lunes, 24 de marzo de 2014

LA NIÑA DEL MONTGRÍ


Desde el lugar donde vivimos, en los días más claros y nítidos, mirando hacia el este, podemos ver un gran macizo. Es el Montgrí. Toda la manada conocemos su silueta característica, cuando la atmósfera está limpia, porque es por donde nos llegan los primeros rayos de sol.

El macizo del Montgrí es un macizo montañoso al borde del mar Mediterráneo en Cataluña. Se trata de un surgimiento de roca calcárea formado por una falla orientada de este a oeste. Su creación es sincrónica a la del Pirineo. Por sus elevaciones destacan los picos de la Muntanya d'Ullà (308 m), el Montgrí (301 m) y el Montplà (311 m), cercanos a Torroella de Montgrí, y la Torre Moratxa (218 m) y Roca Maura (226 m) en la vertiente cercana a l'Estartit. El archipiélago de las Islas Medas constituye la parte oriental del macizo.

En la cima del Montgrí se ve la figura emblemática de una enorme edificación, es el castillo del Montgrí. A finales del siglo XIII, el rey Jaume II hizo construir este imponente castillo como muestra de poder frente al condado de Empúries. Hoy es un excelente mirador del golfo de Roses, la llanura circundante de l’Empordà y la montaña del Canigó, en Francia.
 
El collado de la Creu, cruce de caminos, desde donde se ve el Castillo del Montgrí
A esta zona es a donde hemos ido de excursión. Hoy, por fin, nuestra familia, nos ha dicho: “Anem a pujar al Montgrí”. Y, como es un lugar inaccesible a coches, motos y bicicletas, y podemos correr libres, en vez de dos, hemos ido tres: Perla, Swan y yo.

El camino está señalizado con las marcas blancas y rojas del GR 92 (sendero de Gran Recorrido), que sube hacia el norte entre campos de olivos.

A la media hora, tras una fuerte subida por el empedrado original del camino, se llega al collado de la Creu (hay una gran cruz). Es una encrucijada de caminos. Tomamos el de la derecha que remonta en dirección hacia el castillo, ya a la vista. En media hora más, tras una última ascensión muy pronunciada, llegamos al rellano donde está el castillo del Montgrí.
 
La llegada al castillo del Montgrí
Es una gran explanada donde nos lo hemos pasado muy bien persiguiéndonos, entrando y saliendo del castillo, como si fuéramos collies de la Edad Media.

Después de comernos nuestro yogurt y beber agua, hemos iniciado el descenso por el otro lado, mucho más difícil y complicado, en dirección a la ermita de Santa Caterina. Luego, por otro camino muy bien trazado, hemos vuelto a subir hasta el ya conocido collado de la Creu.

Al iniciar esta última subida me he detenido y he parado las orejas. Efectivamente, se podían oír voces y ver a lo lejos minúsculos cuerpecitos que bajaban de la Muntanya d'Ullà hacia el collado de la Creu. Hoy no es festivo y no hemos encontrado a nadie hasta ahora. Es un grupo numeroso, con mucho griterío. Debe de ser una excursión escolar.

Llegamos al collado de la Creu y bajamos retomando el mismo camino GR 92 por el que hemos subido.




De repente, Perla se detiene bruscamente. Swan y yo hacemos lo mismo. Hemos oído algo, parece un gemido. Swan abandona el camino, desviándose hacia la derecha. Yo la sigo. Swan ha encontrado una niña sollozando, sentada en el suelo, y le está lamiendo las lágrimas. Perla ha alertado a nuestra familia y se acercan.

-          ¿Estás bien? -le preguntan
-          Me han dejado sola -contesta con voz entrecortada
-          No estás sola –le contesta nuestra familia. Swan está contigo.

Entonces se gira hacia Swan, que seguía lamiéndole la cara con suavidad, y se abraza con fuerza a ella, llorando desconsoladamente.

Pasan los minutos y la niña y Swan siguen abrazadas. Por su sudoración intensa, el temblor de todo su cuerpo y su respiración rápida, es evidente que esa niña sufre una crisis de pánico o de angustia, agravado por un sentimiento de abandono y de soledad.

Mientras Swan hace su trabajo terapéutico, Perla y yo nos lanzamos montaña abajo ladrando con potencia para llamar la atención. Apenas hay vegetación y ya no  vemos ni rastro de la excursión escolar. Por suerte, un chico de color está retrocediendo. Hace calor y se ha sacado el jersey, que se ha dejado olvidado en un descanso junto a una de las varias capillas que hay en esta zona, correspondientes al camino de romería que lleva a la ermita de Santa Caterina. Mas abajo dos niñas se han detenido al oír los ladridos. El chico de color recoge su jersey y, con nuestros movimientos y ladridos, conseguimos que mire hacia arriba. Desde aquí se puede ver a la niña, con Swan y nuestra familia, que están bajando muy despacio. La niña lleva una camiseta verde chillón y el chico la reconoce. Llama a las dos chicas para que esperen. Ellas deciden subir, asombradas de que su amiga se haya quedado atrás.

La niña de la camiseta verde chillón, para nosotras “la niña del Montgrí”, se abraza a sus amigas, ya más tranquila.

-          ¿Qué te ha pasado? -le pregunta la más alta.
-          Me he mareado y me he sentado un momento. Luego he querido bajar recto y me he caído. Entonces os he perdido de vista y me he puesto muy nerviosa. Me he quedado agarrotada, me he asustado mucho y me he puesto a llorar, hasta que ellos me han encontrado.

“Ellos” somos nosotras, sobre todo Swan, a quien se vuelve a abrazar y le da unos besos de despedida. Las tres chicas y el chico de color continúan el descenso. Nosotras nos sentamos y bebemos agua de la mochila.
 
El descenso del castillo por la otra vertiente
Llegamos al coche e iniciamos el viaje de regreso hacia casa. Hoy tenemos unas sensaciones muy extrañas. Todo ha sucedido muy rápido y apenas notamos el cansancio físico habitual.

-          Podía haber sucedido una gran desgracia –exclama Perla
-          Alguien ha cometido una gran irresponsabilidad. Algún profesor hoy no ha cumplido con su obligación. No se puede salir de excursión con un grupo de niños y no controlarlos.
-          Tienes razón, Nina. Si a nosotras, nuestra familia, siempre nos piden que no nos alejemos, ¿cómo es posible que un grupo de niños vayan tan descontrolados?
-          ¿Qué pensarán los padres, si se enteran del peligro que han corrido sus hijos? ¿Acaso los profesores han pedido permiso a los padres de todos y cada uno de esos menores para que sus hijos estén en una situación de peligro, cuando deberían estar cuidados y vigilados?

Algunos humanos se han equivocado, pero, al menos, los collies hemos cumplido y Swan ha podido poner en práctica todas sus habilidades. Las personas utilizan diferentes formas de abrazos y hasta llevan nombre,  como el “abrazo de oso”. Yo hoy quiero reivindicar el “abrazo de collie”, ese abrazo de Swan que ha salvado a la “niña del Montgrí”

-          ¿Cómo lo has hecho Swan?
-          Cuando lamí sus lágrimas, noté un gusto muy salado. Estaban mezcladas con sudor de miedo, de tensión, de ansiedad. Esta niña necesita un abrazo que le aporte ternura, afecto, cariño -pensé. Le puse mi pata derecha en su espalda y con la izquierda la invitaba a que me abrazara. Utilicé toda mi energía positiva para activar sus endorfinas y aliviar la ansiedad. Mis buenas vibraciones alejaron el sentimiento de soledad y la ayudaron a superar el miedo.

¡Cuánto silencio acompañó aquel abrazo! y ¡cuánto transmitió a través del mismo! ¡Swan, infinita ternura!  Porque Swan es así. Su llegada a la manada nos aportó a todos una gran dosis de delicadeza, suavidad, dulzura. Es todo amor. Cualquier ser humano es su debilidad, pero con los niños se derrite.

Estamos ya llegando a casa y Perla le pregunta a Swan:

-          ¿Por qué eres tan así?
-          Mira, Perla. Los dos primeros meses de mi vida, hubo una niña que, junto con mi madre, me cuidó muy bien. Yo siempre le estaré agradecida porque, sin darse cuenta, ella me inculcó unos valores que ahora van apareciendo.

Con Swan somos muy amigas y me ha contado muchas cosas de esa niña de su infancia. De collie bien nacido es ser agradecido. Swan es muy especial. Gracias, Nazaret. 


viernes, 7 de marzo de 2014

COMER PLACENTA

Haila y Nina, amigas y confidentes.

Mi amiga Haila ya se ha reincorporado de nuevo a la manada. Sus cachorros pronto partirán hacia sus nuevos hogares y durante el día los deja solos para que se acostumbren a su ausencia. 

Hoy el día es primaveral y nos hemos tumbado en la sombra del “prunus”, ya totalmente florecido. Haila solo tiene un tema para hablar: sus “niños”, de los que se siente muy orgullosa.

-          ¿Sabes, Nina? Yo he parido sin la ayuda de mi madre ni de mi abuela. No las tengo cerca, como tú. Nadie me ha dado ningún consejo de cómo debía de actuar.
-          Y lo has hecho muy bien, Haila. Yo, cuando estaba preñada, le pregunté a mi madre. Y sabes qué me dijo: “Tú no te preocupes que en cada momento sabrás lo que hay que hacer…” A eso se le llama instinto.

El instinto es una pauta hereditaria de comportamiento. En todos los animales se dan un conjunto de pautas de reacción que se conoce como instinto. Sus patrones son iguales en los individuos de la misma especie. Por eso hay determinadas cosas que los collies no hemos tenido que aprender, como el instinto de búsqueda y succión del pezón materno, o el instinto sexual, o el instinto de comer las placentas...

-          Oh, sí, las placentas. Yo me las comí las ocho.
-       Yo, no. Cuando nació mi primer cachorro me emocioné mucho y estuve tan pendiente de él, que cuando reaccioné, la placenta ya estaba fría y no me la comí. Las siguientes sí que me las comí, bien calentitas.

Hablando de comer la placenta, recuerdo que me sorprendió mucho el titular que leí, el pasado verano, en el periódico “El País”:

 “Placentofagia: la nueva moda de las celebridades tras dar a luz. Muchas famosas confían en que esta técnica las rejuvenecerá”.

Como no comprendía bien, busqué el significado de Placentofagia: “Acto, frecuente entre los mamíferos, de comer la placenta después del parto”.

Pero mi perplejidad fue total cuando leí el artículo de Inés González “La moda de comer placenta después del parto”, publicado el 30/01/14 en "Hola Doctor", donde decía:

“Cada vez más mujeres deciden comer este tejido después de dar a luz, una idea que está haciéndose popular en EE.UU. y Europa. Ya hay empresas que se dedican a elaborar platos con este ingrediente, y a comienzo de año un estado ha aprobado una ley pionera sobre el tema. ¿Moda pasajera o práctica saludable?"

Ahora me entero que comer la placenta, un proceso natural para nosotras, las collies, no lo es para la mayoría de las humanas.

¿Por qué las collies nos comemos las placentas?

Por varios motivos:
-          Somos descendientes de los lobos, y las lobas, al parir, no podían dejar rastro para los depredadores, así que se lo comían todo. De ahí nuestro instinto para mantener siempre limpio el “nido”.
-          La placenta es un rico alimento que nos permite estar dos o tres días sin comer y, por su gran poder de estreñimiento, sin defecar. Ello nos ayuda a no tener que salir del “nido” y dedicarnos por entero a nuestros cachorros en esas horas vitales posteriores al parto.
-          Comer las placentas restaura la energía tras el esfuerzo del parto y
nos aporta hierro, minerales y vitaminas.
-          Ayuda al útero a contraerse a su tamaño original y reduce el sangrado postparto.
-    Las placentas contienen pequeñas cantidades de oxitocina, que calma el estrés del parto y, al comerlas, puede aumentar la cantidad de leche y mejorar la calidad de la misma.

Me cuentan que la placenta, tan sólo con mencionarla, nos lleva a un territorio desconocido para muchos humanos. Para ellos no es común haber visto una placenta, incluso para una mujer que acaba de dar a luz es poco probable que le hayan mostrado su placenta.

Aunque la placenta es reverenciada en muchas culturas, muy pocas acostumbran comerla. Los que apoyan esta práctica en humanos argumentan que comer la placenta ayuda a prevenir la depresión postparto y otras complicaciones. Dicen que la placenta humana sabe muy parecida a la carne de ternera y que existe una gran variedad de recetas para comerla.
Una práctica común en el norte de California y en el Reino Unido es dar una fiesta después del parto, llamada Placenta Party. En esta celebración, la madre o alguien que ella designe prepara una comida usando la placenta. Se cree que esta carne tiene poder o energía para compartir con los amigos y seres queridos.


(Fuente: Wikipedia)

lunes, 17 de febrero de 2014

¿SENTIMOS DOLOR LOS COLLIES?

El dolor es una experiencia sensorial y emocional (subjetiva),
generalmente desagradable,
que pueden experimentar todos aquellos seres vivos
que disponen de un sistema nervioso central.
(Wikipedia)


Hoy he estado con Haila y sus cachorros. Ya tienen más de un mes y he podido jugar con ellos y darles algún revolcón. Cuando se han cansado, se han amontonado y se han quedado dormidos. Entonces Haila me ha dicho:

-          Háblame del dolor.
-          ¿Por qué? ¿Sufriste mucho con el parto?
-          No, todo fue bien y rápido. Pero es que Enate me asustó cuando me dijo que ella había sufrido mucho en todos los partos.
-          Sí, mi madre también lo pasó mal en su primer parto. Pero en los siguientes ya no, porque nuestra familia humana recurrió a un tratamiento homeopático, sin efectos secundarios. A mí también me fue muy bien y tuve un parto plácido.
-          ¿Te refieres a unos gránulos pequeñitos de color blanco? Sí me dieron los 10 días anteriores al parto. Aunque lo peor para mí fue el exceso de leche. Aún siendo ocho cachorros para mamar, hacia los 15 días, no me succionaban toda la leche que producía y algunas mamas se me endurecieron y me causaban mucho dolor. Mi familia tuvo que forzarme para vaciar la leche. Ahora ya estoy bien y maman sin  dolor.



¿Sentimos dolor los collies?
Claro que sentimos dolor. Las mismas causas que provocan dolor en los humanos, nos pueden producir dolor a los collies: cirugía, fracturas, tumores, artritis... Lo que yo no sé, es si es el mismo grado de dolor que experimentan los humanos.

Para los collies, el dolor es una experiencia muy individual. Así, un collie puede expresar su dolor de una determinada manera o puede tener un dolor más intenso que otro collie en sus mismas condiciones.

Hablando de este tema con el resto de la manada, los “recuerdos” sobre el dolor son dispares. Dos de las cinco hembras que han sido sometidas a una ovariohisterectomía, el procedimiento quirúrgico para extirpar el útero y los ovarios, experimentaron un gran dolor de 24 a 48 h post cirugía.  Las otras tres, apenas lo recuerdan. ¿Por qué? ¿Es que no recibieron el mismo protocolo de tratamiento del dolor?

Yo estoy muy contenta porque las nuevas generaciones de veterinarios están cada vez más concienciadas sobre el tratamiento del dolor. Y debemos confiar en ellos. Nuestras familias humanas deberían  evitar la automedicación, sobre todo si se practica con medicamentos de personas. La automedicación es una de las principales causas de intoxicación en los perros. El veterinario es quien debe determinar el tratamiento más adecuado para tratar el dolor del perro. Actualmente los veterinarios disponen de una amplia variedad de drogas, protocolos y modalidades que pueden aliviar el dolor.

Hasta hace poco, existía la teoría de que los animales no sentíamos el dolor de la misma forma que los humanos. Durante siglos, las manifestaciones de dolor que se observaban en una cirugía, por ejemplo, se atribuían a reflejos musculares descontrolados o a respuestas nerviosas. Solo en las últimas décadas del siglo XX se empezó a reconocer que los animales podemos tener experiencias dolorosas.

A principios del siglo XXI, casi todos los veterinarios se han puesto al día y saben que las intervenciones que son dolorosas para los seres humanos también lo serán para los animales. La mayoría avalan ya la opinión de que por su semejanza, los animales, aunque carezcamos de la posibilidad de comunicar verbalmente la experiencia de dolor, sufrimos igual que los humanos frente a un estímulo doloroso. Y reconocer el comportamiento del dolor es una de las más importantes funciones del veterinario, porque no todos los animales lo expresamos de igual forma.

En la actualidad los veterinarios cuentan con nuevas drogas, más efectivas y seguras para el tratamiento de enfermedades con gran componente de dolor, lo que les permite brindarnos a los animales una mejor atención veterinaria y una mayor calidad de vida.



Es muy importante la colaboración estrecha entre la familia humana y el veterinario para poder identificar si tenemos dolor y tratar de definir el grado de dolor o incomodidad que estamos sufriendo, para poner en práctica el adecuado protocolo de tratamiento del dolor de manera individual. Y es de vital importancia que los dueños se ajusten estrictamente a la dosis y horario prescrito por el veterinario.

Los collies, aunque no seamos capaces de verbalizar el dolor como una persona, disponemos de muchos canales comunicativos para expresar que sentimos dolor y nuestra familia humana debe estar atenta. Algunas de las situaciones que nos producen dolor son las enfermedades de las articulaciones, como la artritis, y los procesos postoperatorios de las cirugías practicadas por la fractura de huesos, extirpación de tumores o esterilización.

Ante cualquier sospecha de que sufrimos dolor, hay que consultar al veterinario. Paliar ese dolor incide en una mejora de nuestra calidad de vida y bienestar. Es responsabilidad de nuestra familia humana evitar el dolor. Sería un error muy grave pensar que el dolor es un mal menor y algo transitorio, que superaremos sin ayuda, ya que los collies no nos quejamos.

Éstos son algunos de los signos físicos y de comportamiento en un collie, posiblemente provocados por el dolor: Inusualmente tranquilo, apático, inquieto o no responde; quejarse, gemir o aullar; lamer con insistencia una parte particular del cuerpo; actuación fuera de su carácter normal, ya sea agresiva o sumisa; orejas aplastadas contra la cabeza; dificultad para dormir o comer; buscar afecto más que de costumbre.
 
CAP con sus achaques propios de la edad, acompañado por su joven nieta SWAN

Nina, ¿y ahora por qué no hablas de los achaques? – me increpa Cap desde el suelo, mientras está tomando el sol junto a Swan.

“Achaque”: Molestia pequeña pero frecuente provocada por una enfermedad o por la edad. Indisposición o enfermedad habitual, especialmente las que acompañan a la vejez.

Los collies viejos, que empiezan a desarrollar artrosis, pueden presentar diversos grados de dolor que les impide estar juguetones o salir disparados como yo ante cualquier incidencia.  Ellos simplemente se vuelven más lentos para levantarse y menos dispuestos a participar en las actividades normales que solían disfrutar. Cap, 12 años, a eso le llama achaques.

Los collies con “achaques” pueden manifestar cambios muy sutiles en su comportamiento que pueden ser difíciles de identificar. Como el collie que solía cazar la pelota veinte veces y ahora sólo va por ella tres veces y se recuesta de inmediato. O como aquel collie muy sociable y bueno con los niños, que sin embargo ahora "sin razón aparente" se muestra gruñón con ellos cuando corren a su alrededor.

“Todo el equipo de un centro veterinario ha de estar totalmente concienciado de que debe proponer soluciones al dolor, ha de ser sensible al dolor del animal y a las sensaciones siempre negativas que el dolor produce en el propietario del animal o en su entorno.
En el siglo XXI ningún ser vivo tiene por qué sufrir, pues tenemos en nuestras manos, o deberíamos tener, los medios necesarios para evitarlo. El dolor existe y existirá. Dolor intrínseco a la dolencia o patología, pero hemos de combatirlo, minimizarlo y luchar siempre por eliminarlo totalmente. Hay que actuar y pensar de una forma multidisciplinar para combatirlo, y no despreciar, por prepotencia o por ignorancia, ninguna terapia ni tratamiento para combatir el dolor”.
(Alexandre Tarragó, miembro del Instituto Veterinario de Ortopedia y Traumatología)


martes, 21 de enero de 2014

EL COLLIE Y LAS MUJERES


Last es un collie guapo y sociable. Todo el mundo se quiere sentar a su lado en las fiestas. Tiene la habilidad de mezclarse con las mujeres en las reuniones, presentaciones o encuentros informales que organiza su dueña. Es el anfitrión ideal de esas fiestas, porque nunca se olvida de dar las gracias al personal y siempre se puede contar con él para flirtear con la mujer solitaria de la esquina. ¿Flirtear? ¿Se puede describir a un collie diciendo que flirtea o que liga? Yo le conozco muy bien y puedo asegurar que Last adora a todo el mundo, pero ama a las mujeres más que a los hombres y siempre escoge sentarse a su lado y encantarlas, meneando la cabeza, con la cara llena de felicidad, con ojos chispeantes y una de sus patas en su regazo.

Puede que existan otros collies como Last, sean macho o hembra, que sientan una cierta predilección por las mujeres. Tal vez, pero ¿y a la inversa? ¿Cómo se comporta una mujer ante un collie?

Claudia, observando a Last, le explicaba a su amiga en esa misma fiesta: “Recuerdo la llegada de mi collie a casa. Me obsesionaba cada movimiento suyo y lo observaba con admiración mientras se lamía las patas y ronroneaba de comodidad y satisfacción cuando nos acurrucábamos juntos en el sofá”.



Hay muchísimas mujeres que sienten admiración por su collie, porque les aporta una felicidad única que no se encuentra en otras relaciones. Es un amor especial, una sensación intensa de afecto tierno y compasión, de alegría pura y consuelo cálido.

Mi abuela Jolie ha estado investigando y me ha dicho que de los collies registrados en el LOE en los últimos 10 años, el 58% figuran inscritos a nombre de mujeres. Y por lo que observo, si añadimos los collies no registrados, que son muchos, ese tanto por ciento de mujeres propietarias de un collie aumentaría bastante.

Un estudio realizado en los Estados Unidos revela que aproximadamente el 10% de las mujeres prefieren a sus perros antes que a su pareja y, alrededor de un tercio de las encuestadas, sienten el mismo nivel de afecto hacia sus mascotas que el amor que sienten por su pareja.
La encuesta realizada a 2.000 mujeres y publicada en el periódico británico The Telegraph también confirmó que más de la mitad de las entrevistadas se consuelan con la compañía de sus mascotas después de una pelea con su pareja. Y otro 39% admitió buscar el afecto de los animales cuando se sienten ignoradas por sus parejas.
Según la encuesta, la principal razón por la que las mujeres dedicarían mucho amor a su perro se relaciona principalmente con el tipo de relación que tienen con sus animales. La personalidad dócil y el hecho de que los perros son compañeros muy leales, son los factores que influyen en este comportamiento. Además, el perro ayuda a aliviar el estrés y las frustraciones.
Factores como estos muestran la profundidad de la relación entre las mujeres y sus perros, y complementan otros estudios que tratan sobre esta relación, entre ellos uno que muestra que los perros actúan de forma diferente cuando pasean con mujeres o con hombres.



John Katz, en The New Work of Dogs, cuenta la historia de un hombre que amaba a su perro porque era el único individuo con el cual no tenía que hablar. Katz sospecha que los hombres muchas veces aman a los perros porque los perros nunca les piden que hablen de sus sentimientos. Las mujeres, en cambio, aman tanto a los perros, sugiere Katz, porque los ven como un gran apoyo.

“Yo creo –explicaba Claudia, que la percepción que tengo de mi collie como un apoyo aumenta por su incapacidad de decirme que me calle la boca cuando hablo demasiado”

El hecho es que algunos collies seguramente damos amor incondicional, pero no todos los collies, ni a cada minuto del día. Simplemente da esa sensación dada nuestra expresividad, nuestra alegría infantil y, como explica Claudia, nuestra incapacidad de explicarnos con palabras.

También existe alguna “loca” como Meghan Lodge, defensora de los animales, que escribió un artículo titulado 'Yo amo a mi perro más que a mi marido', donde dice:
“Mi marido lo ha sospechado durante mucho tiempo. Francamente, yo lo he negado los últimos dos años. Es la hora de decir la verdad: yo amo a mi perro más de lo que amo a mi marido. No me malinterpreten, no estoy "enamorada" de mi perro. Simplemente me encanta. Demasiado. Amo a mi esposo, también, pero mi perro Axle es el único capaz de escuchar atentamente todas mis historias, sin importar lo tontas y extensas que sean. Él conoce todos mis secretos y me ama igual...”

Ya más en serio, Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud, comentaba recientemente:
"Normalmente, lo que valoras más de una persona es la fidelidad y la confidencialidad. Son aspectos muy importantes. Eso es lo que hace que, de una manera inconsciente seguramente, hablemos de cosas privadas con nuestro perro, porque sabemos que nos quiere, que nos es fiel y que, además, nos guardará el secreto"



Es cierto que los collies proporcionamos amor incondicional o aprecio positivo sin juzgar a las personas. Nuestra naturaleza alegre y cariñosa os proporciona a todos, hombres y mujeres, una pureza de emoción difícil de encontrar en otros lugares.

Tal vez el amor de las mujeres por los collies,  sea demasiado complejo para explicarlo sólo con un factor. Parece más probable que el vínculo especial que mantenemos collies y mujeres, sea el resultado de una combinación de cosas, dejémoslo así, reunidas en una “tormenta perfecta” de amor y devoción.

(Gracias por cedernos las fotografías, que son propiedad de Chiara, Beatriz y Thereliz)



lunes, 30 de diciembre de 2013

CAMPANADAS DE MEDIANOCHE


El año 2013 se nos va. Los humanos que conozco dicen que no ha sido un buen año. Dicen que el paro sigue siendo un azote para la sociedad y que han continuado los recortes en todo lo recortable: salud, educación, ciencia, dependencia y pensiones.

No son buenos tiempos para casi nadie, pero es muy triste para un collie, que sentimos una gran debilidad por los niños, escuchar que son muchos los que lo están pasando mal. Vivo en un país del primer mundo, donde millones de niños pasan hambre y frío, y eso, señores que mandan aquí, allí, bajo cualquier sigla y en cualquier Comunidad Autónoma, es una ignominia que no debería dejarles dormir por las noches.



Pero a pesar de tanta corrupción e ineptitud de los que gobiernan este país, yo no quiero escribir un post para la desesperanza. Mi mundo, pequeño pero mío, es hoy más rico que hace un año, gracias al corazón de quienes tanto pusieron a cambio de nada.

Continúan cerca de mí los que siempre están, collies y humanos. Y se han añadido entrañables personas nuevas que me reconcilian con este mundo humano tan difícil de entender.

Porque el mundo de los humanos es injusto muchas veces, demasiadas. Pero aún así, las collies soñadoras sólo sabemos soñar y creer que la utopía es posible, aún en la mayor de las desesperanzas. Porque sin sueños la vida no tiene ningún sentido. Por ello, para el 2014, voy a hacer caso a mi abuela Jolie: Sueña lo que tú quieras soñar. Ve a donde tú quieras ir. Sé lo que tú quieras ser. Porque sólo tienes una vida y una oportunidad, para hacer todas las cosas que quieres hacer”.
 
El campanario de la iglesia del pueblo. Estas son las campanas que darán la bienvenida al 2014

Este año, para las campanadas de medianoche, abandonaré mi habitual lugar bajo el abeto y me tumbaré en medio del prado, mirando al cielo. No tomaré las doce uvas, yo contaré estrellas. Sé que habrán fuegos artificiales, pero no me impedirán seguir contando. El firmamento es muy grande y se ve desde todas partes. A través del brillo de las estrellas os envío a todos mis mejores deseos y las vibraciones más positivas para el 2014. Que seamos capaces de encontrar el camino y que no nos falte valor, corazón e inteligencia. Y cuando las campanas dejen de sonar en el campanario del pueblo, yo seguiré contando estrellas hasta el amanecer para coincidir con los collies y personas del otro lado del océano, con horario diferente. A esa hora, a algunas estrellas ya les habré puesto nombre. Buscad las que cumplan mejor vuestras expectativas: “Ilusión”, “Amor”, “Trabajo”, “Salud”, “Energía”, “Paz”, “Tolerancia”, “Alegría”, “Romanticismo”, “Libertad”, “Sueños”, “Proyectos”, “Esperanzas”, “Miradas”, “Besos”, “Sonrisas”, “Momentos”…

Por mucho que lo he intentado, mis patas no pueden sujetar la copa para brindar, pero la vida de un collie es un amor muy grande y os puedo estrechar a todos en un abrazo y desearos un Gran Año 2014




viernes, 13 de diciembre de 2013

NAVIDAD: “NO COMPRES ESE PERRO”

 


NO COMPRES ESE PERRO


No seas imbécil. Ni desaprensivo. No hagas posible que dentro de unos meses algunos te mentemos a la madre al cruzarnos con el resultado de tu indiferencia y tu estupidez. Piénsalo mucho antes de dar el paso irreversible; de complicarte una vida que luego pretenderás solucionar por el camino más fácil. Aún puedes evitarlo. Impedir que te despreciemos, e incluso despreciarte a ti mismo cuando te mires en el espejo. Ya sé, de todas formas, que el autodesprecio es relativo. Tarde o temprano, hasta con las mayores atrocidades en la mochila, siempre nos las apañamos para ingeniar coartadas, justificaciones. Conozco a pocos que, hagan lo que hagan -desde faenas elementales hasta cargarse al prójimo-, no acaben durmiendo a pierna suelta tras unos pocos ejercicios de terapia personal. Aun así, permite que te lo explique antes de que ocurra, primero, y después se te olvide. Resumiendo: intenta no convertirte, innecesariamente, en un hijo de la gran puta.

Sé que tus niños quieren un perro. Que les hace una ilusión enorme y te dan la matraca desde hace mucho. Que tu hija, por ejemplo, te hace babear cuando te abraza y pide una mascota. O que te acabas de separar de tu legítima, y crees que regalándole al crío un animal, y paseando con él los fines de semana, podrás recuperar el terreno perdido, o no perderlo en el futuro. Hay mil razones, supongo. Un montón de circunstancias por las que has pensado comprar un perro estos días, para tus hijos. O para tu mujer. Tal vez para ti mismo. Un perro en casa, por Navidad.

Déjame contarte, porque de eso sé algo. He tenido cinco perros, así que calcula. Y no hay nada en el mundo como ellos. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. He dicho muchas veces que ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando uno de nosotros muere, no se pierde gran cosa. La vida me dio esa certeza. Pero cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio.

Es muy posible, naturalmente, que aciertes. Que, tras pensarlo bien, tomes la decisión y asumas las consecuencias con feliz resultado. Que comprar un perro para tus hijos, para tu mujer o para ti sea un acierto. Que su compañía cambie vuestra vida para bien. Que os haga más conscientes de ciertas cosas. A menudo, un perro acaba haciéndote mejor persona. Te hace sentir cosas que antes no sentías. Sin embargo, no siempre es así. Un perro en el lugar inadecuado puede volverse un drama. Una incomodidad para ti y los tuyos. Y una tragedia para él.

 
Permíteme imaginar lo que podría ocurrir. Que vayas a la tienda, elijas a un perrito delicioso, y eso te valga gritos de alegría y besos familiares. No hay nada tan simpático como un cachorrillo. Al principio todo serán incidentes graciosos y situaciones tiernas. Luego, si vives en piso pequeño o lugar inadecuado, las cosas pueden ser diferentes. Un perro exige cuidados, gastos, paseos, limpieza, comida. No aparece y desaparece cuando conviene. Es un miembro de la familia con derechos y necesidades, que exige pensar en él cuando se planean vacaciones, e incluso una simple salida al cine o a un restaurante. A eso añádele la educación. Un perro mal educado puede convertirse en una pesadilla familiar y social. Además, cada uno, como las personas, tiene su carácter. Punto de vista y maneras. Eso exige un respeto que no todos los humanos somos capaces de comprender.

A estas alturas, sabes dónde voy a parar. Si eres de esa materia miserable de la que estamos hechos buena parte de los seres humanos, acabarás abandonándolo. Un viaje en coche a un campo lejano, una gasolinera, una cuneta. Abrir la puerta para que baje y seguir tu camino, acelerando sin atender los ladridos del chucho que correrá tras el automóvil hasta quedar exhausto, desorientado, incapaz de comprender que su mundo acaba de romperse para siempre. El resto no hace falta que lo detalle, pues lo sabes de sobra: él nunca lo haría, y todo eso. Los niños preguntando dónde está el perrito, papi, y tú oyendo aún esos ladridos que dejabas atrás. Avergonzado de ti mismo, o tal vez no. Ya dije antes que un rasgo del perfecto hijo de puta es arreglárselas para que sus actos acaben por no avergonzarlo en absoluto. Así que voy a pedirte un favor. Por ti, por mí, por tus hijos. Antes de ir a la tienda de mascotas esta Navidad, mírate al espejo. Y si no te convence lo que ves, mejor les compras un peluche.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

HUMANIZAR AL COLLIE


Mi hermano Ghost tiene muchas amigas y amigos humanos. Una de estas personas es María José, de quien siempre me cuenta maravillas. La conoció en Perú, aunque ahora ella se ha trasladado a vivir a Chile con JP, Ama y su collie Cocó.  Un día Ghost me dijo que leyera un comentario de María José en su Facebook:

“Veo en Cocó un amor que desborda por cada poro. Cuando me mira nos entendemos, es dulce, suave, calmada, sabia.
Cocó y yo nos fusionamos, ella es un miembro más de mi familia. No la veo como “hija”, ni “hermana de mi hija”, ella es un perro. Pero nuestras mascotas son parte de nuestra familia, otra especie, pero parte de ella y tan importantes como cualquier otro miembro. Pienso que al verla como hija, le haría mas daño que bien. Nosotros debemos entender que los collies tienen necesidades distintas a las nuestras, como salir a caminar sin importar el tamaño de nuestra casa, esto por un asunto de que ellos viven en manadas y toda manada necesita un líder. Esto a la larga les ayuda a sentir que estamos acá para cuidarlos y protegerlos. Su psicología es distinta a la nuestra, no saco nada con decirle amablemente “mi amorcito linda preciosa, no vuelva a hacer pis ahí”. Eso es humanizarla, cuando es primordial recordar que primero son perro, luego collie y después “Cocó”. Sus madres no hacen eso cuando ellos se portan mal. Pero también, al ser miembro de esta familia, le doy el mismo interés a su salud, alimentación, educación y felicidad que le dedico a cualquier otro miembro. Me doy cuenta cuando no se siente bien y vivo su malestar junto con ella, igualmente cuando ella está feliz, me hace inmensamente feliz a mi también…”



Hay personas que tienen tendencia a atribuir actitudes humanas a algunos animales. Los perros somos de los animales a quien más se nos ha humanizado y no somos seres humanos. El ver y tratar a un collie como un ser humano es uno de los errores más frecuentes que cometen las personas al relacionarse con nosotros.
Es una equivocación tratarnos como si fuéramos personas y ello podría derivar en problemas de convivencia. En muchos aspectos, tenemos necesidades distintas a las humanas. Aunque también es cierto, que en otras facetas, nos parecemos más a las personas de lo que creéis. La actitud correcta que debéis tomar los humanos es ser conscientes de las diferencias y semejanzas, para poder tolerar, respetar y disfrutar de la convivencia con nosotros.

¿Cómo podéis tratarnos como parte de vuestra familia sin humanizarnos? Pues bien, no es tan complicado. Para nosotros, los humanos no sois más que perros muy feos que camináis a dos patas todo el tiempo. Así que está en vuestras manos comprender el comportamiento canino para mantener una mejor relación con nosotros.

El hombre suele tener un ligero o gran complejo de rey de la naturaleza. Todo debe ser a su conveniencia, todo debe adaptarse a sus necesidades y todo tiene explicación, siempre desde su punto de vista. En relación al collie, suele pretender convertirnos en un ser a su imagen y semejanza humana, pero sin sus defectos y con todas las virtudes. Nos exige la perfección, que no tengamos el más mínimo fallo y que no causemos el menor conflicto.

Aunque consiguiéramos ser un “perro perfecto”, nunca seremos “humanos”. Los collies necesitamos que las personas comprendáis que somos perros y que no nacemos leyendo vuestra mente o entendiendo lo que queréis. Nuestros procesos de pensamiento son diferentes a los humanos. Y, a diferencia de vosotros, siempre vivimos en el presente, por lo cual no podéis esperar que pensemos en otros momentos. Carecemos de moral, no entendemos de maldad o bondad. Tampoco podemos desplazarnos mentalmente atrás en el tiempo ni pensar en abstracto.

 
Somos “animales sociales” como los humanos, pero los perros necesitamos una buena educación desde cachorros. Es muy importante y, para lograrlo, hay que tener en cuenta que no pensamos como vosotros, y no somos un niño. Uno más en la familia. Sí somos uno más, pero diferentes, con sus ventajas y sus inconvenientes. Con el tiempo y mucha paciencia, podéis llegar a conocer cómo sentimos y actuamos, y lograr una buena comunicación y entendimiento.

Son muchas las personas que aman a los perros, que nos consideran como amigos y familia, que quieren saber lo que nos pasa por la cabeza, igual que en las relaciones que mantienen con otras personas. Pero no necesitáis pensar en nosotros como “personitas peludas” para querer entender en qué medida nuestra vida emocional se parece a la vuestra. Debéis olvidar la idea de que vivís con humanos peludos, que no sabemos hablar y que andamos a cuatro patas. Hay que encontrar el equilibrio. Si asumís y respetáis que los collies somos perros, las diferencias existentes enriquecerán nuestra relación y la convivencia será satisfactoria y sin problemas.