en lo sucesivo de una circunstancia, persona, acontecimiento, etc., de forma parecida a como sucede con los humanos. Hay personas que son capaces de recordar, aunque sea vagamente, por algún olor captado hace muchos años, la escena que en aquella fecha estaba viviendo al percibirlo, las circunstancias que se daban e incluso algunas fisonomías de las personas en aquel entonces presentes. El collie también, desde cachorro, reconoce por el olor cualquier situación. Y se equivocan las personas que consideran que un cachorro es incapaz de analizar y retener ya para siempre acontecimientos relacionados con el olfato, vividos incluso junto a la teta de su madre.


 
Un criador (humano) efectuó una prueba para comprender el efecto que sobre el cachorro aún lactante produce su olfato. Utilizó una camada como la mía, de 37 días, para comprobar la relación que podía haber entre capacidad olfativa y capacidad retentiva a esta edad. Un colaborador convenientemente perfumado con una determinada colonia se acercaba al nido y daba algunos gritos que los cachorros interpretaban de inmediato como símbolo de poca amistad, y, asustados, se agrupaban entre ellos y junto a su madre. El colaborador se iba y entraba el criador, acariciando a los cachorros, que volvían a su normalidad anímica.
La misma prueba se repitió durante tres días. Los cachorros, al día siguiente de la primera experiencia, tan pronto percibían el olor de la colonia, mucho antes de que el colaborador perfumado se acercara al nido, corrían a agruparse y permanecían inmóviles. Sin gritos, bastaba simplemente que el colaborador  pasara por el lado del nido sin poder ser visto. Y cuando se había marchado y aparecía el criador, todos los cachorros, con gran alegría, reclamaban su acostumbrada caricia.
El criador quiso llevar el experimento más lejos, y al día siguiente, ya sin la ayuda del colaborador, se perfumó él mismo con la misma colonia y se acercó al nido. La respuesta de los cachorros, a pesar de sus tranquilizadoras palabras, fue la misma que con el colaborador: agruparse en un rincón, y como si en la unión buscaran la fuerza, no consiguió que ninguno se acercara a él. Esa misma tarde, el criador se limpió bien de toda emanación de colonia y volvió al nido. Tan pronto notaron su presencia los cachorros, se produjo una explosión de júbilo y alegría.
Al día siguiente, deseando apurar al máximo su experimento sobre la relación entre olfato y memoria olfativa, el criador, nuevamente perfumado, se acercó al nido para ver la reacción de los cachorros. Sin embargo había utilizado una colonia distinta y los cachorros salieron a su encuentro como si no llevara perfume alguno.

El análisis de este experimento evidencia totalmente la existencia de una memoria de carácter olfativo. El perfume del colaborador se había convertido en un signo de hostilidad para los cachorros y lo habían guardado en el archivo de recuerdos olfativos. No era necesario acercarse al nido y dar gritos, sino simplemente dejar que los cachorros unificaran mentalmente el perfume aquél con los gritos que le habían reportado. La nueva colonia que se puso el criador no recordaba ningún acontecimiento desagradable a los cachorros, y, por tanto, lo admitían como un perfume que no debía ser temido.

 
El aparato olfativo del cachorro está constituido en el interior de la nariz por unos conductos totalmente cubiertos de células quimiorreceptoras que con la entrada de aire se impregnan del olor reinante. Este complicado tapizado celular es como un filtro que retiene la emanación olorosa y la analiza uniéndola inmediatamente a la situación que se da entonces, constituyéndose dos archivos de distinta calificación. En uno quedará archivado el olor y en el otro se archivará la situación, sensación y reacción que ha sido necesaria.

El olfato es un perfecto analizador de olores, capaz de distinguir uno entre varios que estén mezclados. La capacidad olfativa del collie, ya desde cachorro, sobre todo a partir de los cinco meses, es de una proporción de 1:1.000.000. Y nuestra evolución olfativa es constante hacia la perfección absoluta y alcanza extremos imposibles para el ser humano. Nuestro olfato puede ser más potente que el mejor instrumento científico, razón que explica que se nos entrene y utilice para detectar drogas, escapes de gas, explosivos, personas desaparecidas, personas enterradas bajo la nieve o escombros, etc.

 
Dicen que cuanto más grande es el perro  y más largo su hocico, más agudo es el olfato.  Los collies, por ejemplo, no sólo tenemos un olfato más desarrollado que los humanos, sino también que otras razas de perros. Además tenemos otra ventaja, porque nuestra trufa suele estar húmeda, y esa capa de humedad actúa como si se tratara de una cinta adhesiva, atrapando a las moléculas aromáticas que transporta el aire.

Muchos humanos piensan que una comida nos gusta más que otra. Pero no se trata solo de gusto. El gusto es nuestro sentido menos desarrollado, pero con el olfato podemos detectar lo amargo, dulce, salado, agrio e infinidad de sabores. Los perros podemos reunir más información sobre los alimentos que comemos por el olor que por el sabor.

Los seres humanos se mueven por el mundo con la vista como sentido rey. Nuestro sentido rey, en cambio, es el olfato. Nosotros olemos el mundo (ver post anterior). Nos movemos por él dependiendo de la nariz. Porque los humanos tienen unos cinco millones de células olfativas frente a los 220 millones que tenemos los collies. Ningún humano, puede llegar a imaginarse lo que significa oler el mundo y obtener información a través del olfato.

 

martes, 30 de julio de 2013

TACTO, EL GRAN OLVIDADO DE NUESTROS SENTIDOS

Para los humanos, de los cinco sentidos, el tacto es el segundo en importancia tras la vista. La comunicación a través del sentido del tacto es una parte muy importante para su crecimiento emocional. Y, aunque no todas las personas lo utilizan por igual, tocar y ser tocados es una necesidad.

Para los collies, en cambio, el sentido del tacto no es tan importante y ocupa el penúltimo lugar. Apenas lo utilizamos para jugar con nuestr@s dueñ@s y recibir sus caricias. Con una notable excepción: es el primer sentido que utilizamos cuando nacemos, ya que el oído y la vista no los activamos hasta pasados 11 días.


Mi madre ya me lo había explicado y ahora lo estoy experimentando con mis bebés. El tacto es el primero de los sentidos que entra en actividad tan pronto nace el cachorro, y del que éste se vale para detectar la proximidad de la madre y localizar las tetas. En nuestra raza, la mayor sensibilidad táctil en estos primeros momentos se encuentra en la fina piel de la nariz del cachorrito y de su lengua. Se trata de una sensibilidad de orden térmico o de reacción a la temperatura. Mis cachorros, acercando su nariz a mis mamas, perciben la temperatura de éstas, y mediante el tacto localizan el pezón al que de inmediato se prenden. Ahora, que ya tienen 16 días, observo con satisfacción cómo se “pelean” por tomar una buena posición. Me encanta ver con qué entusiasmo chupan y cómo rodean el pezón con su lengua, de esa manera tan característica. Ello es debido a que, a través de la lengua, perciben la temperatura de la leche, la misma que la temperatura fisiológica corporal.

Esta observación tiene una importancia vital cuando por la circunstancia que sea, se hace necesario que un humano críe al cachorro con biberón, ya que si la leche que le da no guarda la temperatura adecuada, el cachorro desechará toda oferta que le haga. La sensibilidad de la lengua del cachorro es tan acentuada, que bastará la pequeña diferencia de tres o cuatro grados en la temperatura para que se produzca un rechace. La temperatura que debe tener y mantener el biberón ha de estar entre 37º y 38º. En cuanto esta temperatura desciende, el cachorro rechaza la tetina, lo que puede ser erróneamente interpretado como que el cachorro ya no tiene más ganas de leche.

Hoy, aunque mis hijos ya han abierto los ojos y empiezan a escuchar los primeros sonidos, siguen utilizando el sentido del tacto (junto con el olfato), para saber  dónde estoy situada. Y cuando sienten un roce en su cuerpo (tacto corporal) saben si han sido tocados por alguien de nuestra familia humana, por mí o bien por sus hermanos de camada. Se buscan, se amontonan, se lamen… Ellos saben que cualquier roce es positivo para la estabilidad de su futura vida de adulto. Si a uno de estos cachorros se le impidiera todo contacto, su cerebro se vería privado del estímulo que necesita para crecer y funcionar. El tacto a esta edad es muy importante para que más adelante los cachorros desarrollen un sistema emocional equilibrado y puedan integrarse y convivir plácidamente con la familia humana y su entorno.

 
A medida que el cachorro va creciendo, el uso del tacto lo irá aplicando a nuevas necesidades. Sus almohadillas plantares llegarán incluso a captar las sensaciones del suelo que pisa, llegando con el tiempo a ser capaz de percibir las vibraciones de éste hasta tal extremo, que si a un cachorro de tres meses le taponáramos los oídos de forma que no pudiera captar ningún sonido, recogería a través de su tacto con las almohadillas de sus patas las vibraciones de los pasos de su dueñ@ y se percataría de su presencia o aproximación sin necesidad del auxilio auditivo ni del visual.

La sensibilidad táctil está repartida por todo el cuerpo a través de la piel y del pelaje. Tenemos unos bigotes, es decir, pelos sensibles más gruesos alrededor de los ojos, del hocico y por debajo de la mandíbula que nos permiten captar la velocidad y dirección del aire. Pero conforme se van perfeccionando nuestras facultades olfativas, auditivas y visuales, el sentido del tacto va perdiendo importancia. Con el paso del tiempo nuestras almohadillas se endurecen y pierden sensibilidad. Los receptores infrarrojos de nuestra trufa, capaces de captar cambios de temperatura, también van perdiendo potencial, en beneficio del olfato.

Nuestra parte más sensible del tacto, en nuestra edad adulta, se encuentra a lo largo de la columna vertebral, del cuello a la cola. Por ello, nos gusta rodar por la hierba y que los humanos nos acaricien, puesto que esto nos produce un efecto calmante, relajante y antiestrés.
 

 

viernes, 19 de julio de 2013

ENVEJECER CON DIGNIDAD


"Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo"
(Sófocles)

 
He sido madre de 8 preciosos bebés. Todo ha ido perfecto, mejor de lo que me imaginaba. Creía que estaría mucho tiempo sin poder escribir en el Blog, pero los cachorros se portan tan bien que aquí estoy de nuevo.

Hace ya un mes que vivo separada del resto de la manada, en la zona de cría. Por suerte no estoy sola, porque tengo muy cerca a Cap y Enate, los “carrozas” de la manada, con los que estoy charlando mucho, sobretodo escuchando, y aprendiendo. Conviviendo con ellos me he dado cuenta que los collies nos hacemos mayores, como los humanos, y también envejecemos y vamos sufriendo los achaques propios de la edad. Eso está ocurriendo en nuestra manada, donde ya son varias (Weiss, Venus, Jolie…) las que poco a poco van sumergiéndose en esa etapa senil donde cambian sus actitudes y sus costumbres. Van perdiendo agilidad, vista, oído… Y no es que se encuentren mal o que estén sufriendo, no, es simplemente el deterioro natural de cualquier ser vivo.

CAP, pelo rojizo, cara canosa, ajeno a los juegos de sus nietas

Hace un tiempo, mi abuela Jolie me comentaba: “Para las personas nacidas en España durante este año, la esperanza media de vida es de 82 años. Superior a la de sus padres y aún más superior a la de sus abuelos. Para un collie, en cambio, siempre es la misma. La esperanza de vida del collie apenas varía con el paso de las generaciones. Esos bebés que esperas, vivirán los mismos años que vivieron mis antepasados...”

Hoy, mirando a mis cachorros durmiendo felizmente, me pregunto: ¿Son conscientes todos los humanos que envejecemos antes que ellos y que necesitaremos cuidados especiales y un ritmo de vida diferente?. Las personas que comparten sus penas y alegrías con un collie, casi nunca se plantean una cuestión inevitable, real y desagradable, pero que debe ser asumida en toda su crudeza: no vivimos tanto como los humanos. Por regla general, lógica, la persona que va a adquirir uno de mis cachorros debe pensar que, transcurridos 8, 9 o 10 años, si no ha muerto antes por un accidente o enfermedad, comenzará una segura e imparable época de disminución progresiva de sus facultades físicas, y también un cambio de carácter.

Una amiga humana escribía sobre su collie de 10 años: “Cuando me mira me transmite tanto que no puedo eludir esa mirada y esos suaves cabezazos que te da para que le prestes atención, asomando la cabeza por debajo de tu axila. Sus sentimientos, sus actos de dulzura y su fiel comportamiento han marcado nuestra vida en común. Ha sido una inmejorable compañera que me ha dado todo por nada, ahora me toca a mi devolvérselo cuidándola con mas mimo si cabe y permitiéndole esas actitudes seniles que no puede evitar. Yo nunca podré entender a esas personas que se deshacen de sus mascotas cuando envejecen”.

Abuelita ENATE con Venus, una de sus 71 nietos conocidos
 
Cap me contó una anécdota que vivió hace unos años:

“Un día vino un representante de piensos a hacer sus ofertas. Nuestra familia lo recibió fuera, en el porche, y yo, tumbado bajo la mesa, pude seguir todas las negociaciones, mientras tomaban café con hielo. Antes de marchar, el visitante preguntó: “¿Cómo es que tenéis collies viejos y no los dais en adopción?” Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ¿lo decía por mí?. Enseguida me tranquilicé cuando oí: “De casa solo salen collies jóvenes, para ir a buenas familias. Los viejos se quedan con nosotros hasta el fin de sus días”

Fue entonces cuando en casa rehabilitaron una zona para los collies mayores de la manada. Un espacio tranquilo, alejado de los visitantes. Es el “Bosc de la Tercera Edat”, donde no tenemos acceso los collies jóvenes ni los cachorros, que pueden provocar a los mayores con sus juegos bruscos. Aquí los mayores disponen de suficiente espacio para caminar y correr a su ritmo, disminuyendo la intensidad y duración, pero aumentando la frecuencia.

Los collies, sea cual sea nuestra edad, vivimos cada momento con intensidad y también podemos seguir disfrutando de la vida cuando seamos mayores. Un collie mayor puede tener problemas de huesos o articulaciones, incontinencia, pérdida de vista u oído, problemas en la dentadura y en la piel, deterioros en los órganos, desajustes hormonales, etc. También se pueden apreciar otras alteraciones como trastornos del sueño, desorientación, o reacciones diferentes a las que tenía cuando era joven. Todos estos cambios pueden ocasionar modificaciones de su conducta que hay que tener muy presente. En algunos casos el collie mayor puede parecer más apacible y sereno, mientras que en otros puede sentirse más irritable e inseguro, cuando antes no lo era. Por tanto en esta nueva etapa, la vejez, las personas responsables deben ayudarnos a que nuestra calidad de vida sea lo mejor posible.

WEIS, con problemas de huesos, pero feliz en su vejez
 
Weiss, que en octubre cumplirá 10 años, me confesaba hace un tiempo: “Mis caderas me traen muchos problemas. Una vez que me incorporo y echo a andar, una vez que mis coyunturas y ligamentos entran en calor, me siento bien y me muevo sin inconvenientes. Pero cuando duermo y me quedo tumbada en un mismo lugar durante algún tiempo, se me agarrotan las articulaciones de las patas traseras y me cuesta volver a moverme, incluso incorporarme.”

“Envejecer es patético. Está lleno de limitaciones y reducciones. Creo que estoy desarrollando una incontinencia urinaria. Son apenas unas gotas, pero me incomodan” – me comentaba ayer Enate, a punto de cumplir 11 años. Ella, que ha llevado una vida superactiva, es a quien más le cuesta aceptar la realidad de la vejez.

Venus, 8 años y medio, me transmitía este mensaje para las personas que comparten la vida con un collie: “Ya lo hemos hecho todo en la vida. Hemos respondido con creces a las expectativas de nuestra familia humana. Ahora necesitamos su paciencia, cuidados y comprensión, para ayudarnos a seguir disfrutando de la vida en esta etapa final de una forma lo más agradable posible”.

Cuidar de los collies mayores, acompañarlos, vivirlos hasta su final, creo que más que un deber, es una necesidad inmediata. Queremos ENVEJECER CON DIGNIDAD. Lo que menos se merece un collie mayor es la soledad, la ausencia de la familia humana con la que convivió y por la que lo dio todo.
 
 

viernes, 28 de junio de 2013

ABIES MASJOANIS


“Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Flecha de fe, saeta de esperanza...
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales…”
(Gerardo Diego)

En casa hay árboles muy variados, pero desde que cortaron el viejo nogal (ver post) ninguno de ellos ha conseguido ser punto de encuentro de toda la manada. Ni el arce, ni el prunus, ni el olivo, ni el fresno, ni el laurel, ni el tilo… han conseguido sustituir al viejo nogal. Aunque yo sí tengo “mi” árbol. Es un abeto y me paso muchas horas bajo sus ramas. Lo escogí porque es el árbol más próximo al viejo nogal. Cuando lo cortaron yo era muy pequeña, apenas tenía 5 meses. Recuerdo la tristeza en los ojos de las más veteranas. Aquella noche, junto con mi hermano Ghost, que aún estaba en casa, nos acercamos a Kit para que nos contara cosas del viejo nogal. “Lo han cortado, -nos dijo Kit, pero no le han arrancado las raíces por si  toma nuevos bríos y decide volver con nosotros... Ojala en la primavera podamos ver brotes tiernos en su tronco carcomido…” Con la esperanza de que se cumplieran estas palabras, permanecí muchas horas bajo el abeto, mirando el tronco del viejo nogal, pero ya han pasado dos primaveras y el nogal sigue igual, sin vida. Otra de las razones por las que he escogido este abeto es por su situación estratégica. Desde aquí controlo el camino de acceso a casa. Huelo, oigo y veo a lo lejos y soy la primera en tomar decisiones en cada situación.

Hace dos años, la tala del nogal ante el Masjoanis. Hoy, Nina y "su" abeto.
Yo, tan curiosa como soy, nunca me había interesado por la historia de “mi” abeto, hasta que hace  unos días, apareció un “tesoro” enterrado en el pie del abeto. Sucedió que Venus (3 meses), en una de sus múltiples travesuras, le dijo a Swan (4 meses) que la ayudara a encontrar un “tesoro”. Se fueron a escarbar en el tronco de “mi” abeto. Yo estaba tumbada en el porche porque hacía mucho calor y las veía esforzarse. La pequeña Venus, todo músculo, era la que más interés ponía.  “La tierra está muy dura y pronto se cansarán de jugar” –pensé. Me quedé dormida hasta que oí un grito desde la casa: “què esteu fent!”. Venus huyó como una bala y Swan, detrás. Miré el tronco del abeto y vi un montón de tierra. Del agujero salía un cable negro blindado con un enchufe en la punta. ¿Qué significaba? ¿Cómo supo Venus que ese cable estaba allí? Viendo el “trabajo” que habían hecho las peques, pensé: “Nunca subestimes las capacidades de un cachorro y menos si son dos”

Nuestra familia salió de la casa y se enojó mucho al ver el resultado de la travesura. Llamaron a Venus y a Swan. Ésta, con la cola entre las patas, los miraba de lejos y no quiso acercarse. Venus, en cambio, muy obediente para ser tan cachorra, acudió enseguida a la llamada. Les saltó alegremente y les lamió la cara. Muy lista la muñequita. Nuestra familia quedó desarmada ante tantas muestras de cariño, como si no hubiera pasado nada. No hubo reprimenda. “Terremoto” Venus partió de viaje al día siguiente y espero que allá en Perú, junto a las hermosas playas de Trujillo, canalice tanta vitalidad y sea feliz.

Venus y Swan en busca del "tesoro" en el pie del abeto
Estos días he ido indagando y nadie de la manada sabía de la existencia de ese cable eléctrico. Hasta que hoy he podido hablar con Cap, el que más tiempo lleva en casa, y ha ido recordando poco a poco:

-          Cuando yo era muy pequeño, apenas tenía tres meses, ese abeto lo cargaron de bombillas de colores por Navidad y las enchufaron en ese cable eléctrico que habéis descubierto. Me dijeron que era el último año que lo iluminaban porque el abeto había crecido mucho y ya no alcanzaban a poner tantas bombillas. Por eso, en enero del 2002 enterraron el cable…

-          Mi amiga China me contó un día que ese abeto tiene mucho significado para nuestra familia humana. Lo plantaron el año 1991, un día en el que celebraron algo muy especial…

-          Ese abeto lo compraron muy pequeño y durante 10 años lo adornaron y fue el árbol de Navidad. Pero no es un abeto cualquiera, es un ABIES MASJOANIS, una especie de abeto descubierta hace apenas 60 años en una zona próxima.

2001: fue su último año como árbol de Navidad
-          Masjoan es una magnífica masía del siglo XII donde la familia Masferrer reside desde 1710, cuando Isidre Masferrer Corts (1684-1763) la compró a los entonces propietarios de apellido Masjoan, que decidieron probar fortuna en América. Masjoan está situada cerca del pueblo de Espinelves (Barcelona) en medio del Montseny-Guilleries. Esta masía destaca por su localización, ya que está rodeada de abetos y otros tipos de coníferas (58 especies diferentes) que se han preservado desde medianos del siglo XIX formando un importante arboretum al lado de la casa.

-          La familia Masferrer había introducido en la zona de Espinelves una gran variedad de árboles, entre ellos el “Abies Alba”, abeto autóctono del Montseny y montañas del sur de Europa y el “Abies Pinsapo”, abeto espontáneo de Andalucía. Entre los años 1950-1960, Nicolau Masferrer Pladelasala (1888-1962) y su hijo Jesús Masferrer Torrent (1918-2006) se dieron cuenta de que se había producido una hibridación natural entre las piñas de Abies Pinsapo con polen de Abies Alba, formando una nueva especie que heredaba las mejores cualidades de cada uno de sus antecesores. Jesús Masferrer se hizo cargo del descubrimiento y después de contactar con diferentes asociaciones científicas especializadas, se enviaron 500 ejemplares a Madrid para su certificación, donde se confirmó el descubrimiento. Este híbrido fue bautizado con el nombre de Abies Masjoanis (Abeto de Masjoan, según la declinación latina).

-          Cuando se hizo público y oficial el descubrimiento, se escribieron diversos artículos en la prensa especializada del momento, catalogando esta nueva especie como “el más bello árbol de navidad” o “el abeto más fuerte de Europa”.

El Abies Masjoanis en la actualidad. Tiene 22 años y mide unos 14 metros de altura.
Hoy estoy orgullosa de “mi” abeto, que ya tiene nombre: Masjoanis. Venus se fue al Perú sin saber el alcance de su última travesura. Pero gracias a su tozudez por encontrar “un tesoro”, yo he descubierto la historia de un árbol único. Su porte es piramidal, su tamaño podría alcanzar los 50 metros de altura. Sus ramas, más cortas conforme se asciende, tienden a orientarse hacia abajo. Su tronco es recto, cilíndrico, esbelto. Se trata de una de las más nobles coníferas. El Abies Masjoanis es un abeto ideal porque sólo pierde la hoja en rarísimas ocasiones y porque el entrecruzado de sus hojas asimétricas refleja unas incidencias de luz bellísimas.

 

(Fuente: http://www.masjoan.com/)

viernes, 7 de junio de 2013

NIEVE EN JUNIO


Nieve en junio. Es un hecho excepcional y hay que vivirlo. A mí me encanta la nieve, pero esta vez me he tenido que retener porque me ha tocado hacer de guía y vigilante. Hay dos peques en casa que no sabían qué es la nieve y yo he apadrinado su bautizo blanco.

Ayer fue una jornada memorable. Swan, la rubita, y Venus, la trico, se lo pasaron en grande y no olvidarán esta experiencia que les ha reportado importantes beneficios: han respirado aire puro, han hecho ejercicio sin darse cuenta y les ha supuesto también una inyección de energía positiva increíble.

Nieve en junio. Una nieve diferente a la del invierno. El frío no es tan intenso, los rayos del sol calientan más y aparece un nuevo elemento: el agua del deshielo, inicio de un río que se va abriendo camino… Más abajo le llaman río Ter y desemboca en el mar Mediterráneo.

Swan tiene tres meses y medio y Venus aún no ha cumplido los tres, pero ambas demostraron tener el aguante físico necesario para caminar. Tres horas de ejercicio y no querían regresar.
 
-          “No os vayáis muy lejos, que no os quiero perder de vista”
-          “No te preocupes, Nina, que la nieve es muy blanca y destacamos mucho”

-          “Vamos hasta allá arriba y volvemos”

-          “Volvamos atrás, que aquí está muy inclinado y resbalo”

-          “¿Has probado la nieve?
-          “Me quema la lengua”
 
-          “Mira, allá nace un río”
-          “A que llego antes que tú”



-          “El agua está muy fría”
-          “Pues yo voy a saltar y así no me mojo”


-          “A la una…”

-          “A las dos…”

-          “... y a las tres"

-          “Sí, está muy fría…”

-          “Voy al sol a secarme”

-          “Es hora de regresar. Se acabó la fiesta”