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martes, 5 de septiembre de 2017

ENSEÑANDO A LOS HUMANOS



“Un collie te enseña cientos de cosas, te da lo que necesites y te será fiel toda la vida. Un collie te enseña a quererte y a aceptar el hecho de ser una persona merecedora de amor” (Raquel)

“Mi collie me ha hecho mejor persona y sé que seguirá haciéndolo cada día. Me ha enseñado que puedo ser amada con gran intensidad y de forma incondicional. Pero además me ha enseñado el valor de decir “te quiero” cada día y, además, decirlo sin palabras” (Patri)

Gracias Raquel y Patri por vuestros comentarios. Realmente la convivencia con un collie es una fuente inagotable de bienestar y de enseñanzas para las personas, porque los collies vivimos toda nuestra vida ENSEÑANDO A LOS HUMANOS...

... A ser tolerantes.

No nos importa si sois ricos o pobres, gordos o flacos, ni cual es vuestra religión, vuestro sexo o vuestro país. Os aceptamos como sois y os queremos sea cual sea vuestra condición. Nuestro amor es incondicional y os respetamos y amamos por encima de todo. ¿Por qué no sois los humanos igual de tolerantes? Tolerancia, comprensión y respeto por las diferentes formas de pensar y de vivir.

... A vivir cada momento intensamente.

Los collies no pensamos en el pasado ni estamos preocupados por el futuro. Vivimos el momento, el aquí y el ahora. El pasado ya pasó y el futuro está por venir, en realidad las personas no podéis hacer nada por ello. Pero si vivís el presente y os centráis en lo que estáis haciendo, como hacemos los collies, aprenderéis a vivir y a disfrutar cada momento intensamente.



... A amar sin condiciones.

El amor de un collie es incondicional, un amor de pase lo que pase. Un collie ama sin medida, sin límite, sin complejo, sin permiso, sin coraje, sin consejo, sin duda, sin precio, sin cura, sin nada… Aprended también los humanos a amar sin condiciones, sin tiempo ni lugar, dando todo cuanto sois y poniendo el corazón en todo cuanto hacéis. ¿Sabéis cual es el poder de la entrega de un collie?: Si deseas recibir amor, todo lo que tienes que hacer es darlo. Cuanto más amor entregues, más recibirás.

... A ser pacientes y a perdonar.

Un collie es capaz de perdonar cualquier fechoría o cualquier salida de tono y seguir hacia adelante, porque hay un lazo mucho más grande que nos une a nuestra familia humana para siempre. Os comprendemos y conocemos el valor de no tener segundas intenciones, porque nuestra bondad es absoluta.
En realidad cada día os enseñamos a no enfadaros, a ser pacientes y a perdonar.

... A saber escuchar.

Los collies sabemos escuchar con atención, porque sabemos muy bien que lo que muchas personas necesitan no es una mente brillante que les hable, sino un corazón paciente que les escuche. Sabemos escuchar y sabemos valorar el silencio en un mundo de ruido. Y como sabemos guardar silencio, son muchas las confidencias y secretos que recibimos de nuestra familia humana. Hay cosas que solo el silencio sabe explicar, sentimientos que solo en silencio pueden transmitirse. Nada como la voz del silencio para aquellos que saben escucharlo, para aquellos que saben entenderlo. “Solo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio. Solo una mente serena, pero extraordinariamente activa puede aprender” (Krishnamurti)


... A sonreír.

Los collies somos especialistas en sorprender a las personas y nos gusta hacer sonreír a nuestra familia humana. Por eso nuestras locas ocurrencias y desparpajo, nuestras posturas acrobáticas, la manera de pedir comida, esos ruiditos tan peculiares que emitimos cual palabras, esa pata delantera que os toca con suavidad, esa lengua húmeda inesperada, esa carita ladeada con ojitos de pena… todo, por una sonrisa.
Y si alguna vez, humano querido, un collie no te da la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás.
Sonreír y no amargarse la vida por nada ni por nadie, esa es la actitud que os proponemos los collies. Sonreíd siempre, porque la vida es algo maravilloso y hay muchas cosas por las que sonreír.
Dicen que sonreír es contagioso… Iniciemos una epidemia ¡ya! y contagiemos el mundo.

 ... A mantenerse en forma.

Los collies nos convertimos muchas veces en entrenadores personales, pues obligamos a nuestro humano a mantenerse físicamente activo. Cada día nos saca a correr, a pasear, a jugar; así que, de media, siempre va a hacer más ejercicio que los que no tienen perro.
Con el ejercicio, los collies os ayudamos a controlar el estrés, el estado de ánimo y vuestro estado físico.

... A ser sociable.

El hombre, por naturaleza, es un ser social y sus actos repercuten en el mundo que le rodea. Los collies también. Y somos buenos facilitadores para que los humanos se relacionen y conozcan a otras personas. Las personas más jóvenes sostienen que ayudamos a “ligar”.
Los collies tenemos la autoestima muy alta. Cuando nos peináis para salir a la calle, nos sentimos guapos y admirados. Las personas, para ser más sociables, debéis reforzar vuestra autoestima. Nadie es perfecto. Y lo que habéis de hacer es olvidaros de los aspectos negativos y dejar que brille más lo mejor de vosotros mismos. Autoestima es aceptarse uno como es y conseguir ser lo que los sentimientos le indican. Empatizar y no rivalizar, entrar en sintonía con las personas y las cosas, quitar las barreras.
Los collies somos optimistas y positivos. Para ser más sociable, hay que pensar en positivo. Os ayudará a tener una actitud abierta para socializar con otras personas.



Son solo algunos ejemplos, pero hay muchos más, para quien quiera captarlos,  en nuestra convivencia diaria. Porque los collies tenemos una capacidad extraordinaria para calmar el cuerpo y la mente de las personas. Somos auténticos y nos guiamos por la conexión emocional que establecemos con los humanos. Con nuestros cuerpos peludos, os ofrecemos miles de cosas maravillosas y os podemos enseñar muchos valores. Sin nuestras enseñanzas sobre valores como el amor, la amistad y la fidelidad, las personas seguramente serían menos personas.

Mi abuela Jolie dice que, para l@s human@s, un collie es ese “alguien” decidido, vacío de miedos y lleno de retos, con un toque de locura que invade tu vida. Que viene y va sin planear, sin buscar porqués, sin que haya más razón que tú, que pasar un rato juntos. Que te da una ración diaria de cariño, sin edulcorantes ni artificios, sin colorantes ni conservantes. Que hace bonito tu mundo, permaneciendo siempre a tu lado. Te reconforta, te saca una sonrisa, te sosiega y te mantiene fuerte ante la vida. Un collie es ese “alguien” con quien las relaciones son siempre sólidas, consistentes y leales.




domingo, 26 de marzo de 2017

ME JUBILO Y QUIERO UN COLLIE

“No es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos,
para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos...
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento...”

(José Saramago)



La jubilación es una etapa trascendental para las personas. Supone un sinfín de cambios que la desaparición de la vida laboral conlleva: psicológicos, familiares, económicos, sociales… La clave es saber gestionarlo y mantenerse activo, porque el fin de la actividad laboral no implica el final de la vida, sino el inicio de una etapa que puede ser mucho mejor. Todo depende de cómo se afronte.

“Me jubilo y quiero un Collie” –este era el ‘asunto’ del e-mail que Fernando envió a nuestra familia hace unos meses. “Me jubilo y ahora tendré más tiempo libre para hacer las cosas que me gustan y nadie me obliga. No habré de madrugar ni aguantar las broncas del jefe. Me siento joven, sano y feliz, ¿qué más se puede pedir?... Pues eso, un Collie, un compañero cariñoso, un socio que me acompañe y me ayude a mantener una rutina de actividad física diaria”.

Muy bien, Fernando. Un collie aporta una razón para levantarse cada mañana, sentirse útil y mantener el equilibrio emocional. Caminar es una de las actividades físicas más recomendadas para las personas jubiladas, ya que les ayuda a mantener un cerebro sano, así como fortalecer huesos y músculos. Un collie es un amigo incondicional que contribuye a reducir la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la ansiedad y por lo tanto reduce los factores de riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Además, salir a caminar evita el aislamiento ya que permite conocer a otros dueños de perros. Un perro aporta una excelente excusa para romper el hielo y comenzar una conversación, hacer nuevos amigos y socializar. 

Recuerdo que hace varios años, Dámaso nos sorprendió cuando nos escribió: “Quiero que me apuntéis en la lista de reservas para que cuando me jubile, dentro de dos años, pueda obtener un collie”. Y así fue. Uno de mis hijos, Tilk, llegó a su vida hace ya tres años para alegría de toda la familia. Hasta entonces, estábamos acostumbrados a que fueran las familias con niños las que se interesaran por un Collie, pero en los últimos años son varias las personas que han incorporado un collie a su vida de jubilados. Amistades peludas que cambian la vida…

Tras toda una vida de trabajo, llega el día más soñado por la mayoría de personas: el día de la jubilación. Un día que se espera con ansiedad e ilusión pero también con algo de miedo. ¿Y ahora qué? ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué hago con tanto tiempo libre?... La mayoría busca alguna salida positiva, se dedica a viajar, pintar, aprender idiomas, labores…, una serie de cosas con que llenar ese tiempo libre. Otras, por el contrario, no saben gestionar bien esta etapa, se encierran en sí mismas y solo viven pensando en los dolores y acercándose peligrosamente a una depresión.

Pero hay una muy buena forma de evitar la depresión: un collie. Seguramente que la mayoría de personas que se han jubilado o están a punto de jubilarse ni se plantean la idea de tener un collie. Y no se lo plantean, sencillamente, porque desconocen las numerosas ventajas que un collie aporta a su nueva etapa de vida.



Sandra Ferrer, experta en educación canina, sostiene que “Un perro ayuda a mantenerse en forma. Sobre todo a esta edad, mantener una buena forma física es fundamental para alargar la esperanza de vida y aumentar en calidad de vida... Un perro mejora tu salud. No es broma. Parece que cuando ya por fin tienes tiempo de relajarte, como que brota todo. Por eso, un perro tiene numerosos efectos positivos en tu salud: reduce la presión arterial, reduce los niveles de colesterol, mejora la salud cardiovascular, alivia los efectos de la depresión, aumenta la rapidez en la mejora de numerosas enfermedades y dolencias, etc. Un perro mejora tus relaciones sociales. Hasta las personas más introvertidas se abren a otras personas totalmente desconocidas para entablar una conversación, cómo no, girando alrededor de tu perro. Pero claro, es que se empieza por hablar del perro y un tema lleva a otros, estableciéndose relaciones que jamás te hubieras planteado. Un perro es una motivación. Si no tenías apenas motivos para levantarte de la cama, te aseguro que el perro te cambiará este concepto. Si pensabas que tu vida ya no tenía chispa, con tu peludo la chispa está asegurada. Está comprobado que los propietarios de perros se vuelven más disciplinados que los que no tienen perro, dado que se ven obligados a mantener una rutina diaria de obligaciones: dar de comer al perro, sacarlo a pasear, cepillarlo, jugar con él, etc.”

Abundando en las palabras de Sandra, numerosos estudios, como los que lleva a cabo la Fundación Affinity, demuestran que “convivir con animales aporta numerosos beneficios. Tener animales en casa estimula la comunicación, fomenta el contacto físico y anima a demostrar los sentimientos. En definitiva, convivir con animales hace aflorar el amor y hace que sus dueños se sientan queridos. Por no hablar de cómo disfrutar de un peludo favorece que las personas mayores se relacionen con otras y se hagan nuevos amigos. Además los animales de compañía alivian la soledad, lo que beneficia directamente a las personas que viven solas. De esta forma, siempre se encuentran acompañadas y disfrutan recibiendo una efusiva bienvenida cuando vuelven a casa. Ya sean perros, gatos o cualquier otro animal, evitan que las personas mayores estén decaídas y se dejen llevar por la apatía. Las personas mayores que comparten su tiempo con animales tienen una actitud más positiva, ríen más y padecen menos estrés lo que incide de forma positiva en su salud.”



Eder, Kika, Lua, Tilk, Adra, Roi, Mel, Boy son collies que dejaron nuestra manada para compartir su vida con una persona jubilada. Ahí están, diariamente, ayudando a vivir la vida con ilusión, sin prisa, sin preocupaciones, sin estrés. Transmitiendo felicidad, sosiego, alegría y ternura. Enseñando a dar las gracias por vivir, a valorar los pequeños momentos que son los que realmente nos hacen felices, a amar incondicionalmente, a ser tolerantes… Estos collies son una bendición, sobretodo, en una etapa tan complicada, y a la vez deseada, como es la jubilación.



jueves, 19 de enero de 2017

VALORES DE VIDA

“El objetivo de la educación es el conocimiento
no de los hechos, sino de los valores”
(William Ralph Inge)
  
Mi hija Kheyra
Hablar sobre la educación de las niñas y los niños humanos, no es un tema muy propio de este Blog, pero se trata de una petición personal de mi hija Kheyra, que está viviendo muy de cerca este tema en su familia humana, con una niña y un niño, y unos padres preocupados y responsables. Además, las últimas estadísticas de mi abuela Jolie, dicen que, de las familias que tienen un Collie en casa, el 36% tienen hijos de esta edad (6-10 años).

Los humanos viven en un mundo en el que ser los primeros, es lo más importante. Examinan a sus hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”

Kheyra me decía hace unos días que, en su habitual paseo matinal, vio a “su” humana echarse las manos a la cabeza cuando una amiga le comentaba que en algunos colegios hacían olimpiadas de matemáticas con cronómetro en mano y frente a un tribunal, olimpiadas de ciencias, olimpiadas de deletrear y todo ello con niños de apenas 7-8 años. ¿Pero estamos locos o qué?exclamó. Y el único ganador era el primero…los 25 niños restantes de la clase se veían como perdedores.



-       ¿Qué está pasando?

-       No sé, Kheyra... Los humanos invierten años en preparar a sus hijos para el éxito y no se dan cuenta que la vida está llena fracasos, de decepciones, de pequeños y de grandes obstáculos, de momentos de tristeza, de duelo, de soledad. ¿Y eso es signo de debilidad de la especie humana? No. Es la vida.

-       ¿De verdad piensan las personas que los niños de hoy en día están preparados para afrontar dificultades? ¿Es casualidad que pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengan más casos de depresión infantil y de ansiedad? ¿En qué cabeza cabe que a un niño de 9 años se le diagnostique de Depresión o de Trastorno de Ansiedad Generalizada teniéndolo todo, supuestamente, a su alcance? Es evidente que algo no están haciendo bien los humanos.

-       Cierto, Kheyra, los maestros y las familias deberían saber que el mundo cambia cada vez más deprisa y que eso hace que ya no sea tan importante memorizar todos los contenidos posibles en un sentido enciclopédico. Hoy es más importante disponer de las destrezas y habilidades que permitirá a las personas aprender de forma autónoma a lo largo de su vida... y eso no se mide con una nota numérica. Recuerdo ahora las palabras de Eva, una maestra del siglo XXI, el día que vino a recoger a su Collie: “La escuela de la nueva educación es creativa, despierta el espíritu crítico, promueve la iniciativa emprendedora, transmite valores y trabaja las emociones. También trabaja las matemáticas, la literatura, las ciencias... pero de manera integrada en proyectos y de forma que los alumnos estén en disposición de aplicar sus recursos para alcanzar el aprendizaje.”


-       Siguiendo con el paseo matinal, hubo un momento en que “mi” humana explotó: “Me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso, porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros.
Lo que de verdad me importa, lo que me quita el sueño, en lo que invierto toda mi energía y esfuerzo, es en desarrollar su inteligencia emocional. Lucho porque sea generoso, porque la empatía sea su punto fuerte. Me desvivo porque muestre sus emociones, porque me hable de sus debilidades, porque él mismo, encuentre soluciones a sus problemas. Peleo a diario por hacer de mis dos hijos personas autosuficientes emocionalmente. No pasa nada por no ser el primero de clase si se han esforzado al máximo. Premio el esfuerzo, la entrega, la generosidad, la lealtad, la lucha y la solidaridad. Esos son los valores vitales, los valores de vida
¿Sabes, Nina? Se hizo el silencio en el parque. Hasta los perros que suelen salir a esa hora, dejaron de jugar.
Su amiga Ana la miraba estupefacta. “Mi” humana bebió un poco de agua y continuó:
“¿Quién prepara a los niños para el fracaso, para la decepción, para el desengaño? ¿Lo habéis pensado alguna vez?
La sociedad recibe con los brazos abiertos a los triunfadores, les prepara para los aplausos. Yo prefiero preparar a mis hijos para las dificultades, fortalecer su autoestima, su capacidad resolutiva, su positivismo, su espíritu de lucha. ¿Por qué valoramos tanto el éxito? Porque antes hemos pasado por un camino más o menos angosto de lucha ¿o no?
No somos máquinas. Nosotros, los padres, no lo somos, lo sabéis muy bien. No pretendas entonces que tu hijo lo sea. No quiero que mis hijos piensen que su madre es una superwoman, siempre preparada, siempre lista para todo, siempre cantarina y perfecta. ¿Ese es el ejemplo que quiero que sigan? Y si con el paso de los años van encontrando dificultades a lo largo de sus vidas ¿Qué pensarán? ‘Yo no he sido capaz… Mamá se decepcionaría… No puedo mostrar debilidad. Mi madre siempre ha sido tan fuerte…’
Bueno, hijos –les he dicho a mis niños en alguna ocasión- mamá no es perfecta. Mamá también se equivoca y cuando lo hace, rectifica y pide perdón. Mamá, como todo el mundo, llora cuando está triste.
Quiero que mis hijos vean que su madre es de carne y hueso. Que no se avergüenza por llorar o por estar un poquito triste en circunstancias puntuales, que no se esconde. Quiero que lo vivan como algo natural… porque cuando a ellos les ocurra se acordarán de mí y lo asumirán como normal. Aceptarán su estado de ánimo y sacarán la fuerza necesaria para superar todo lo que obstaculice el camino hacia su felicidad.
Los hijos no necesitan súper-padres, ni dioses. Les da igual que su papá sea médico, abogado, camarero o que esté en el paro. Los hijos quieren un padre y una madre que estén a su lado, que jueguen con ellos, que les expliquen las cosas, que les cuenten historias…que hablen su mismo lenguaje. No quieren que les colmemos de regalos materiales. Es mucho más sencillo: sólo quieren tiempo junto a nosotros. Los niños deben vernos como seres humanos, no como super-héroes, para eso ya tienen las películas. Si te equivocas con tu hijo, no pasa nada, pídele perdón: ‘Perdona cariño, me he equivocado. ¿Me perdonas? ¿Empezamos de nuevo?...’ ¿Sabéis lo que supone para un hijo que sea el padre o la madre el que le diga eso? No hay mejor ejemplo”.
Esta es “mi” humana, Nina. Estoy muy orgullosa de ella.


Un niño, es único, especial e irrepetible, como lo somos los collies. Y si hay algo que necesitan siempre los niños es comprensión. Los humanos no deberían dar tantas órdenes a sus hijos ni llenarlos de reglas. Más bien, deberían elogiar su buena conducta con besos, con abrazos, con mucho, mucho cariño. Enseña a tus hijos a disfrutar de los placeres sencillos, en ellos está la verdadera felicidad. Cuéntales historias. Historias reales, de tu trabajo, de tu día a día. Estimula su imaginación, su creatividad, su empatía… Emociónate con ellos. Anímales a que sean emprendedores. A que no tengan miedo a equivocarse, sino a no intentarlo. A rectificar si van por el camino equivocado. A levantarse ellos solos si se caen. A pedir perdón y a aceptarlo también. Contra la frustración: la perseverancia, la constancia. Y recuerda que educar no es repetir siempre las mismas palabras. Educar es enseñarles a soñar, a probar, a crear, a luchar y a creer en ellos mismos.

Kheyra me contó, que ese mismo día por la noche, el más pequeño de la familia, después de estar jugando con espadas de madera y pistolas de plástico, se abrazó a su madre y creo que le susurró algo así: “Mamá, háblame bajito para darme calma, para que pueda crecer con tu afecto, con tu buen hacer. Mamá, háblame bonito para que me inicie cuanto antes en el mundo de las emociones, para que el miedo no forme parte de mí y pueda descubrir el mundo sintiéndome querido en todo momento”.

Los niños, como los collies, no queremos grandes cosas, sólo pequeñas cosas que hagan grande nuestra vida. Queremos que los padres, “nuestros” humanos, nos den calidad de vida. Que el tiempo que estén con nosotros sea siempre el mejor, el más sincero. Que no duden en hacer cosas juntos con ellos, en jugar, hablar, cocinar, pasear… Que cierren el móvil y se rían con sus hijos, sin preocuparse en si son o no son el padre o la madre “perfecta”. El corazón tiene respuestas que Google desconoce. Para enseñar a un niño, se necesita más corazón que ciencia.




Fuente: Lucía Galán, madre y pediatra

lunes, 21 de noviembre de 2016

MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS

Muchas veces, al intentar decir algo a otra persona, los humanos, a pesar de la variedad expresiva que tiene su lengua, no encuentran las palabras justas para expresarse, sobre todo cuando se refiere a temas relacionados con los sentimientos y las emociones.

Sin embargo, más allá de las palabras, está el expresivo lenguaje de los gestos, porque el cuerpo habla y los gestos dicen mucho más de lo que la persona se propone manifestar. Este es el lenguaje en el que mejor nos desenvolvemos los collies.

“El lenguaje verbal y no verbal (gestos, mímicas, expresiones faciales, etc.), componen parte del valioso entramado que rige la comunicación entre los seres humanos y hace posible el acercamiento, el entendimiento, o bien la confusión y la separación. Porque más allá de estos elementos que lo integran, subyace el sentimiento que alimenta las palabras y las dota de sentido”. (Esteban Pérez)
 
Para comunicarse no siempre hacen falta palabras, algunos se entienden a la perfección sin ellas.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, casi lo mismo que un gesto. Según humanos estudiosos de los Estados Unidos, el 35% de la comunicación entre personas durante una charla es verbal y el restante 65% corresponde a gestos, porque todos los seres humanos tienen habilidades innatas que les permiten expresar sus emociones a través del cuerpo. Seres humanos… y collies. Nuestra gran capacidad de emitir sonidos y de adoptar posturas, nos permite mantener interesantes y fluidas “conversaciones” con las personas con quien convivimos.

“¿Es cierto que los collies entienden más de 150 palabras concretas de los humanos?” –preguntaba una de las personas que vino a recoger a uno de mis nietos.

No sé cuántas palabras entiendo a mi edad. Lo que sí sé es que los collies estamos observando constantemente a nuestro human@. Esta actitud nos permite, no solo entender las palabras que nos va enseñando, cortas y precisas, sino también entender las que emite en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Y más allá de las palabras, interpretamos su lenguaje corporal.

Recuerdo cuando fui a visitar a Rosaura, una señora mayor que vive sola con Adra, una de mis hijas. Sus circunstancias personales y la situación aislada de su casa, en medio del bosque, lejos de vecinos humanos, le permite convivir a todas horas y forman prácticamente una única entidad.

Adra siempre camina cerca de Rosaura y los pasos de una se solapan con los de la otra. Apenas hacen falta órdenes verbales. Más allá de las palabras, una simple mirada, un gesto o un movimiento del cuerpo, es más que suficiente. Se comportan como una pareja bien avenida y disfruté de las “conversaciones” que se desarrollan entre ambas. Rosaura le cuenta cosas o le pide algo, y Adra le presta su total atención o cumple rápidamente el deseo de su incondicional amiga.

Me hace feliz observar a Rosaura y Adra. Al entenderse tan bien y comunicarse sin malentendidos, su apego es cada vez más fuerte. Rosaura sabe que su voz es un medio importante para hacerse entender por Adra, pero también sabe que Adra, como todos los collies, hacemos más caso al tono de voz y al volumen, que a la palabra en sí.

Dando órdenes a tu collie, querid@ human@, tu voz ha de ser amable, volumen bajo. Los collies tenemos muy buen oído. Nunca des órdenes a tu collie en tono militar. Cuando quieras que haga algo, limítate a darle una orden clara: una palabra, combinada con un gesto. Combina bien tu voz con tu lenguaje corporal, tu mímica y tus gestos. Es decir, tu cuerpo y tu mímica tienen que decir lo mismo que tu palabra. Entonces tu collie te entenderá y te tomará en serio. Desgraciadamente muchas personas dan mensajes que se contradicen: un ¡NO! verbal con voz amable y sonrisa, o, una orden normal, como ¡VEN!, con cara enfadada y postura corporal amenazante. Es muy confuso para el collie. Y los collies, cuando recibimos mensajes contradictorios, finalmente hacemos caso al mensaje no-verbal, porque es el lenguaje habitual entre los perros.

La felicitación verbal tiene que ser con voz amable y cara sonriente. Tu voz tiene que transmitir al collie que estás contento con él y orgulloso de él. Los collies, igual que las personas, necesitamos experimentar éxitos. Eso nos motiva para seguir colaborando a gusto.
 
Más allá de las palabras, países o religiones, el lenguaje de los collies hace posible el acercamiento, el entendimiento…
Más allá de las palabras… "Cuando hablan los sentimientos, nos vemos obligados a escuchar y a veces, a actuar, aun cuando no siempre comprendamos el porqué. No tener conciencia de los propios sentimientos, no comprenderlos o no saber cómo utilizarlos y expresarlos es peor que la ceguera, la sordera o la parálisis. No sentir es no estar vivo. Más que ninguna otra cosa, los sentimientos nos hacen humanos. Nos hacen, en fin, semejantes." (David Viscott). 

Más allá de las palabras, me gusta escuchar las miradas, me gusta escuchar los gestos, me gusta escuchar el alma de la gente…


miércoles, 26 de octubre de 2016

EL COLLIE SOLITARIO


Los adolescentes de hoy en día tienen nuevas maneras de sentir, de escuchar y de ver, nuevas formas de leer y de escribir, nuevos usos del lenguaje y nuevos modos de comunicarse, nuevas formas de aprender y de conocer, nuevas maneras de relacionarse y de construir su propia identidad. Los adolescentes de hoy en día viven una experiencia cultural distinta... Y Xavi es uno de ellos.

Se ha esperado mucho tiempo para tener a su collie. “Es un momento muy emocionante” – exclamó solo bajar del coche. Apenas nos hizo caso a las adultas de la manada. Con la mirada buscaba un cachorro, y cuando vio a Jack se puso a llorar. Se agachó, lo cogió y se dieron un abrazo tan largo que pensamos que no se separarían más. 
JACK, corriendo al encuentro de Xavi
Cuando Xavi se tranquilizó, y Jack ya le había lamido todas las lágrimas, nos contó su historia.

Un día, cuando regresaba de correr por La Mola, se encontró con un collie “aparentemente perdido”, que le siguió hasta su casa. Sus padres no estaban y lo dejó entrar hasta su habitación. Nunca había tenido un perro y aquel Collie le cautivó. “Me enamoré de aquella expresión viva, atenta, soñadora. Me dio mucha confianza y seguridad”.
Cuando llegó su madre, le explicó lo ocurrido y le preguntó si se lo podía quedar. “No, hijo. Este perro no está abandonado. Debe llevar un microchip y podrán localizar a sus dueños. Ahora es muy tarde, pero mañana avisaremos a la policía”. Y así fue. Cuando, al día siguiente, el dueño vino a recoger al collie, Xavi se abrazó a él y se resistía a dejarlo ir. Solo la intervención de su padre, con la promesa de que le comprarían un Collie, le hizo desistir. Sin mirar al dueño, se fue a su habitación y lloró amargamente.

Su madre averiguó que aquel collie que le siguió, por un cúmulo de problemas familiares, se pasaba muchas horas (y días) solo en el jardín, sin ningún cariño humano. Y no era la primera vez que había huido. 

Demasiada soledad es una de las causas más habituales que pueden desencadenar problemas de conducta en los collies. En muchos casos no se tiene en cuenta que somos animales sociales. Y no solo necesitamos salir a pasear, sino compartir la vida con nuestra familia humana y no estar la mayor parte del día en soledad.

El ritmo frenético de la vida de las personas (trabajo, viajes, amigos, compromisos, etc.) y el hecho de que no nos dejan acompañarles en su actividad diaria, hace que algunos collies son dejados solos en casa horas y horas, sufriendo lo indecible, con el peligro de convertirse en inquietos, ladradores, huraños o escapistas. Y lo peor de todo es que, cuando esto ocurre, se deteriora la convivencia diaria con la familia.

La situación ideal es que ningún collie pase más de cuatro o cinco horas solo o, cuando menos, sin acceso al exterior para hacer sus necesidades de forma regular.

La frecuencia ideal sería dos o tres salidas al día en las que el collie pueda dar rienda suelta a su naturaleza activa: correr, saltar, seguir un rastro oloroso, jugar con otros perros... Estimulación física, mental y emocional = perro sano.

Es muy lamentable la historia del collie que encontró Xavi. El collie solitario no debería existir nunca. La soledad no está en nuestro código genético.

Si tienes un collie, recuerda que él no te eligió a ti, ni te pidió que lo llevaras a tu casa. Fuiste tú quien tomó esa decisión. Presta mucha atención a sus necesidades emocionales. Amor, compañía y tiempo son fundamentales para que sea un collie feliz. Cuida su calidad de vida. Además de una alimentación adecuada, ofrécele la posibilidad de corretear en libertad, relacionarse con otros animales y con su familia humana. Tendrás a un compañero saludable física y mentalmente y él se dedicará a darte largos años de muy grata compañía.




martes, 27 de septiembre de 2016

LOS CONSEJOS DE LA ABUELA: UN COLLIE AYUDA A LIGAR


“El verdadero amor es desinteresado y está exento de todo miedo.
Se derrama sobre el objeto de su afecto sin que pida nada a cambio.
Su alegría está en la alegría de dar.”
(Florence Scovel)

Buena definición para un collie. Así somos los collies.

¿Y las personas? El amor es una de las ilusiones más grandes del ser humano, esa energía positiva que hace que todo fluya con más libertad. ¿Estás buscando a la pareja perfecta? ¿Aspiras a sentirte complementad@ con la persona que haga girar tu mundo? El verano se ha ido y no has ligado. Tal vez ahora estás pensando que no tendrás éxito, pero no debes desesperarte.

El domingo pasado vino a visitarnos una pareja para ver los cachorros y reservar un collie de futuras camadas, ya que de las actuales no queda ninguno de disponible. Las buenas vibraciones de todos los cachorros dormitando a sus pies, cansados de tantos juegos y achuchones, fueron suficientes para una larga –y a veces, íntima- conversación con nuestra familia humana. Yo tomé buena nota.

Él, David, había tenido un Collie en casa de sus padres, que marcó su vida. Tanto, que fue el “culpable” de que conociera a Marina, con la que ahora comparte su vida.

“Hasta que conocí a David, todas mis relaciones habían sido un fracaso – cuenta Marina. Su collie, un macho tricolor, fue el que nos unió. Mi abuela me decía siempre que me fijara en los chicos que tengan un perro. Ella murió y yo hice caso a sus razonamientos, tal vez pasados ya de moda, pero no muy lejos de la realidad. Me explicaba que la mayoría de los chicos con perro:

… Son responsables y no tienen miedo al compromiso. Tener un perro es un acto de responsabilidad, poner el bienestar de otro ser antes que el suyo. Es un proceso que requiere paciencia y compromiso. Saben el compromiso que requiere tener un perro durante muchos años. Y encantados de la vida.

… Son considerados. No solo piensan en sí mismos. Tienen un compañero y se ocupan de él. También va a ser considerado contigo.

… Saben acariciar. ¿Has visto como toca a su perro? Están acostumbrados a acariciar y achuchar. Saben lo importante que es el contacto físico y les gusta dar y recibir cariño.

… Son personas más felices. Porque su perro les ayuda a controlar el estrés y la depresión, proporcionándoles apoyo emocional. Además, son joviales y juguetones, como su perro. ¿Qué más se puede pedir?

… Son sensibles y les gusta compartir. Ya comparte su casa, comida y tiempo con el perro. Así que también compartirá contigo todo lo que tenga. Dan cariño a su perro, por lo que son personas sensibles, que además no les da vergüenza mostrar sus sentimientos.

… Saben disfrutar la vida. Porque los perros viven el ahora y disfrutan como nadie de la vida. No entienden el futuro o el pasado, viven en el presente. Y esta actitud se pega.”



Yo soy abuela y creo que las abuelas humanas casi siempre tienen razón. Puede parecer que vivieron otra época, que las educaron diferente, pero todas tienen sus historias de lucha y superación… y algunos secretos para que el amor dure para toda la vida.

Diferentes estudios han constatado que los hombres y las mujeres que son dueños de perros suelen ser más sociables, activos y considerados con los demás, todos buenos atributos para el mundo del amor. Tener un perro te enseña cómo cuidar otro ser vivo, lo cual ayuda a desarrollar tu carácter y personalidad. De hecho, el solo elegir tener un perro muestra una preferencia personal de pasar tu tiempo con un ser que es sociable, curioso y  leal, en vez de estar solo. Y, sin duda, las personas que deciden tener un perro son individuos más sociables y más extrovertidos.

Las personas que tienen un perro en casa tienen una inclinación a ser más disciplinados en la vida. El hecho de tener que hacerte responsable de la salud, felicidad, comportamiento y bienestar de otro ser, conlleva a que las personas sean más meticulosas, detallistas y responsables en general.


“Los perros provocan ganas de ligar incluso a los más tímidos, ya que no hay que pensar mucho en un tema de conversación. El perro es el rompehielos ideal”, explica la psicóloga Lisa Fischbach, al analizar los resultados de una encuesta realizada por la agencia alemana de búsqueda de parejas por Internet ElitePartner.

Una de las webs más famosas para la búsqueda de pareja online,  “eDarling”, ha desarrollado un estudio acerca de la influencia, positiva o negativa, que las mascotas tienen en la vida de los solter@s y en sus relaciones. Los resultados han sido bastante esclarecedores: el perro actúa como la “Celestina” más infalible a la hora de ligar. La mayoría de los encuestados creen que tener un perro es una apuesta segura para conocer a otras personas. Además, parece que tener una mascota hace que transmitas confianza, ternura y que te sientas atractiv@

¿Tenía tazón la abuela de Marina cuando decía que un collie ayuda a ligar? Tener un collie mejora el estado de ánimo y como consecuencia la imagen que las personas proyectan a su alrededor. El collie demuestra todo su cariño día a día y siempre está pendiente de los suyos. Esto hace que los sentimientos del humano afloren y los convierta en personas más comunicativas propiciando nuevas amistades o relaciones amorosas.

Desde luego, tener un collie siempre es motivo de felicidad y distracción, él te ayudará a conseguir que mejores tu estado físico y psíquico… y además es posible que encuentres el amor.


jueves, 21 de abril de 2016

EL CORAZÓN DE UN COLLIE NO TIENE EDAD

“¡Envejece conmigo! Lo mejor está aún por llegar”
(Robert Browing)


Los días pasan muy deprisa. Mis cachorros tienen 6 semanas y ya no necesitan tanto mis cuidados. Al ser solamente tres, ha sido todo muy fácil, y estoy dedicando mucho tiempo para estar con Cap, el más viejo de la manada, que pasa muchas horas en la zona de cría, más tranquila, lejos de las carreras y “locuras” de las más jóvenes de la manada.

La primavera cálida que tenemos nos ha permitido a Cap y a mí, con permiso de los cachorros,  estar muchas horas tumbados en la hierba, charlando, viendo florecer los perales y el manzano. Aunque yo más que charlar, lo que he hecho es escuchar:

En este momento de mi vida busco solo aquello que me haga SENTIR y ser yo mismo. Estoy en una etapa en la que no necesito impresionar a nadie. Yo no vivo para impresionar al mundo, sino para ser feliz y realizarme. Lo que de verdad cobra importancia ahora, es vivir lo que me queda de vida sin destacar para los demás, solo para mí, mi familia humana y la manada.
 
Nina charlando con Cap

El corazón de un collie no sabe de edades, ni del paso del tiempo, ni de sexos, ni de colores, estatus o posiciones. Él late, se impulsa y genera su vibración en sí mismo, en un ejercicio de amor-expansión, en el cual ignora todo lo demás, porque sólo le importa su propia energía al son del amor que emite.

A medida que pasa el tiempo –me sigue comentando Cap- uno va entendiendo que todo puede deteriorarse menos el propio corazón. Incluso los dolores físicos propios de mi avanzada edad que me están afectando, no pueden penetrar, ni afectarán nunca, a la esencia pura del corazón y a lo que éste proyecta de forma integral.

Podemos ir perdiendo vista, escuchar peor, caminar dificultosamente, incluso ir abandonando todos los placeres que en otros tiempos parecían la razón de la existencia. Podemos alejarnos de la vida y hacerlo, irremediablemente, perdiendo las facultades que brillaron en nuestro cuerpo cuando se encontraba en plenitud, pero tendremos, al menos, la tranquilidad de que nuestro corazón no cede y sigue fiel a sí mismo, sin hundirse, dando todo el amor de que es capaz en cada momento de nuestra existencia.

No des mucha importancia a la edad de tu cuerpo físico, querida Nina. Sé siempre joven de espíritu. El corazón no tiene edad. La mente jamás envejece. Aunque el cuerpo sufra los síntomas de la edad física, tú consérvate joven y bien dispuesta, porque esto depende de tu mentalidad positiva. Procura que la juventud de tu espíritu se irradie a través de tu cuerpo, tengas la edad que tengas.

Es muy gratificante pensar que no hay barreras para el corazón, que puede estar aquí y ahí, en los collies y en las personas. Que es capaz de seguir sintiendo, de emocionarse, de generar su energía amorosa, una y otra vez en su centro como si nada pasase. Es delicioso sentirlo palpitar en el interior y saber que en cada latido ha ido sumando afectos desde las emociones y sentimientos.

Es maravilloso advertir cómo a pesar de todo, hay algo en el corazón de un collie que no cambia nunca, que nació con una inmensa capacidad de dar y recibir, que se engrandece a lo largo de la vida y que nunca muere.

Grandes amigos. dándose soporte. Cap y Jolie, mermados físicamente, pero con un corazón enorme

Dicen que la vida es corta, que pasa en un suspiro y que cuando nos damos cuenta, estamos ya viviendo más de los recuerdos que de lo que acontece a nuestro alrededor. Y la verdad, es que más que temer a esa fugacidad de nuestra existencia, lo que de verdad asusta no son los errores, ni las caídas, ni aún menos las veces que nos hemos perdido en el camino. Lo que aterra, es una vida no vivida.

Cap ama a todo el mundo, no porque todas las personas lo merezcan, sino porque es su forma de vivir. Su corazón nunca rechaza, porque el rechazo siempre trae sufrimiento. Su corazón vibra, se expande en positivo, para incluir, también aquello que parece difícil, con fuerza, alegría y sintonía con la vida. 


martes, 22 de diciembre de 2015

CUENTO DE NAVIDAD


“Disfrutad de lo bueno y aprended de lo malo” –nos decía ayer CAP a toda la manada, tumbadas a la espera de un sol que se peleaba con la neblina. CAP siempre nos cuenta historias. Aunque los achaques de la vejez le han dejado sordo y con manifiesta artrosis, su memoria es tan prodigiosa como lo es su olfato. Es el mayor y mejor contador de historias, de experiencias, de cuentos… A veces se queda en silencio, con la mirada perdida. En una ocasión le pregunté qué le pasaba y él me explicó que así vaciaba su mente para entregarse a la experiencia que le proporcionan los recuerdos.

Cada historia, cada vivencia, es única, y es única porque, como buen contador, vive y hace vivir lo contado. Por desgracia, CAP se va apagando y él lo sabe. “No me queda mucho tiempo”, -me decía la semana pasada, consciente de que su vida está llegando a la meta. Me lo dijo en privado, porque ante la manada él está orgulloso de sus años, se pavonea de su edad. Muchos años de  historias y vivencias desglosadas en momentos únicos y especiales que guardo en lo más profundo de mi corazón. Ahora, con el paso de los años, pienso que con cada relato, se va despidiendo de todo, de los que aún estamos con él y de los que le faltan. La reciente muerte de ENATE y WEISS le ha afectado mucho. Ellas fueron sus primeros amores y habían envejecido juntos. 
   
“El yayo y sus batallitas” -le vacila su bisnieta BRUIXA. Pero hace unos días, la propia BRUIXA me decía: “Ojalá que mis hijos y mis nietos, el día que yo falte de este mundo, me recuerden con tanto cariño como todos recordaremos a CAP. Y así poder demostrar que ni tan siquiera la muerte es capaz de acabar con los sueños.”

Todas atentas, escuchando al venerable CAP

“Se acerca la Navidad –continúa CAP, y hoy os voy a contar un cuento muy antiguo, que quiero que NINA publique en el Blog, para todos los humanos. Siempre he pensado que el HOGOL protagonista del cuento, es una reencarnación de collie. Y no me reprochéis que los viejos hablamos con metáforas y moralejas. Eso es así. Y hay que saber escuchar. Y entender.”


El cuento de Navidad de Hogol

Cuenta una leyenda que hace ya mucho tiempo un joven Hogol llegó al mundo de los humanos, en busca de un nuevo lugar donde vivir. Allí encontró ríos y lagos, montañas y llanuras, marismas y desiertos, nieve, agua, nubes, y el mar... “Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol. Pero lo que más abundaba allí era la gente. El mundo de los humanos está repleto de gente y la gran mayoría viven en pueblos y ciudades. A buen seguro que son buenas personas para poder convivir todos juntos, y con este pensamiento el Hogol decidió quedarse a vivir con los humanos.

“Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol

Pero rápidamente se dio cuenta que las cosas no eran tan bonitas como él imaginaba. La gente que allí vivía era físicamente igual que él y externamente no se podían diferenciar. Pero el interior, la esencia de su ser, tenía algo desconocido para él.
Se dio cuenta que los humanos no decían lo que pensaban. Muchas veces incluso decían lo contrario de lo que pensaban. Se enteró que muchas personas luchaban contra otras personas por motivos que él no entendía, que la ignorancia y el desconocimiento provocaba el miedo y el odio. El Hogol no comprendía nada... allí nadie hacía nada por el mero placer de hacerlo. Todas las cosas tenían un precio. Alguien le dijo que incluso la amistad tenía un precio. ¿Cómo se pueden comprar los sentimientos, y con qué moneda se pueden pagar? Poco a poco, la pequeña lamparita que iluminaba su corazón se fue apagando cada vez más. Aquello era muy diferente de lo que él había imaginado y se sentía atrapado en un mundo cruel y despiadado. La gente lo miraba de reojo y a veces podía sorprender a alguien que lo señalaba con el dedo tras de sí.
“Aquí el primero es uno mismo y el resto importa poco” -pensó Hogol mientras una lágrima se resistía a salir de sus ojos.

El Hogol-collie “iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza”.

Aún así, había una cosa de aquel mundo que él amaba: el mar. Era tan inmenso, tan misterioso, tan tranquilo cuando estaba en calma, y tan poderoso cuando se enojaba... Siempre que se sentía triste iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza.
Pero un día, mientras el Hogol se encontraba en la playa, repentinamente un viento suave y lejano acarició sus mejillas. Y entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol, el árbol sabio que vive en Hogoland y gran amigo de todos los hogol.
- ¡Hermano! ¡Qué alegría poder escuchar tu voz!
- Hace tiempo que te veo en esta playa, joven Hogol. Y cada vez que lo hago te veo llorando. ¿Cuál es el mal que ha ahogado tu corazón?
- Tengo mucho miedo Hermano Árbol...
- ¿De qué tienes miedo?
- La gente... aquí la gente es diferente. No dicen lo que piensan y no hacen lo que sienten. Tengo miedo de volverme como ellos, Hermano.
- No creas que son tan diferentes de vosotros pero tienes razón: podrías convertirte en uno de ellos. Ten cuidado.
- ¿Quizás tú podrías ayudarme Hermano?
- ¿Ayudarte cómo, joven Hogol?
- Quizás podrías evitar que me vuelva como ellos y hacer que sea feliz para siempre y que nunca más vuelva a llorar. O aún mejor, ¿por qué no los cambias a todos? Este mundo sería mucho mejor, Hermano!
- Sí, realmente sería un sitio maravilloso para vivir, pero aunque tengo poderes mágicos, no son tan poderosos como para conseguirlo.

“Entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol…”

La expresión de ilusión que por un momento se había dibujado en la cara del Hogol se volvió a convertir en tristeza y volvió a bajar su mirada.
- No llores, joven Hogol. Así no solucionarás tu problema.
-¿Y qué quieres que haga, Hermano? Ni siquiera tú, con tus poderes, puedes hacer nada! ¿Qué puede hacer este pobre Hogol?
- Puedes hacer muchas cosas (le sonrió la voz). Tu mismo lo has dicho antes, piénsalo un poco.
- ¿Qué es lo que he dicho antes?
- Que tenías miedo de volverte como ellos. Si te puedes volver como ellos, no crees que ellos se pueden volver como tú?
- ¿Cómo?
- Los humanos son como vosotros en una cosa muy importante: no son malos por instinto. Los hacen volverse así. Por los motivos que sean se vuelven así, pero no lo son por naturaleza. Ahora piensa un poco: si a ti te sorprende su manera de ser, de vivir, de sentir, ¿no crees que ellos también se sorprenden cuando te ven a ti? Quizás les puedas enseñar a ver las cosas de otro modo, a hacer sonreír cuando alguien está triste, a abrazar cuando alguien tiene miedo, a dar amor cuando encuentras un corazón roto.
- ¿Crees que serviría de algo? Aquí hay muchísima gente y yo conozco a muy pocas personas.
- No te preocupes por la cantidad, lo importante es que contagies tu felicidad a la gente que conozcas. La felicidad de uno mismo nunca lo es del todo, si la gente que te rodea no es feliz. Si haces lo que te pido Hogol, yo te concederé lo que me has pedido antes.
- ¿Hacer feliz todo este mundo?
- Hacer feliz todo este mundo, sí, pero únicamente un día al año. Mis poderes no son tan grandes, pero puedo hacer feliz a todos una vez al año, siempre que tú cumplas tu parte del trato.
- Parece muy difícil eso que me pides Hermano, los humanos tienen un mundo maravilloso pero viven de espaldas a él. Pero lo intentaré, Hermano Árbol.
- Has hablado con mucha sabiduría joven Hogol, recuerda: mientras tú hagas lo que has prometido, yo cumpliré mi parte, ¿de acuerdo?
- Sí, de acuerdo.

El Hogol-collie “se descubrió de pie en la playa…, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba”.

El Hogol se descubrió de pie en la playa con los brazos extendidos, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba.
Ya no lloraba, se sentía muy bien. El Hermano Árbol había venido de muy lejos para hablar con él. Esto no era muy corriente... Quizás era una persona especialmente querida por el Hermano Árbol. Por primera vez en mucho tiempo, el Hogol sonrió mientras miraba cómo el sol se hundía en el horizonte y la Luna empezaba a perseguirle.
“¿Qué le habrá hecho el Sol a la Luna para que siempre lo esté persiguiendo?” -se preguntaba el Hogol. Y con este enigma en su cabeza volvió a casa para pasar la noche.
Al día siguiente por la mañana, el Hogol salió a la calle y se quedó maravillado. ¡Había nevado! Todo era de color blanco, ¡qué bonito! Pero algo extraño pasaba... todas las personas que caminaban por la calle llevaban una sonrisa en su cara, y cuando se cruzaban, se saludaban. Y mirándolos a los ojos mientras lo hacían, el Hogol vio que esta vez sí decían lo que pensaban y sí hacían lo que sentían. Las calles estaban llenas de luces y colores y los niños corrían de un lugar a otro para poder verlas todas, igual que las mariposas que vuelan hasta la luz de un farol.
- ¿Que sucede? -preguntó el Hogol a un hombre que paseaba por la calle
- ¡Hoy es Navidad!
- ¿Navidad?
- ¡Claro! Hoy es un día de felicidad para todos. Nos reunimos en nuestras casas y pasamos el día con la gente que queremos y deseamos a todos que sean felices.
El Hogol sonrió al darse cuenta que el Hermano Árbol había cumplido su palabra y que, al menos una vez al año, aquel mundo se parecía a Hogoland.
Y desde entonces aquel Hogol ha estado viajando por aquel mundo, siempre intentando compartir su felicidad con la gente que ha ido conociendo. Haciendo sonreír al que está triste, abrazando al que tiene miedo y dando amor al que tiene el corazón roto, tal como le pidió el Hermano Árbol. Él, a cambio, cada año envía un día de felicidad para todos. Y así será mientras el Hogol cumpla su parte del trato.


Autor del cuento: Joan Moret