domingo, 14 de febrero de 2016

ENTRE “E-BOOKS” Y LIBROS VIEJOS: DESCUBRIENDO A DARWIN

Era un día frío. Fui a visitar a Xaloc en su casa de Calonge. Estaban reunidos toda la familia y los nietos disfrutaban jugando con Xaloc.

Al caer la tarde, todos los niños fueron a la biblioteca. Era la hora en que sus padres les dejaban usar la tablet. Xaloc me contó que aquí los niños tienen un límite de 2 horas al día para usar el ordenador, los videojuegos, la tablet… y aparatos que requieren ver una pantalla. Su abuelo, médico jubilado, sostiene que “No sólo el exceso de uso puede cansar la vista, sino que se ha demostrado que disminuyen los niveles de actividad física. Y eso es muy negativo porque hay mucha obesidad infantil, y hay que recordar que los niños necesitan jugar no sólo con su mente sino también con sus cuerpos”. De activar el cuerpo de estos niños ya se había cuidado Xaloc durante todo el día…

Cuando se hizo el silencio, Xaloc me dijo: “sígueme”. Pasamos discretamente por el salón, dónde estaban los padres de los niños, unos charlando y alguno leyendo un libro de esos modernos, sin hojas, que creo que llaman “e-book”. Xaloc me hizo subir por una escalera de piedra, a la parte alta de la biblioteca, donde están los libros antiguos. Los niños quedaron en la misma biblioteca, un piso más abajo, en la parte más moderna e iluminada.


Mientras contemplaba los libros viejos y sucios de las grandes estanterías, Xaloc se subió al sillón. No era la primera vez que lo hacía. Entonces, con su pata, hizo caer encima de la mesa un libro que parecía tener muchos años de antigüedad. Me acerqué y empecé a leer el título. Se titulaba: “DARWIN, EL ORIGEN DEL HOMBRE Y LA SELECCION EN RELACION AL SEXO” (Tomo Primero).

El libro se lee fenomenal porque está lleno de información muy variada y unas ilustraciones detalladas, como haría un buen ilustrador naturalista. El problema para un collie es que no podemos pasar las hojas con los dedos y lo hemos de hacer con la lengua.

Se trata de un libro sobre la teoría de la evolución del científico y naturalista Charles Darwin. En este libro, Darwin aplica la teoría de la evolución de la selección natural a la evolución humana y aborda muchos otros aspectos sobre psicología evolutiva, ética evolutiva, etc. Pero lo que más me sorprendió son sus opiniones sobre el perro:


“Bien patente es el amor que siente el perro por su dueño. Como dice un antiguo escritor, el perro es el único ser viviente del mundo que aprecia al hombre más de lo que se aprecia a sí mismo. Aún estando en la agonía de la muerte se ha visto tener a los perros una caricia para sus amos; y bien conocido es el caso del perro sometido a vivisección que entre los dolores que padecía lamía la mano del operador...” 

“La mayor parte de las emociones más complejas son comunes en nosotros y en los animales superiores. No hay quien haya dejado de apreciar los celos del perro cuando su amo pone afecto en cualquiera otra criatura. He observado en los monos la misma particularidad. Esto demuestra que los animales no solamente aman: desean ser amados. Los animales sienten manifiestamente la emulación: les gusta la aprobación y la alabanza, en tal forma que el perro que lleva en la boca el cesto o la bandeja de su amo muestra en alto grado el orgullo y la propia satisfacción. No puede dudarse que el perro siente vergüenza, bien distinta del temor, aunque muy parecida a la timidez, cuando tiene que mendigar repetidamente su alimento.” 

“Es muy notable el hecho de que el perro, desde que se ha domesticado, ha aprendido a ladrar en cuatro o cinco diferentes tonos, si no más”. 

“El afecto de un hombre por su perro es distinto de la simpatía, como lo es también el afecto del perro por su amo”. 

¡Qué gran observador este Darwin! Pero no pudimos seguir investigando por más tiempo. Mi familia me llamaba para regresar a nuestra casa. Es una lástima porque me gusta ese ligero tufillo rancio de los libros viejos. El olor a libro viejo resulta atractivo porque me recuerda al aroma de la vainilla. Me pregunto a qué olerá un “e-book”.

Al pasar por el salón son ya varias las personas que están leyendo y yo no huelo nada, ni a libro nuevo ni a libro viejo. Todo ese componente físico que he experimentado en la biblioteca ha desaparecido con el “e-book”, el libro electrónico, que están leyendo los padres de los niños. Es un rectángulo de plástico negro y cristal, insulso y sin ningún atractivo. ¿Tan difícil es fabricar un “e-book” que desprenda ese olor a vainilla para contentar a los románticos? ¿O hacer el cristal rugoso para “sentir” pasar las hojas?

Creo que un “e-book” no tiene cabida en esta biblioteca, junto a tantos libros antiguos. Hoy he descubierto a Charles Darwin (¿estarán digitalizados los libros de Darwin para “e-book”?) y he podido constatar que una biblioteca es  un espacio mágico, lleno de historia y saber. Leer un libro es un viaje, una aventura, sumergirse en otros mundos, espiar otras historias, salir de lo cotidiano…



Ya de regreso a casa, estirada en el maletero del coche, pensando en el libro antiguo y en el “e-book”, me doy cuenta que todo está en constante cambio, incluidos algunos humanos que no son conscientes de ello, hasta que el cambio es tan evidente que ya no tienen más remedio que hacerle frente. He ido recordando a personas que se dedican a renegar del cambio, que protestan y rabian porque las cosas han dejado de ser como son. Y he recordado también a otras personas, por el contrario, que actúan como si nada hubiera cambiado, ajenas a todo cuanto ocurre a su alrededor. Cualquiera de estas dos actitudes es contraproducente, porque impiden la mejor actitud: adaptarse al cambio. Y no lo digo yo, una pobre collie, sino el personaje que hoy he descubierto en un libro antiguo, polvoriento y con olor a vainilla, Charles Darwin: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.


domingo, 10 de enero de 2016

EL SUEÑO DE UNA HUMANA


Acaba de ser publicado hoy mismo en la prensa. La humana es la periodista y escritora Rosa Montero. Con su permiso, copio literalmente su artículo.


TENGO UN SUEÑO

Sueño que un día no muy lejano, los humanos aceptemos la total continuidad orgánica que nos une con el resto de los animales y seamos capaces de actuar en consecuencia. Que respetemos sus derechos; que no los torturemos, esclavicemos y maltratemos atrozmente con ciego desdén a su dolor. Que comprendamos de una maldita vez que son seres sintientes y no objetos.

Tengo un sueño, el sueño de la hermandad animal. No viviré para verlo, pero sé que está cerca.
Dentro de unas décadas, nuestros hijos mirarán hacia atrás y se horrorizarán al ver cómo tratamos hoy a los animales, del mismo modo que hoy nos espantamos al recordar los desmanes de la esclavitud y de la segregación racial. Por eso he pedido prestadas las famosas palabras de Martin Luther King en aquella multitudinaria marcha de 1963. Seguro que ya hay lectores torciendo el gesto por mi osadía al unir la cuestión racial y el maltrato animal. Y sin embargo son problemas muy parecidos. En ambos casos son pura barbarie, ignorancia y rancios prejuicios. Los racistas que creen que un negro es inferior a ellos son como los energúmenos que piensan que un animal es una cosa con la que se puede cometer cualquier salvajada. O sea, seres profundamente incultos e incapaces de empatía. Por cierto, se ha demostrado que los maltratadores de animales lo son también de personas; según un importante estudio hecho en Escocia con psiquiatras, médicos de familia, asistentes sociales y policías, en el 86% de las mujeres maltratadas que tenían animales de compañía, la mascota también había sufrido daños; y de un 30% a un 88% de los tipos condenados por exhibicionismo, acoso, violación, abuso familiar y asesinato tenían antecedentes de maltrato animal. Y estamos hablando de antecedentes policiales, o sea, que debieron de ser especialmente brutales. A saber cuántos más quedaron en el anonimato. Deberíamos castigar con mucha más contundencia el abuso animal aunque sólo fuera para defendernos nosotros mismos de los violentos.

Pero es que no se trata sólo de autodefensa; es sobre todo una cuestión de ética, pura justicia elemental y desarrollo cívico. El progreso social pasó por la Declaración de los Derechos del Hombre del siglo XVIII; después, por la inclusión de la mujer en esos derechos; y ahora tendrá que pasar por el reconocimiento de los derechos de los demás seres vivos. Sólo así podremos crecer y progresar.

El mundo se está moviendo en esa dirección, impulsado sobre todo por los avances científicos, que echan por tierra nuestro etnocentrismo. En 2012, trece eminentes neurocientíficos de las más importantes instituciones del mundo firmaron en la Universidad de Cambridge, junto a Stephen Hawking, el llamado Manifiesto de Cambridge, en el que declaran que las investigaciones demuestran que los animales tienen conciencia. Y, hace un mes, una juez argentina ha reconocido el estatuto de persona no humana a una orangutana. En América hay varios procesos más parecidos en marcha, y también peticiones de habeas corpus. En España, como somos especialmente bárbaros y unos analfabetos, nos hemos puesto a hacer chistecitos con lo de persona no humana. Sin embargo, no nos parece nada raro que una empresa sea persona jurídica. La decisión de la juez argentina tan sólo indica que considera que la orangutana tiene derechos (que es lo mismo que sucede con las empresas).

El progreso social tendrá que pasar por el reconocimiento de los derechos de los demás seres vivos
Los otros animales poseen menos inteligencia que los humanos, obvio (del mismo modo que una medusa no es igual que un perro), pero, en sus diversos grados, tienen conciencia, sufren y son inteligentes, algunos inteligentísimos, como los grandes simios, con quienes nos separa tan sólo un 1% del genoma. Somos tan semejantes a los simios que incluso podemos intercambiar transfusiones con los chimpancés y los bonobos. Y la gorila Koko, que aprendió el lenguaje de signos y entiende y usa varios miles de palabras, puntúa entre 70 y 95 en nuestros exámenes de inteligencia, lo que quiere decir que, si fuera una persona, se la consideraría de aprendizaje lento, pero no retrasada. Pero no nos limitemos a los primates; los elefantes tienen ritos de muerte, los cuervos fabrican herramientas, una collie ha demostrado que los perros entienden mil palabras… Y sin embargo, ¿qué estamos haciendo con todas esas criaturas tan complejas con capacidad para amar y sentir y sufrir? Brutalidades.

Aun así, las cosas están cambiando. Tengo un sueño, el sueño de la hermandad animal. No viviré para verlo, pero sé que está cerca. Por lo pronto, incluso en este bárbaro país nuestro, el PACMA, el partido animalista, ha sacado 220.000 votos al Congreso y más de un millón al Senado (500.000 de ellos únicos al cabeza de lista). Es decir, ha sacado más votos que UPyD y Vox juntos. Nuestra injustísima ley electoral les ha dejado sin escaño, pero ahí está la presencia de su fuerza. Somos muchos quienes estamos soñando.



Fuente: Rosa Montero, El País Semanal 10/01/2016

martes, 22 de diciembre de 2015

CUENTO DE NAVIDAD


“Disfrutad de lo bueno y aprended de lo malo” –nos decía ayer CAP a toda la manada, tumbadas a la espera de un sol que se peleaba con la neblina. CAP siempre nos cuenta historias. Aunque los achaques de la vejez le han dejado sordo y con manifiesta artrosis, su memoria es tan prodigiosa como lo es su olfato. Es el mayor y mejor contador de historias, de experiencias, de cuentos… A veces se queda en silencio, con la mirada perdida. En una ocasión le pregunté qué le pasaba y él me explicó que así vaciaba su mente para entregarse a la experiencia que le proporcionan los recuerdos.

Cada historia, cada vivencia, es única, y es única porque, como buen contador, vive y hace vivir lo contado. Por desgracia, CAP se va apagando y él lo sabe. “No me queda mucho tiempo”, -me decía la semana pasada, consciente de que su vida está llegando a la meta. Me lo dijo en privado, porque ante la manada él está orgulloso de sus años, se pavonea de su edad. Muchos años de  historias y vivencias desglosadas en momentos únicos y especiales que guardo en lo más profundo de mi corazón. Ahora, con el paso de los años, pienso que con cada relato, se va despidiendo de todo, de los que aún estamos con él y de los que le faltan. La reciente muerte de ENATE y WEISS le ha afectado mucho. Ellas fueron sus primeros amores y habían envejecido juntos. 
   
“El yayo y sus batallitas” -le vacila su bisnieta BRUIXA. Pero hace unos días, la propia BRUIXA me decía: “Ojalá que mis hijos y mis nietos, el día que yo falte de este mundo, me recuerden con tanto cariño como todos recordaremos a CAP. Y así poder demostrar que ni tan siquiera la muerte es capaz de acabar con los sueños.”

Todas atentas, escuchando al venerable CAP

“Se acerca la Navidad –continúa CAP, y hoy os voy a contar un cuento muy antiguo, que quiero que NINA publique en el Blog, para todos los humanos. Siempre he pensado que el HOGOL protagonista del cuento, es una reencarnación de collie. Y no me reprochéis que los viejos hablamos con metáforas y moralejas. Eso es así. Y hay que saber escuchar. Y entender.”


El cuento de Navidad de Hogol

Cuenta una leyenda que hace ya mucho tiempo un joven Hogol llegó al mundo de los humanos, en busca de un nuevo lugar donde vivir. Allí encontró ríos y lagos, montañas y llanuras, marismas y desiertos, nieve, agua, nubes, y el mar... “Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol. Pero lo que más abundaba allí era la gente. El mundo de los humanos está repleto de gente y la gran mayoría viven en pueblos y ciudades. A buen seguro que son buenas personas para poder convivir todos juntos, y con este pensamiento el Hogol decidió quedarse a vivir con los humanos.

“Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol

Pero rápidamente se dio cuenta que las cosas no eran tan bonitas como él imaginaba. La gente que allí vivía era físicamente igual que él y externamente no se podían diferenciar. Pero el interior, la esencia de su ser, tenía algo desconocido para él.
Se dio cuenta que los humanos no decían lo que pensaban. Muchas veces incluso decían lo contrario de lo que pensaban. Se enteró que muchas personas luchaban contra otras personas por motivos que él no entendía, que la ignorancia y el desconocimiento provocaba el miedo y el odio. El Hogol no comprendía nada... allí nadie hacía nada por el mero placer de hacerlo. Todas las cosas tenían un precio. Alguien le dijo que incluso la amistad tenía un precio. ¿Cómo se pueden comprar los sentimientos, y con qué moneda se pueden pagar? Poco a poco, la pequeña lamparita que iluminaba su corazón se fue apagando cada vez más. Aquello era muy diferente de lo que él había imaginado y se sentía atrapado en un mundo cruel y despiadado. La gente lo miraba de reojo y a veces podía sorprender a alguien que lo señalaba con el dedo tras de sí.
“Aquí el primero es uno mismo y el resto importa poco” -pensó Hogol mientras una lágrima se resistía a salir de sus ojos.

El Hogol-collie “iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza”.

Aún así, había una cosa de aquel mundo que él amaba: el mar. Era tan inmenso, tan misterioso, tan tranquilo cuando estaba en calma, y tan poderoso cuando se enojaba... Siempre que se sentía triste iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza.
Pero un día, mientras el Hogol se encontraba en la playa, repentinamente un viento suave y lejano acarició sus mejillas. Y entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol, el árbol sabio que vive en Hogoland y gran amigo de todos los hogol.
- ¡Hermano! ¡Qué alegría poder escuchar tu voz!
- Hace tiempo que te veo en esta playa, joven Hogol. Y cada vez que lo hago te veo llorando. ¿Cuál es el mal que ha ahogado tu corazón?
- Tengo mucho miedo Hermano Árbol...
- ¿De qué tienes miedo?
- La gente... aquí la gente es diferente. No dicen lo que piensan y no hacen lo que sienten. Tengo miedo de volverme como ellos, Hermano.
- No creas que son tan diferentes de vosotros pero tienes razón: podrías convertirte en uno de ellos. Ten cuidado.
- ¿Quizás tú podrías ayudarme Hermano?
- ¿Ayudarte cómo, joven Hogol?
- Quizás podrías evitar que me vuelva como ellos y hacer que sea feliz para siempre y que nunca más vuelva a llorar. O aún mejor, ¿por qué no los cambias a todos? Este mundo sería mucho mejor, Hermano!
- Sí, realmente sería un sitio maravilloso para vivir, pero aunque tengo poderes mágicos, no son tan poderosos como para conseguirlo.

“Entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol…”

La expresión de ilusión que por un momento se había dibujado en la cara del Hogol se volvió a convertir en tristeza y volvió a bajar su mirada.
- No llores, joven Hogol. Así no solucionarás tu problema.
-¿Y qué quieres que haga, Hermano? Ni siquiera tú, con tus poderes, puedes hacer nada! ¿Qué puede hacer este pobre Hogol?
- Puedes hacer muchas cosas (le sonrió la voz). Tu mismo lo has dicho antes, piénsalo un poco.
- ¿Qué es lo que he dicho antes?
- Que tenías miedo de volverte como ellos. Si te puedes volver como ellos, no crees que ellos se pueden volver como tú?
- ¿Cómo?
- Los humanos son como vosotros en una cosa muy importante: no son malos por instinto. Los hacen volverse así. Por los motivos que sean se vuelven así, pero no lo son por naturaleza. Ahora piensa un poco: si a ti te sorprende su manera de ser, de vivir, de sentir, ¿no crees que ellos también se sorprenden cuando te ven a ti? Quizás les puedas enseñar a ver las cosas de otro modo, a hacer sonreír cuando alguien está triste, a abrazar cuando alguien tiene miedo, a dar amor cuando encuentras un corazón roto.
- ¿Crees que serviría de algo? Aquí hay muchísima gente y yo conozco a muy pocas personas.
- No te preocupes por la cantidad, lo importante es que contagies tu felicidad a la gente que conozcas. La felicidad de uno mismo nunca lo es del todo, si la gente que te rodea no es feliz. Si haces lo que te pido Hogol, yo te concederé lo que me has pedido antes.
- ¿Hacer feliz todo este mundo?
- Hacer feliz todo este mundo, sí, pero únicamente un día al año. Mis poderes no son tan grandes, pero puedo hacer feliz a todos una vez al año, siempre que tú cumplas tu parte del trato.
- Parece muy difícil eso que me pides Hermano, los humanos tienen un mundo maravilloso pero viven de espaldas a él. Pero lo intentaré, Hermano Árbol.
- Has hablado con mucha sabiduría joven Hogol, recuerda: mientras tú hagas lo que has prometido, yo cumpliré mi parte, ¿de acuerdo?
- Sí, de acuerdo.

El Hogol-collie “se descubrió de pie en la playa…, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba”.

El Hogol se descubrió de pie en la playa con los brazos extendidos, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba.
Ya no lloraba, se sentía muy bien. El Hermano Árbol había venido de muy lejos para hablar con él. Esto no era muy corriente... Quizás era una persona especialmente querida por el Hermano Árbol. Por primera vez en mucho tiempo, el Hogol sonrió mientras miraba cómo el sol se hundía en el horizonte y la Luna empezaba a perseguirle.
“¿Qué le habrá hecho el Sol a la Luna para que siempre lo esté persiguiendo?” -se preguntaba el Hogol. Y con este enigma en su cabeza volvió a casa para pasar la noche.
Al día siguiente por la mañana, el Hogol salió a la calle y se quedó maravillado. ¡Había nevado! Todo era de color blanco, ¡qué bonito! Pero algo extraño pasaba... todas las personas que caminaban por la calle llevaban una sonrisa en su cara, y cuando se cruzaban, se saludaban. Y mirándolos a los ojos mientras lo hacían, el Hogol vio que esta vez sí decían lo que pensaban y sí hacían lo que sentían. Las calles estaban llenas de luces y colores y los niños corrían de un lugar a otro para poder verlas todas, igual que las mariposas que vuelan hasta la luz de un farol.
- ¿Que sucede? -preguntó el Hogol a un hombre que paseaba por la calle
- ¡Hoy es Navidad!
- ¿Navidad?
- ¡Claro! Hoy es un día de felicidad para todos. Nos reunimos en nuestras casas y pasamos el día con la gente que queremos y deseamos a todos que sean felices.
El Hogol sonrió al darse cuenta que el Hermano Árbol había cumplido su palabra y que, al menos una vez al año, aquel mundo se parecía a Hogoland.
Y desde entonces aquel Hogol ha estado viajando por aquel mundo, siempre intentando compartir su felicidad con la gente que ha ido conociendo. Haciendo sonreír al que está triste, abrazando al que tiene miedo y dando amor al que tiene el corazón roto, tal como le pidió el Hermano Árbol. Él, a cambio, cada año envía un día de felicidad para todos. Y así será mientras el Hogol cumpla su parte del trato.


Autor del cuento: Joan Moret

sábado, 5 de diciembre de 2015

BRUJAS MÁS ALLÁ DE LA NIEBLA

“Hoy hace niebla, hay niebla,
pero arriba, en el cielo,
como todos los días,
ha salido el sol, hay sol
por encima de la niebla.”
(Andrés C. Bermejo)

Mi nieta Bruixa es una “bruja”, sabia, independiente, fuerte. Ser bruja hoy en día es un privilegio de espíritus libres, de corazones osados… A la bruja se la ve como algo remoto, lejano, de otro tiempo, pero la bruja no tiene edad, ni una época. Los espíritus fuertes trascienden esas ideas. Es el poder de la imaginación... Estos días he de cuidar de ella. Su madre está de baja por maternidad. Suerte que soy una abuela joven y moderna y puedo con todo. Pienso en los “nuevos abuelos” humanos, que brillan por su disponibilidad y su capacidad para asumir roles múltiples.
 
NINA, mirando hacia el objetivo: el Puig de les Bruixes. BRUIXA con ganas de empezar a caminar.

Bruixa, a los 6 meses, estuvo en la poza de Les Bruixes, donde en las noches de luna llena todas las brujas de la comarca se reunían para hacer sus aquelarres. Ahora ha oído hablar de una montaña, el Puig de les Bruixes (Pico de las Brujas), y hacia allá hemos ido hoy de excursión. “Me pusisteis de nombre Bruixa y quiero conocer todos los lugares donde hubo brujas”. Me parece que eso va a ser muy difícil. La figura de la bruja está muy extendida en los Pirineos, donde muchos pueblos tienen a la bruja como símbolo y la tradición popular sitúa numerosas pozas negras y montañas como lugares de encuentro de brujas, supuestos espacios de culto y brujería, como el Puig de les Bruixes.

Hemos salido temprano de casa. Hay que viajar una hora y media en coche y luego dos horas caminando hasta la cima. “Guau –ha exclamado Perla, ¡mal día para ir de excursión!” Niebla y frío. Al paso por Camprodón, la temperatura era de -3º y los prados estaban blancos por el rocío de la noche, como si hubiera nevado. Después de Rocabruna, tomamos una pista forestal, 7 km. de lenta ascensión. Pronto nos damos cuenta que estábamos equivocadas. La niebla estaba en el valle. A falta de 2 km., emergimos de ella y nos encontramos con un sol espléndido, un auténtico regalo.


Al bajar del coche, las vistas son imponentes: un inmenso mar de nubes bajas.

Dejamos el coche en la Bassa de Monars y contemplamos un inmenso mar de nubes bajo nuestras patas, con horizonte incluido. Iniciamos el camino. Pasamos por un bosque de robles y otro de avellanos. En menos de una hora llegamos al Pla de Serra. No solo el sol y un cielo intensamente azul hacen que estemos de buen humor, sino también los coloridos bosques, con esos tonos amarillo fuerte y naranja. De repente, me pongo en guardia. He olido a alguien. Las tres empezamos a ladrar. “¿Serán brujas?” –nos pregunta Bruixa. Se acercan dos personas y nos saludan. Perla y yo nos acercamos. Bruixa sigue ladrando desconfiada. “Basta ya, Bruixa” –le digo, “¿es que no te funciona tu sexto sentido?, son gente de paz”.

NINA, contemplando la niebla baja.

-       ¿Vais al Puig de les Bruixes? –pregunta el de mayor edad. Antiguamente, en estos parajes –nos explica con voz de sabio, las brujas se reunían para bailar las noches de San Juan. El Puig de les Bruixes fue un lugar de supuestas celebraciones de aquelarres, punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Aún hoy, algunos creemos que entre la densa niebla cabalgan las brujas…

PERLA y BRUIXA en el Pla de Serra. Al fondo, el Puig de les Bruixes. 

Solo le faltaba a Bruixa escuchar estas historias de un venerable anciano. Al reemprender el camino, ella los ha acompañado un buen trozo. Luego ha regresado corriendo, con la lengua afuera. Ahora ya solo nos falta reseguir la cresta de norte a sur, por prados de montaña y hayedos, hasta llegar a la cima. El Puig de les Bruixes (Pico de las Brujas) separa la Alta Garrotxa de el Alt Empordà. Aunque no es de los picos más altos de la zona, presenta una de las mejores panorámicas. Hoy solo hay buenas vistas hacia al norte, con el imponente Canigó. Hacia el sur, el mar de niebla nos impide ver el Mediterráneo, la Vall d’en Bas, la Vall de Bianya, etc. Perla, Ara y yo estuvimos aquí en primavera y lo sabemos muy bien.


Ya falta poco para la cumbre. El mar de nubes sigue intacto.

En la cumbre hay poco espacio, pero estamos un rato descansando. Hay un pequeño "belén" de acero inoxidable, que alguien renueva cada año. Es el del 2014 y se conserva muy bien. Bruixa dice que no le gusta, porque lo dejan aquí todo el año para alejar a las brujas.

BRUIXA, en la cima del Puig de les Bruixes.
 
 El Canigó. Desde la cima, mirando al norte, no hay niebla.
 Desde la cima, mirando hacia el sur, se ven los valles cubiertos. BRUIXA, por encima de la niebla.

El regreso lo hacemos más lentamente porque estamos cansadas, hace calor (17º) por aquello que los humanos llaman inversión térmica y nuestra familia quiere hacer más fotos.

Al fondo, sigue la densa niebla, atrapada entre las montañas, cubriendo los valles completamente y dejando ver desde donde estamos algunos de los picos sobresalir. Pienso en lo bonito de esta imagen, pero luego pienso que si yo estuviera metida dentro de esa nube no podría ver nada y para mi sería una imagen horrible. Y cuán parecida es la vida a esa imagen, cuando pienso en algunos amigos y amigas humanos, que en estos momentos están atravesando una época difícil debido a alguna situación en la que no ven la salida. Es como si estuvieran inmersos en esa niebla y les es muy difícil ver lo positivo de la situación. A pesar de ese sentimiento de temor, angustia, stress y sentirse perdidos, quisiera gritarles que hay que remontar por encima de la niebla y así poder ver la situación desde otra perspectiva.

BRUIXA y NINA, regresan felices. Adiós al Puig de les Bruixes, al fondo.

La niebla significa la desorientación, el miedo, los temores, un tropezón en la vida o un desarraigo. Si no subes unos cuantos metros, no te crees que realmente va a llegar el momento en que vas a ver la niebla por debajo, superada. Hay que caminar, ir siempre hacia arriba, recuperar la confianza y sentir el calor del sol.
 
NINA regresa eufórica, extasiada, feliz. Con las pilas cargadas y agradecida a la madre naturaleza.

Yo también, como mi pequeña nieta Bruixa, siempre he creído que la niebla oculta misterios, historias pasadas, verdades y mentiras que avergüenzan a los humanos que se atreven a pasear bajo ella. Como nos ha explicado el  venerable anciano sabio que hemos encontrado en el camino: “Las palabras se quedan suspendidas en la niebla, ocultas hasta que escritores y poetas las buscan y atrapan para dejarlas secar y brillar bajo el sol del otoño. ¿Os atrevéis a cazarlas?”



lunes, 30 de noviembre de 2015

EL SENTIDO DE LA VISTA EN LOS CACHORROS

En posts anteriores comenté algunos de los sentidos del collie como el tacto (“El gran olvidado de nuestros sentidos”), el olfato (“Buen olfato: siempre la misma teta”) y el oído (“Un oído muy fino”). Hoy voy a escribir sobre la vista.

Hace 14 días que vuelvo a ser abuela y estoy muy orgullosa de mis nietos. Esta vez no he querido perderme un momento muy importante de su vida, como es el día en que vieron la luz por primera vez. Observé con atención sus ojos y vi que primero se abrieron un poco por el centro más próximo al interior del ojo. Poco a poco se fue extendiendo la apertura hacia el lado exterior, hasta que el ojo se abrió por completo.

Recuerdo cuando yo abrí los ojos por primera vez, que no veía correctamente, todo era borroso hasta al cabo de unos días. Mientras intentaba abrirme camino entre mis hermanos (éramos 10) para alcanzar alguna teta, lo primero que vi fueron sus pequeñas patitas y luego el gran cuerpo de mi madre. Pasados unos días entre luces y sombras, recuerdo que salimos a jugar al exterior y, al levantar la cabeza, una gran superficie azul se extendía sobre mí, manchada por pequeñas pinceladas blancas de aspecto esponjoso. 


Si cualquier ser humano permaneciera una larga temporada encerrado en una habitación totalmente oscura, y súbitamente fuera sacado a la luz del sol, el gran impacto lumínico que recibiría la retina de su ojo podría producirle una ceguera instantánea y total. El procedimiento para evitar este accidente consistiría en ir incorporando poco a poco al individuo a distintas intensidades lumínicas que fueran aclimatando la retina del ojo a la luz.

La sabia naturaleza ha sabido prevenir esta circunstancia, y por ello los collies nacemos con los ojos totalmente cerrados. Estos cachorros vienen de un mundo totalmente oscuro a un mundo de luz, y la proyección de ésta sobre el aparato visual, inmediatamente después de nacer, produciría la ceguera. Ellos han abierto sus ojos al cumplir los once días de vida, pero antes de abrirlos totalmente, sus párpados, que han venido actuando de telón protector, se han ido despegando lentamente de forma que muy tenuemente el ojo, antes de aparecer abierto del todo, se ha ido aclimatando a ligeros destellos de luz.
Por tanto, la vista del cachorro en los primeros días de vida, cuando ya ha abierto sus ojos, no debe ser sometida a luces intensas.

Cuando el cachorro abre sus ojos capta la luz, pero no distingue imágenes. Su vista se irá reforzando poco a poco y más tarde empezará a poderlas captar deformes y difuminadas, como envueltas en niebla, hasta que por fin su turbio horizonte se irá aclarando y entrará progresivamente en su perfección visual.
El cachorro tarda bastante en conseguir la educación de su vista, sobre todo en lo referente al alcance de ella. Es a partir de las seis semanas cuando la retina empieza a funcionar correctamente, desarrollando la percepción visual de manera progresiva hasta aproximadamente los tres meses de edad, cuando alcanza su visión definitiva. Aunque a esa edad, ha evolucionado más su capacidad auditiva que la visual. El oído y el olfato son dos grandes auxiliares que nos sirven a los collies, ya desde cachorros, para reforzar nuestra agudeza visual.


Los humanos debéis saber que los collies, cuando se nos acerca alguien de la familia o una persona conocida, no logramos reconocerla totalmente por la vista, o sea, no reconocemos su fisonomía, y lo que hacemos es recomponer a esa persona recurriendo a ciertos rasgos y detalles particulares captados y retenidos con anterioridad, como la forma de andar, gesticular, etc. Pero lo que más nos ayuda es nuestro olfato, con el que conseguimos individualizar el olor de cada persona, y nuestro oído, con el que también logramos independizar distintos sonidos, ya sea la voz, los pasos, etc. Con lo que la entrada en acción de la vista queda altamente reforzada.

Si el sentido de la vista de los collies no es el principal ni es tan importante como en los humanos, te estarás preguntando ¿cómo es que podemos cazar una pelota al vuelo?, ¿es cierto que vemos en blanco y negro?, ¿somos capaces de ver la televisión?... Próximamente  dedicaré un post para responder a estos interrogantes y explicar el sentido de la vista en los collies adultos.


martes, 17 de noviembre de 2015

HOJAS CAÍDAS

“Hojas del árbol caídas, juguetes de viento son,
las ilusiones perdidas, hojas son ¡ay! desprendidas del árbol del corazón”
(José de Espronceda)

Yo soy NINA y este es mi dominio: la Naturaleza

Hace días que llegó el otoño. Puede que algunos humanos no se hayan dado cuenta porque aún hay gente bañándose en la playa o tomando un helado en vez de castañas. Hay quien lo llama “veroño”, porque durante el día sigue haciendo calor y solo por la noche refresca un poco. Mi abuela Jolie está preocupada por el clima y no le gustan los humanos que van en contra de la madre Naturaleza, queriendo crear una nueva estación. “El  cambio climático y el calentamiento global es culpa de la especie humana” –me repite con frecuencia. “Y con estas perspectivas, los collies cada vez tendremos menos pelo”. Y acaba: “No olvides nunca esto, querida Nina: La Naturaleza no siempre es compasiva. Puede ser generosa, tierna y maternal como una madre, y también devastadora y sin piedad como un dios furioso”.


Seguidme. Aquí empieza la historia de las "Hojas Caídas"

Caminar en otoño por el bosque es tan sugerente como hacerlo durante el resto del año, si no fuera por los mensajes que la Naturaleza envía a los sentidos en esta estación. Pocas cosas hay que puedan superar la belleza y la magia de estos paseos, salpicados por los marrones, los naranjas y los rojizos de los paisajes llenos de hojas caídas y árboles que empiezan a desnudarse.

Bruixa se ha vuelto loca. Quiere convertirse en una hoja. Una hoja de cualquier árbol, una hoja caída, que se mueve a donde el viento sople, de esas que por momentos se detienen y luego vuelan para ocupar otros espacios no planificados. Le fascina pensar en la fuerza de la espontaneidad, de no planificar, de dejar que simplemente sea. Por eso Bruixa desea ser hoja caída, fluir con el viento, y acompasar los movimientos acompañada de otras hojas, que como ella, lo único que desean es ser livianas y no pensar, no sentir, solo volar y dejarse llevar.

Al detenernos en medio del bosque, totalmente quietas sobre las hojas secas, el silencio es total. La Bella Swan me dice con razón: “Los humanos viven tan deprisa que se olvidan de disfrutar de la vida, de sentirla, de olerla, de escucharla, de contemplarla, de degustarla. Se olvidan de vivir con magia. Las collies, no. Nosotras acariciamos la vida, sentimos su aroma, escuchamos su sinfonía, contemplamos su belleza y degustamos sus sabores. Nuestros sentidos están despiertos. Vivimos siempre con magia, hoy gracias a las hojas caídas”

Me gusta el otoño, cuando las hojas caen, cuando emprenden su vuelo indeciso entre los vientos, cuando se posan y piensan... ¿Qué piensan las hojas caídas? ¿Qué piensan, qué sienten cuando dejan de ser verdes y se vuelven ocres?...

Todos los collies deberían pisar alguna vez las hojas caídas, ese suave y a la vez duro “cras-cras” que hacen al contacto de nuestras patas. Escucharlas crujir nos hace pensar en un cuento de hadas, nos hace volver a ser cachorros y nos da energía para vivir a tope…, como muestran las siguientes fotos…

GORY, no te pierdas que entramos en el bosque

Hemos de ir hacia allá, donde están todos. 
Vamos, ya se acaba la subida
"Aquí hay algo" (Sí, encontró basura de los humanos)
MERLOT, buscando las hojas más grandes
"¿Y ahora qué? Allá hay más hojas caídas. ¿Por dónde pasamos?" -se pregunta BRUIXA
Aquí hay muchas hojas. Es magnífico para galopar.
Culos salpicados de hojas
Juegos y peleas: El placer de revolcarse por las hojas
Se acabó la aventura. Una última mirada al paraíso de las hojas caídas. El año que viene volveremos.