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martes, 22 de diciembre de 2015

CUENTO DE NAVIDAD


“Disfrutad de lo bueno y aprended de lo malo” –nos decía ayer CAP a toda la manada, tumbadas a la espera de un sol que se peleaba con la neblina. CAP siempre nos cuenta historias. Aunque los achaques de la vejez le han dejado sordo y con manifiesta artrosis, su memoria es tan prodigiosa como lo es su olfato. Es el mayor y mejor contador de historias, de experiencias, de cuentos… A veces se queda en silencio, con la mirada perdida. En una ocasión le pregunté qué le pasaba y él me explicó que así vaciaba su mente para entregarse a la experiencia que le proporcionan los recuerdos.

Cada historia, cada vivencia, es única, y es única porque, como buen contador, vive y hace vivir lo contado. Por desgracia, CAP se va apagando y él lo sabe. “No me queda mucho tiempo”, -me decía la semana pasada, consciente de que su vida está llegando a la meta. Me lo dijo en privado, porque ante la manada él está orgulloso de sus años, se pavonea de su edad. Muchos años de  historias y vivencias desglosadas en momentos únicos y especiales que guardo en lo más profundo de mi corazón. Ahora, con el paso de los años, pienso que con cada relato, se va despidiendo de todo, de los que aún estamos con él y de los que le faltan. La reciente muerte de ENATE y WEISS le ha afectado mucho. Ellas fueron sus primeros amores y habían envejecido juntos. 
   
“El yayo y sus batallitas” -le vacila su bisnieta BRUIXA. Pero hace unos días, la propia BRUIXA me decía: “Ojalá que mis hijos y mis nietos, el día que yo falte de este mundo, me recuerden con tanto cariño como todos recordaremos a CAP. Y así poder demostrar que ni tan siquiera la muerte es capaz de acabar con los sueños.”

Todas atentas, escuchando al venerable CAP

“Se acerca la Navidad –continúa CAP, y hoy os voy a contar un cuento muy antiguo, que quiero que NINA publique en el Blog, para todos los humanos. Siempre he pensado que el HOGOL protagonista del cuento, es una reencarnación de collie. Y no me reprochéis que los viejos hablamos con metáforas y moralejas. Eso es así. Y hay que saber escuchar. Y entender.”


El cuento de Navidad de Hogol

Cuenta una leyenda que hace ya mucho tiempo un joven Hogol llegó al mundo de los humanos, en busca de un nuevo lugar donde vivir. Allí encontró ríos y lagos, montañas y llanuras, marismas y desiertos, nieve, agua, nubes, y el mar... “Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol. Pero lo que más abundaba allí era la gente. El mundo de los humanos está repleto de gente y la gran mayoría viven en pueblos y ciudades. A buen seguro que son buenas personas para poder convivir todos juntos, y con este pensamiento el Hogol decidió quedarse a vivir con los humanos.

“Qué bonito es el mar” -pensaba el Hogol

Pero rápidamente se dio cuenta que las cosas no eran tan bonitas como él imaginaba. La gente que allí vivía era físicamente igual que él y externamente no se podían diferenciar. Pero el interior, la esencia de su ser, tenía algo desconocido para él.
Se dio cuenta que los humanos no decían lo que pensaban. Muchas veces incluso decían lo contrario de lo que pensaban. Se enteró que muchas personas luchaban contra otras personas por motivos que él no entendía, que la ignorancia y el desconocimiento provocaba el miedo y el odio. El Hogol no comprendía nada... allí nadie hacía nada por el mero placer de hacerlo. Todas las cosas tenían un precio. Alguien le dijo que incluso la amistad tenía un precio. ¿Cómo se pueden comprar los sentimientos, y con qué moneda se pueden pagar? Poco a poco, la pequeña lamparita que iluminaba su corazón se fue apagando cada vez más. Aquello era muy diferente de lo que él había imaginado y se sentía atrapado en un mundo cruel y despiadado. La gente lo miraba de reojo y a veces podía sorprender a alguien que lo señalaba con el dedo tras de sí.
“Aquí el primero es uno mismo y el resto importa poco” -pensó Hogol mientras una lágrima se resistía a salir de sus ojos.

El Hogol-collie “iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza”.

Aún así, había una cosa de aquel mundo que él amaba: el mar. Era tan inmenso, tan misterioso, tan tranquilo cuando estaba en calma, y tan poderoso cuando se enojaba... Siempre que se sentía triste iba hasta la playa y allí, solo, mirando el horizonte, a menudo lloraba su tristeza.
Pero un día, mientras el Hogol se encontraba en la playa, repentinamente un viento suave y lejano acarició sus mejillas. Y entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol, el árbol sabio que vive en Hogoland y gran amigo de todos los hogol.
- ¡Hermano! ¡Qué alegría poder escuchar tu voz!
- Hace tiempo que te veo en esta playa, joven Hogol. Y cada vez que lo hago te veo llorando. ¿Cuál es el mal que ha ahogado tu corazón?
- Tengo mucho miedo Hermano Árbol...
- ¿De qué tienes miedo?
- La gente... aquí la gente es diferente. No dicen lo que piensan y no hacen lo que sienten. Tengo miedo de volverme como ellos, Hermano.
- No creas que son tan diferentes de vosotros pero tienes razón: podrías convertirte en uno de ellos. Ten cuidado.
- ¿Quizás tú podrías ayudarme Hermano?
- ¿Ayudarte cómo, joven Hogol?
- Quizás podrías evitar que me vuelva como ellos y hacer que sea feliz para siempre y que nunca más vuelva a llorar. O aún mejor, ¿por qué no los cambias a todos? Este mundo sería mucho mejor, Hermano!
- Sí, realmente sería un sitio maravilloso para vivir, pero aunque tengo poderes mágicos, no son tan poderosos como para conseguirlo.

“Entre el rumor del viento pudo reconocer la voz del Hermano Árbol…”

La expresión de ilusión que por un momento se había dibujado en la cara del Hogol se volvió a convertir en tristeza y volvió a bajar su mirada.
- No llores, joven Hogol. Así no solucionarás tu problema.
-¿Y qué quieres que haga, Hermano? Ni siquiera tú, con tus poderes, puedes hacer nada! ¿Qué puede hacer este pobre Hogol?
- Puedes hacer muchas cosas (le sonrió la voz). Tu mismo lo has dicho antes, piénsalo un poco.
- ¿Qué es lo que he dicho antes?
- Que tenías miedo de volverte como ellos. Si te puedes volver como ellos, no crees que ellos se pueden volver como tú?
- ¿Cómo?
- Los humanos son como vosotros en una cosa muy importante: no son malos por instinto. Los hacen volverse así. Por los motivos que sean se vuelven así, pero no lo son por naturaleza. Ahora piensa un poco: si a ti te sorprende su manera de ser, de vivir, de sentir, ¿no crees que ellos también se sorprenden cuando te ven a ti? Quizás les puedas enseñar a ver las cosas de otro modo, a hacer sonreír cuando alguien está triste, a abrazar cuando alguien tiene miedo, a dar amor cuando encuentras un corazón roto.
- ¿Crees que serviría de algo? Aquí hay muchísima gente y yo conozco a muy pocas personas.
- No te preocupes por la cantidad, lo importante es que contagies tu felicidad a la gente que conozcas. La felicidad de uno mismo nunca lo es del todo, si la gente que te rodea no es feliz. Si haces lo que te pido Hogol, yo te concederé lo que me has pedido antes.
- ¿Hacer feliz todo este mundo?
- Hacer feliz todo este mundo, sí, pero únicamente un día al año. Mis poderes no son tan grandes, pero puedo hacer feliz a todos una vez al año, siempre que tú cumplas tu parte del trato.
- Parece muy difícil eso que me pides Hermano, los humanos tienen un mundo maravilloso pero viven de espaldas a él. Pero lo intentaré, Hermano Árbol.
- Has hablado con mucha sabiduría joven Hogol, recuerda: mientras tú hagas lo que has prometido, yo cumpliré mi parte, ¿de acuerdo?
- Sí, de acuerdo.

El Hogol-collie “se descubrió de pie en la playa…, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba”.

El Hogol se descubrió de pie en la playa con los brazos extendidos, igual que hacía cuando era pequeño allá en Hogoland, junto al Hermano Árbol cuando el viento soplaba.
Ya no lloraba, se sentía muy bien. El Hermano Árbol había venido de muy lejos para hablar con él. Esto no era muy corriente... Quizás era una persona especialmente querida por el Hermano Árbol. Por primera vez en mucho tiempo, el Hogol sonrió mientras miraba cómo el sol se hundía en el horizonte y la Luna empezaba a perseguirle.
“¿Qué le habrá hecho el Sol a la Luna para que siempre lo esté persiguiendo?” -se preguntaba el Hogol. Y con este enigma en su cabeza volvió a casa para pasar la noche.
Al día siguiente por la mañana, el Hogol salió a la calle y se quedó maravillado. ¡Había nevado! Todo era de color blanco, ¡qué bonito! Pero algo extraño pasaba... todas las personas que caminaban por la calle llevaban una sonrisa en su cara, y cuando se cruzaban, se saludaban. Y mirándolos a los ojos mientras lo hacían, el Hogol vio que esta vez sí decían lo que pensaban y sí hacían lo que sentían. Las calles estaban llenas de luces y colores y los niños corrían de un lugar a otro para poder verlas todas, igual que las mariposas que vuelan hasta la luz de un farol.
- ¿Que sucede? -preguntó el Hogol a un hombre que paseaba por la calle
- ¡Hoy es Navidad!
- ¿Navidad?
- ¡Claro! Hoy es un día de felicidad para todos. Nos reunimos en nuestras casas y pasamos el día con la gente que queremos y deseamos a todos que sean felices.
El Hogol sonrió al darse cuenta que el Hermano Árbol había cumplido su palabra y que, al menos una vez al año, aquel mundo se parecía a Hogoland.
Y desde entonces aquel Hogol ha estado viajando por aquel mundo, siempre intentando compartir su felicidad con la gente que ha ido conociendo. Haciendo sonreír al que está triste, abrazando al que tiene miedo y dando amor al que tiene el corazón roto, tal como le pidió el Hermano Árbol. Él, a cambio, cada año envía un día de felicidad para todos. Y así será mientras el Hogol cumpla su parte del trato.


Autor del cuento: Joan Moret

lunes, 22 de diciembre de 2014

¿PAPÁ NOEL O REYES MAGOS?


Recuerdo que cada año, cuando se acercan estas fechas navideñas, KIT se reúne con los collies más jóvenes de la manada. Ayer lo hizo con ARA y la advirtió: “Si un hombre gordo y con barba blanca, vestido de rojo, entra en mitad de la noche por la chimenea ¡no lo muerdas!. Y si son 3 hombres con elegantes vestidos y coronas de rey ¡tampoco les muerdas!”

¿Papá Noel o Reyes Magos? Los españoles se debaten desde hace unos años entre recibir regalos el día de Nochebuena de la mano de Papá Noel o continuar la tradición y esperar a la madrugada del 5 al 6 de enero para ser visitados pos los Reyes Magos. El consumismo y la practicidad que, sobre todo para los niños, provoca poder disfrutar de los regalos durante todas las fiestas navideñas, ha cambiado la tradición y no es raro ver familias que cada día más, abrazan a Papá Noel.



¿Papá Noel o Reyes Magos? No todos los españoles han sucumbido a los encantos de este dulce viejecito bonachón, de traje rojo y larga barba blanca. Según una encuesta del CIS, más de la mitad de hogares españoles pide sus regalos a los Reyes Magos (el 54,4% de los hogares españoles), frente a un 26,6% que se decanta por hacerlo a Papá Noel, y uno de cada cinco (19%) los más afortunados, reciben obsequios en ambas fechas. De ese 19% de familias que hacen regalos en ambas fechas, muchas de ellas admiten hacer uno o dos regalos el 25 de diciembre y dejar el resto para el día 6 de enero.

¿Papá Noel o Reyes Magos? Para muchas familias, la tradición de los Reyes Magos es algo muy español y no están dispuestos a sacrificarlos admitiendo en sus vidas a Papá Noel. En los últimos años, ante el avance de esta tradición importada de Estados Unidos, han surgido páginas web y asociaciones reivindicando el valor de los Reyes Magos, apostando por que esta tradición no se pierda como tantas otras ante el empuje y la fuerza de la cultura estadounidense.

¿Papá Noel o Reyes Magos? Un niño, Alex, escribió en una redacción sobre este tema: “Papa Noel es el padre del consumismo, es el que compra las cosas caras y los Reyes Magos compran las ofertas que les deja Papá Noel”.

¿Papá Noel o Reyes Magos?  A mi me da igual, no voy a entrar en polémica con los humanos, pero ¿a quién escribo mi carta? Alguien dirá que no existen ni Papa Noel ni los Reyes Magos, pero a mí no me engañáis, yo sé que existís y que andáis por ahí disfrazados repartiendo a diario ilusión.



Queridos Melchor, Gaspar, Baltasar y Santa Claus:

Quiero dividir mis peticiones en tres bloques, el primero son ruegos de índole personal, el segundo para aquellos a los que quiero y forman parte de mi universo particular y el tercero para esta humanidad que parece no saber muy bien hacia dónde camina.

Para mí quiero principalmente vida y que no se dividan mis afectos, sino que sumen y se multipliquen. Deseo seguir viviendo al lado de la manada y junto a esas personas que me valoran y me hacen la existencia más ancha y en colores. En definitiva seguir creciendo, lograr ser generosa, convertir en hechos mis sueños, tender la mano y no menospreciar a nadie.

Para aquellos a los que quiero, humanos y peludos, os pido salud y trabajo, que sigan creciendo las esperanzas de cada uno, que se sientan realizados, que sean positivos y continúen repartiendo ternura, que crezcan y consigan lo mejor, que todos  sean mucho más felices.

Y para el resto de la especie humana, os ruego que cambie la escala de valores, que se acaben los seres usados, maltratados, hambrientos, los niños sin infancia y sin presente ni futuro. Que paguen la crisis los culpables y no los inocentes, los malhechores de guante blanco, los corruptos impunes, los traficantes de sueños e ilusiones, los que anteponen el dinero a la conciencia y saben de números pero no de sentimientos. Que entre todos seamos capaces de dar sentido a palabras tan de collie como lealtad, solidaridad, amistad, tolerancia, igualdad, compromiso y sobre todo Amor, mucho Amor. Gracias.




viernes, 13 de diciembre de 2013

NAVIDAD: “NO COMPRES ESE PERRO”

 


NO COMPRES ESE PERRO


No seas imbécil. Ni desaprensivo. No hagas posible que dentro de unos meses algunos te mentemos a la madre al cruzarnos con el resultado de tu indiferencia y tu estupidez. Piénsalo mucho antes de dar el paso irreversible; de complicarte una vida que luego pretenderás solucionar por el camino más fácil. Aún puedes evitarlo. Impedir que te despreciemos, e incluso despreciarte a ti mismo cuando te mires en el espejo. Ya sé, de todas formas, que el autodesprecio es relativo. Tarde o temprano, hasta con las mayores atrocidades en la mochila, siempre nos las apañamos para ingeniar coartadas, justificaciones. Conozco a pocos que, hagan lo que hagan -desde faenas elementales hasta cargarse al prójimo-, no acaben durmiendo a pierna suelta tras unos pocos ejercicios de terapia personal. Aun así, permite que te lo explique antes de que ocurra, primero, y después se te olvide. Resumiendo: intenta no convertirte, innecesariamente, en un hijo de la gran puta.

Sé que tus niños quieren un perro. Que les hace una ilusión enorme y te dan la matraca desde hace mucho. Que tu hija, por ejemplo, te hace babear cuando te abraza y pide una mascota. O que te acabas de separar de tu legítima, y crees que regalándole al crío un animal, y paseando con él los fines de semana, podrás recuperar el terreno perdido, o no perderlo en el futuro. Hay mil razones, supongo. Un montón de circunstancias por las que has pensado comprar un perro estos días, para tus hijos. O para tu mujer. Tal vez para ti mismo. Un perro en casa, por Navidad.

Déjame contarte, porque de eso sé algo. He tenido cinco perros, así que calcula. Y no hay nada en el mundo como ellos. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. He dicho muchas veces que ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando uno de nosotros muere, no se pierde gran cosa. La vida me dio esa certeza. Pero cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio.

Es muy posible, naturalmente, que aciertes. Que, tras pensarlo bien, tomes la decisión y asumas las consecuencias con feliz resultado. Que comprar un perro para tus hijos, para tu mujer o para ti sea un acierto. Que su compañía cambie vuestra vida para bien. Que os haga más conscientes de ciertas cosas. A menudo, un perro acaba haciéndote mejor persona. Te hace sentir cosas que antes no sentías. Sin embargo, no siempre es así. Un perro en el lugar inadecuado puede volverse un drama. Una incomodidad para ti y los tuyos. Y una tragedia para él.

 
Permíteme imaginar lo que podría ocurrir. Que vayas a la tienda, elijas a un perrito delicioso, y eso te valga gritos de alegría y besos familiares. No hay nada tan simpático como un cachorrillo. Al principio todo serán incidentes graciosos y situaciones tiernas. Luego, si vives en piso pequeño o lugar inadecuado, las cosas pueden ser diferentes. Un perro exige cuidados, gastos, paseos, limpieza, comida. No aparece y desaparece cuando conviene. Es un miembro de la familia con derechos y necesidades, que exige pensar en él cuando se planean vacaciones, e incluso una simple salida al cine o a un restaurante. A eso añádele la educación. Un perro mal educado puede convertirse en una pesadilla familiar y social. Además, cada uno, como las personas, tiene su carácter. Punto de vista y maneras. Eso exige un respeto que no todos los humanos somos capaces de comprender.

A estas alturas, sabes dónde voy a parar. Si eres de esa materia miserable de la que estamos hechos buena parte de los seres humanos, acabarás abandonándolo. Un viaje en coche a un campo lejano, una gasolinera, una cuneta. Abrir la puerta para que baje y seguir tu camino, acelerando sin atender los ladridos del chucho que correrá tras el automóvil hasta quedar exhausto, desorientado, incapaz de comprender que su mundo acaba de romperse para siempre. El resto no hace falta que lo detalle, pues lo sabes de sobra: él nunca lo haría, y todo eso. Los niños preguntando dónde está el perrito, papi, y tú oyendo aún esos ladridos que dejabas atrás. Avergonzado de ti mismo, o tal vez no. Ya dije antes que un rasgo del perfecto hijo de puta es arreglárselas para que sus actos acaben por no avergonzarlo en absoluto. Así que voy a pedirte un favor. Por ti, por mí, por tus hijos. Antes de ir a la tienda de mascotas esta Navidad, mírate al espejo. Y si no te convence lo que ves, mejor les compras un peluche.

 

viernes, 28 de junio de 2013

ABIES MASJOANIS


“Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Flecha de fe, saeta de esperanza...
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales…”
(Gerardo Diego)

En casa hay árboles muy variados, pero desde que cortaron el viejo nogal (ver post) ninguno de ellos ha conseguido ser punto de encuentro de toda la manada. Ni el arce, ni el prunus, ni el olivo, ni el fresno, ni el laurel, ni el tilo… han conseguido sustituir al viejo nogal. Aunque yo sí tengo “mi” árbol. Es un abeto y me paso muchas horas bajo sus ramas. Lo escogí porque es el árbol más próximo al viejo nogal. Cuando lo cortaron yo era muy pequeña, apenas tenía 5 meses. Recuerdo la tristeza en los ojos de las más veteranas. Aquella noche, junto con mi hermano Ghost, que aún estaba en casa, nos acercamos a Kit para que nos contara cosas del viejo nogal. “Lo han cortado, -nos dijo Kit, pero no le han arrancado las raíces por si  toma nuevos bríos y decide volver con nosotros... Ojala en la primavera podamos ver brotes tiernos en su tronco carcomido…” Con la esperanza de que se cumplieran estas palabras, permanecí muchas horas bajo el abeto, mirando el tronco del viejo nogal, pero ya han pasado dos primaveras y el nogal sigue igual, sin vida. Otra de las razones por las que he escogido este abeto es por su situación estratégica. Desde aquí controlo el camino de acceso a casa. Huelo, oigo y veo a lo lejos y soy la primera en tomar decisiones en cada situación.

Hace dos años, la tala del nogal ante el Masjoanis. Hoy, Nina y "su" abeto.
Yo, tan curiosa como soy, nunca me había interesado por la historia de “mi” abeto, hasta que hace  unos días, apareció un “tesoro” enterrado en el pie del abeto. Sucedió que Venus (3 meses), en una de sus múltiples travesuras, le dijo a Swan (4 meses) que la ayudara a encontrar un “tesoro”. Se fueron a escarbar en el tronco de “mi” abeto. Yo estaba tumbada en el porche porque hacía mucho calor y las veía esforzarse. La pequeña Venus, todo músculo, era la que más interés ponía.  “La tierra está muy dura y pronto se cansarán de jugar” –pensé. Me quedé dormida hasta que oí un grito desde la casa: “què esteu fent!”. Venus huyó como una bala y Swan, detrás. Miré el tronco del abeto y vi un montón de tierra. Del agujero salía un cable negro blindado con un enchufe en la punta. ¿Qué significaba? ¿Cómo supo Venus que ese cable estaba allí? Viendo el “trabajo” que habían hecho las peques, pensé: “Nunca subestimes las capacidades de un cachorro y menos si son dos”

Nuestra familia salió de la casa y se enojó mucho al ver el resultado de la travesura. Llamaron a Venus y a Swan. Ésta, con la cola entre las patas, los miraba de lejos y no quiso acercarse. Venus, en cambio, muy obediente para ser tan cachorra, acudió enseguida a la llamada. Les saltó alegremente y les lamió la cara. Muy lista la muñequita. Nuestra familia quedó desarmada ante tantas muestras de cariño, como si no hubiera pasado nada. No hubo reprimenda. “Terremoto” Venus partió de viaje al día siguiente y espero que allá en Perú, junto a las hermosas playas de Trujillo, canalice tanta vitalidad y sea feliz.

Venus y Swan en busca del "tesoro" en el pie del abeto
Estos días he ido indagando y nadie de la manada sabía de la existencia de ese cable eléctrico. Hasta que hoy he podido hablar con Cap, el que más tiempo lleva en casa, y ha ido recordando poco a poco:

-          Cuando yo era muy pequeño, apenas tenía tres meses, ese abeto lo cargaron de bombillas de colores por Navidad y las enchufaron en ese cable eléctrico que habéis descubierto. Me dijeron que era el último año que lo iluminaban porque el abeto había crecido mucho y ya no alcanzaban a poner tantas bombillas. Por eso, en enero del 2002 enterraron el cable…

-          Mi amiga China me contó un día que ese abeto tiene mucho significado para nuestra familia humana. Lo plantaron el año 1991, un día en el que celebraron algo muy especial…

-          Ese abeto lo compraron muy pequeño y durante 10 años lo adornaron y fue el árbol de Navidad. Pero no es un abeto cualquiera, es un ABIES MASJOANIS, una especie de abeto descubierta hace apenas 60 años en una zona próxima.

2001: fue su último año como árbol de Navidad
-          Masjoan es una magnífica masía del siglo XII donde la familia Masferrer reside desde 1710, cuando Isidre Masferrer Corts (1684-1763) la compró a los entonces propietarios de apellido Masjoan, que decidieron probar fortuna en América. Masjoan está situada cerca del pueblo de Espinelves (Barcelona) en medio del Montseny-Guilleries. Esta masía destaca por su localización, ya que está rodeada de abetos y otros tipos de coníferas (58 especies diferentes) que se han preservado desde medianos del siglo XIX formando un importante arboretum al lado de la casa.

-          La familia Masferrer había introducido en la zona de Espinelves una gran variedad de árboles, entre ellos el “Abies Alba”, abeto autóctono del Montseny y montañas del sur de Europa y el “Abies Pinsapo”, abeto espontáneo de Andalucía. Entre los años 1950-1960, Nicolau Masferrer Pladelasala (1888-1962) y su hijo Jesús Masferrer Torrent (1918-2006) se dieron cuenta de que se había producido una hibridación natural entre las piñas de Abies Pinsapo con polen de Abies Alba, formando una nueva especie que heredaba las mejores cualidades de cada uno de sus antecesores. Jesús Masferrer se hizo cargo del descubrimiento y después de contactar con diferentes asociaciones científicas especializadas, se enviaron 500 ejemplares a Madrid para su certificación, donde se confirmó el descubrimiento. Este híbrido fue bautizado con el nombre de Abies Masjoanis (Abeto de Masjoan, según la declinación latina).

-          Cuando se hizo público y oficial el descubrimiento, se escribieron diversos artículos en la prensa especializada del momento, catalogando esta nueva especie como “el más bello árbol de navidad” o “el abeto más fuerte de Europa”.

El Abies Masjoanis en la actualidad. Tiene 22 años y mide unos 14 metros de altura.
Hoy estoy orgullosa de “mi” abeto, que ya tiene nombre: Masjoanis. Venus se fue al Perú sin saber el alcance de su última travesura. Pero gracias a su tozudez por encontrar “un tesoro”, yo he descubierto la historia de un árbol único. Su porte es piramidal, su tamaño podría alcanzar los 50 metros de altura. Sus ramas, más cortas conforme se asciende, tienden a orientarse hacia abajo. Su tronco es recto, cilíndrico, esbelto. Se trata de una de las más nobles coníferas. El Abies Masjoanis es un abeto ideal porque sólo pierde la hoja en rarísimas ocasiones y porque el entrecruzado de sus hojas asimétricas refleja unas incidencias de luz bellísimas.

 

(Fuente: http://www.masjoan.com/)

lunes, 31 de diciembre de 2012

FELIZ 2013

 
 


¡Feliz año nuevo 2013!

Mis mejores y más sinceros deseos de que la vida sea siempre un constante amanecer, lleno de esperanza, amor, tolerancia, ilusión y fe...

Aunque lejanos en la distancia, nos sentimos cercanos, unidos por un mismo sentimiento, de bellos momentos compartidos durante este año, que se está acabando...

Un abrazo y un brindis, desde aquí para tod@s. Gracias por haber estado conmigo en el 2012 y porque estaréis conmigo en el 2013.

¡FELIZ AÑO NUEVO!



miércoles, 26 de diciembre de 2012

AVENTURA HOSPITALARIA


Hace dos semanas apareció en los periódicos una noticia curiosa y esperanzadora para las personas que creen en los perros como terapia.

Giuseppe Buffone, un juez italiano de Varese (Italia), ha establecido un precedente importante para los animales y para quienes los aman. Emitió una sentencia en la que reconoce jurídicamente la relación afectiva entre las mascotas y los hombres. Por esto, autorizó que un perro visite a su dueña en un hospital.

Una señora, con graves patologías, tuvo que ser hospitalizada en una clínica y solicitó la compañía de su perro en la habitación, a lo que la Dirección de la clínica se negó rotundamente ya que no está permitida la entrada a animales.

La paciente recurrió a la Justicia y su solicitud llegó a manos del magistrado Buffone, que emitió una extensa sentencia, que se puede resumir en una sola frase: “El sentimiento por los animales constituye un valor y un interés garantizados por la Constitución”    
 

 
Precisamente hoy, una collie a quien conozco muy bien, me ha enviado la siguiente historia, la AVENTURA HOSPITALARIA de una familia que no tenían tiempo de recurrir a la Justicia y se saltaron las normas para que la  joven paciente pasara las Navidades en familia.

No hay duda de que los collies podemos influir en la salud de sus dueños sólo con estar ahí. Y podemos provocar respuestas positivas en personas desanimadas cuando los mejores esfuerzos de la familia y el personal médico no son suficientemente eficaces.

A continuación, la narración de mi amiga NORA. (Para preservar el anonimato de esta familia y sus dos collies, he cambiado los nombres de las protagonistas y no cito la ciudad ni el nombre del Hospital).
 

Hoy es domingo y ha salido un sol radiante como el de ayer. Usualmente los rayos de sol nos alegran, pero esta semana tenemos un motivo para darle la contra al día radiante. Extrañamos mucho a alguien de casa: María, que no está con nosotras.

El sábado pasado no quiso jugar conmigo por la tarde, prefirió quedarse echada en su cama. No la vi muy bien y subí a dormir un rato con ella. Cuando bajé y la invité a seguirme, ella se quedó allí con mucho dolor de estómago. Desde aquel momento sólo fue empeorando. El lunes se levantó muy temprano y se arregló para salir. Pensé que había decidido acompañar a la mamá a su trabajo pero cuando la vi noté que no iba muy arreglada, tenía cara de pena y estaba ida. No se despidió de ninguna de nosotras, como siempre lo hace cuando se dirige a la puerta. Así que yo fui por detrás y me abracé a su pierna mientras NADIA, a mi lado, le ladró reclamándola.

- Disculpadme rubitas, me estaba olvidando de despedirme -nos dijo, acariciándonos las cabezas.

Pero yo seguía abrazada a su pierna, algo me decía que debía despedirme bien de “mi niña”. Sexto sentido de collie.

- Nora, me tengo que ir, me va a ver un médico ahora y luego estaré mejor, para jugar con los peluches ¿vale?  -y nos sonrió cerrando la puerta tras de ella.

-  Nadia, MARÍA no está bien...

- Pero la van a curar, ¿recuerdas que hace unos meses también estuvo así y se curó?

- Sí, pero no estaba tan mal...

Llegó la hora de la comida y no volvía, ya era la hora en que la mamá regresa de su trabajo y tampoco llegaba. Nadia y yo vigilábamos desde la ventana. La espera se prolongó muchas horas más, hasta que hubo una llamada y la casa se llenó de un clima de tensión, ¿qué había pasado? ¿por qué no nos decían nada?  Las dos nos pusimos en alerta para escuchar algo. Pero no fue hasta la medianoche cuando pudimos enterarnos. La mamá llegó a esa hora y nos tenía preparada una mala noticia: María no vendría a casa hasta dentro de unos días.

- ¿Se ha ido de viaje sin mi? En ningún momento la vi arreglando su maleta, ¿a dónde se fue? -exclamé molesta.

Al ver nuestras caritas de pena, la mamá se encargó de explicarnos que no se había ido de vacaciones, sino que los médicos del hospital necesitaban verla continuamente para saber qué tiene y así poder curarla más pronto.

En un inicio la mamá nos dijo que serían un par de días, pero no fue así. Los días seguían pasando y no regresaba. No obstante, cada noche ella nos contaba sobre cómo estaba María, que no podía comer pero la hacían comer de un modo "diferente", que tenía una habitación para ella sola pues la cama de al lado no estaba ocupada, que le habían llegado muchas flores, un globo en forma de corazón y un peluche de perrito…”Cuando regrese ¿a quién se lo dará? Ojala que a mi”, pensé.

La mamá nos contó también que María estaba preocupada por nosotras, que nos extrañaba mucho, pero que sabía que entendíamos por qué no estaba en casa. Yo creo que lo decía más por Nadia, que no había querido comer en modo de protesta, y quien pasaba las noches sollozando.


 
Llegó el fin de semana y no había anuncio de retorno. Notábamos que cada día la mamá regresaba más cansada y con menos ganas de hablar. El sábado fue a visitarla su abuelita y al retornar tenía ojos de vidrio. A los humanos se les nota fácilmente cuando han llorado. Nadia le escuchó comentar que María estaba muy triste, que no podía levantarse de su cama y que no tenía ánimos de nada. Y María no es así, ¿qué está pasando con ella?.

- Nora, ¿y si María nunca regresa?

- No seas pesimista Nadia, eso no va a suceder, es sólo que tiene que estar muy sana y recuperada para volver aquí.

Yo trataba de ser positiva para Nadia, pero en el fondo yo también tenía ese miedo. Ya he vivido antes el no volver a ver, sentir, oler a alguien y es muy difícil, no quiero que me suceda de nuevo, ¡me he acostumbrando tanto a ella! La extrañaba mucho. Ahora no había quién me dijera "Nora, Noraaaaa”, cuando ladraba a los pájaros, así que ni de ladrar tenía ganas. No estaba la María que me lanzaba los peluches para jugar, que dormía conmigo la siesta, que me abrazaba fuerte diciendo que estoy gordita, que soy hermosa, que soy su amor…

Ayer por la noche la mamá llamó por teléfono a su mejor amiga, que trabaja en el Hospital. No pude seguir toda la conversación, pero estaba muy angustiada: “María no acaba de mejorar y no quieren darle el alta… El martes es Navidad y quiero que esté en casa… Ella está muy triste y desanimada… Echa de menos a sus collies… Tengo un plan y me has de ayudar… Sí, ningún enfermo puede salir del Hospital sin autorización… Sí, ya sé que es una locura y que te puede caer una sanción, pero es por el bien de María… Tantos días en esa habitación la está agobiando y si no la ayudamos, se pondrá peor… Ya sabes como es ella, necesita sol y aire… Y, sobre todo, necesita a Nadia y a Nora…” 

Hoy es domingo, como decía, y la mamá se ha despertado con mucha energía que nos contagió a todas. De pronto, después del desayuno, una gran noticia:

- Chicas, ¡hoy nos iremos de paseo!

¿Cómo es que la mamá quiere salir a pasear cuando María está solita en otro lugar? Teníamos muchas dudas.

Nos pusieron la correa y fuimos hacia la puerta. En el coche, al volante, estaba el padre de María. Subimos rápidamente, nos acomodamos al lado de la mamá en los asientos traseros, y nos marchamos. El camino era el mismo que tomamos cuando nos vamos al campo a correr, pero no han traído ningún juguete. No importa, jugaremos a correr juntos y a saltar.

- Nora, ni te imaginas a donde vamos… -me dijo con una sonrisa enorme la mamá. La miré con cara de sorprendida.

A mitad de camino el coche se detuvo frente a una puerta de reja de un lugar muy, muy grande.

- Tumbadas en el suelo y sin moverse. No os puede ver nadie –nos ordenó la mamá.

 A medida que íbamos entrando pude ver el edificio... ¡esto es el Hospital! Debo reconocer que el hospital no me gusta. Tiene vibraciones de todo tipo, buenas y malas, pero todas son muy fuertes y abrumadoras.

La mamá bajó del coche al pasar frente a una de las puertas del edificio, y nosotras seguimos avanzando por una calzada interna hasta llegar a un aparcamiento muy grande y alejado. Esta zona parece olvidada, las plantas no están bien cuidadas y nadie aparca por aquí, está desolado. Lo mejor son unos árboles de eucalipto, ¡cuánto me gusta ese olor!

El papá estacionó el coche.

- Aquí esperamos, pero no podéis bajar porque no os pueden ver –nos dijo

Pasaban los minutos y estábamos ansiosas, dábamos vueltas en el asiento de atrás, mirábamos hacia un lado y hacia otro... ¿por dónde vendría la mamá? ¿por qué se retrasaba tanto?


 
De pronto vi dos siluetas venir desde lejos por el estacionamiento, ¡eran ellas, las mamitas! La mamá venía disfrazada y parecía una médica.  María venía sentada, y rodando, empujada por la mamá. Ya he visto eso antes, le llaman silla de ruedas, es muy literal el nombre. La gente que lo usa es porque no puede caminar, ¿tan mal está María? ¿Cómo vamos a jugar juntas?

Se iba acercando y pude ver cómo me sonreía, yo movía mi cola en vaivén, ¡Qué alegría verla! Estaba vestida de blanco y tenía una manta cubriéndole los brazos, su rostro estaba diferente, más delgado, y su cabello recogido.

- ¡Hola mis rubitas bellas! - cuánto había extrañado esa voz...

Rasqué la ventana con mi pata, ¡bajadme pronto! La mamá “aparcó” a María delante del coche y abrió la puerta para que bajáramos. Me acerqué a toda velocidad, me agaché como cuando la invito a jugar y cuando estaba a punto de subirme sobre ella, pensé en lo débil que se veía, así que solo me senté a su lado. Quería decirle tantas cosas, cuando recordé una de sus frases favoritas: “el amor es más puro en silencio"

La silla de ruedas era muy fría, pero apoyé mi cabeza en ella para que María me pudiera tocar mejor.

- Ja, ja, ja, no hay orejas, ¿dónde están las orejitas Nora? -siempre nos dice eso cuando las ponemos en total sumisión.

- Os hecho mucho de menos... ¿os estáis portando bien, verdad?

Yo cerraba mis ojitos, quería sentir mejor su olor y guardarme su voz para más días... ¿cuánto tiempo más no la tendremos en casa?

- Ya estoy un poco mejor, rubitas bellas, seguro que en unos días regreso a casa e iremos a correr juntas.

Mientras hablaba yo me pegaba más a ella y cerraba mis ojos, no pude evitarlo y algunos quejiditos se escucharon, muy bajitos, como asintiendo que eso haremos, que iremos al campo juntas, aunque ella tenga que ir en esa silla...

- Mamá... ¿Es increíble, no? No ladran, ni saltan, ni hacen sonidos, como para pasar desapercibidas ¿tú les has dicho algo?

- No, pero ellas se dan cuenta.

Sexto sentido, María. Empecé a lamerle la mano con la que me acariciaba, solo una que sacaba de debajo de la manta. ¿Dónde estaba su otro brazo? Intenté buscarlo y le hacía cosquillas.

- Ja, ja, ja, no, Nora, no me hagas así, no puedo sacar el otro brazo -pero yo seguía intentando.

- Yo las sujeto, tú enséñales qué tienes para que entiendan por qué no las puedes acariciar con la otra mano - le dijo la mamá

Me cogieron de la correa, y a medida que María se descubría, vi un laberinto de mangueras. No eran como las que usan en casa para regar el jardín, estas eran transparentes y muy finas, e iban conectadas a unos frascos. Tenía tres, se veían pesados, y muchas mangueras, las cuales seguí a ver donde terminaban y cuando acabó de destaparse su otro brazo, pude ver que... ¡estaban conectadas a María! No me gustó eso, pobre María, ¿la estaban llenando de agua o se la estaban quitando?

- Por aquí es por donde me alimento, eso va directo a mis venas y no lo puedo mover porque sino se bloquea el circuito y la enfermera me lo tiene que poner de nuevo, y duele un poquito.

Entendí a la perfección lo de "comer diferente" que me había contado la mamá, y no pensaba acercarme a eso, esperé que se tapara para irme hacia su lado nuevamente.

Me puse a inspeccionar la silla, tenía olores diversos, no eran agradables, además todo este lugar tenía el olor similar a las herramientas que usa el veterinario.

- No os preocupéis rubitas, cuando vaya a casa ya no usaré esto, es sólo que ahora me duele cuando camino.

- Cinco minutos más y nos vamos -dijo la mamá

Que sean los cinco minutos más largos, deseé. Mientras me acariciada, miré repetidas veces a los ojos de María, ella sabe leer nuestras miradas, su sonrisa me lo confirmaba.

- Adiós hermosas, portaros bien. Os quiero mucho -y se agachó a besarnos, pero le dolió al hacerlo y se detuvo. Nos pusimos a su altura y la lamimos. Con este gesto logramos hacerla sonreír de nuevo.

Subimos al coche y esperamos allí a que mamá la llevara de vuelta a su habitación. La mamá se había puesto una bata de médico que le había dejado su amiga cómplice, para pasar desapercibida.

El papá contestó una llamada y avanzamos, la mamá ya nos esperaba nuevamente en la puerta, sin la bata del delito. El camino de regreso a casa, lo hice recostada, sobre sus piernas.

- Sois maravillosas, sois la mejor terapia, la estáis haciendo muy feliz -nos decía, mientras me hacía en el lomo los masajes que tanto me gustan.

Llegamos a casa y Nadia exclamó:

- Que linda aventura la de hoy.

- ¡La mejor de todas! –le contesté.

 - No sólo una aventura, la mamá me ha dicho que esto ha sido una travesura a gran escala.

- ¿Travesura?, pero si nos hemos portado muy bien.

- No por eso, sino porque están prohibidos los perros en los Hospitales. Pero María nos necesitaba.

- Eso es injusto, los collies sabemos estar a la altura y podemos ayudar a curar a nuestros dueños enfermos.

- No, Nora, ningún perro puede acceder al Hospital, ningún animal. Por eso fuimos a ese aparcamiento apartado, porque entramos en secreto -me respondió

- Es decir que... hemos sido agentes encubiertas.

- Así es, hoy hemos sido agentes de felicidad encubiertas.

Esa noche dormimos muy bien, con el corazón contento y muy satisfechas de nuestro comportamiento y de la arriesgada valentía de la mamá de María.

La AVENTURA HOSPITALARIA valió la pena y lo conseguimos. Se hizo el milagro y, a pesar de su incredulidad,  los médicos le dieron el alta a María y hemos podido pasar la Navidad juntas. Ha de hacer un régimen especial y debe cuidarse mucho para no recaer y nosotras estamos dispuestas a ayudarla. Ella, siempre muy detallista, ayer nos hizo regalos. Pero el mejor regalo para nosotras fue ella misma y volver a estar juntas.
 
 

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA DANZA DEL AMOR


“La danza habla del amor. Habla de un vínculo mutuo y total y excepcionalmente privado y habla del tipo de conexión que es casi desconocida en las relaciones humanas porque esencialmente no implica palabras. No es siempre una danza suave y sin fisuras y no siempre es fácil o grácil (el amor puede ser una experiencia conflictiva e incierta, no importa qué especie implique) pero no es menos válida porque uno de los bailarines dance sobre cuatro patas”

(Caroline Knapp, “Pack of Two”)

 

Soy LLUM y, como cada año por estas fechas, traspaso el “Puente del Arco Iris” y me paseo por vuestro mundo humano convertida en Ángel. Hoy utilizo “mi” Blog para desvelaros nuevos episodios de nuestra vida en “El Más Allá”, al otro lado del “Puente del Arco Iris”…

Por estas fechas de Navidad, tan entrañables para los humanos, los collies nos acordamos mucho de las personas que tanto nos amaron en nuestra vida terrenal. Y lo hacemos con LA DANZA DEL AMOR… Nos reunimos todos en un lugar mágico y los recién llegados recuerdan y explican sus experiencias  con su respectiva familia humana. Hablamos de las significativas, misteriosas y algunas veces altamente complicadas danzas que ocurren entre los collies y sus respectivos dueños o dueñas… Hablamos “de un vínculo mutuo y total y excepcionalmente privado, del tipo de conexión que es casi desconocida en las relaciones humanas porque esencialmente no implica palabras…”

Algunos ojos brillantes, muchas miradas tristes, perdidas… Todos recordamos con cariño la vida compartida con nuestra familia humana. Sabemos que no fuimos un amor canino más de vuestra vida, que engrandecimos vuestro corazón y llenamos de alegría vuestro hogar. Aunque algunas personas nos puedan olvidar, aquí eso es imposible y seguimos con interés vuestro día a día.

Eros es un macho de color arena que vivió una vida larga y muy intensa junto a Patricia. Hace ya unos meses que pasó el Puente del Arco Iris y Patricia, que no puede olvidarse de él, escribía:

“Durante once años y medio Eros y yo bailamos juntos, algunas veces con tanta claridad y proximidad que era como moverse como un solo ente, algunas veces pisándonos los pies. Éramos compañeros del alma y mejores amigos… Por razones que no comprendo parecía quererme tanto como yo a él. Mi vida estaba vinculada a la de Eros en todos los sentidos. Eros era lo primero que veía por la mañana, cuando me daba con el hocico en el brazo después de que sonase el despertador, y lo último que veía por la noche mientras acariciaba su cabeza al quedarme dormida...”

Aunque ahora convive con otro collie, Patricia todavía echa de menos a Eros. Hay días ocasionales en los que aún llora desconsolada. Pero esos días cada vez son menos frecuentes y parece como si en su corazón Eros y ella estuvieran pasando página. Ambos se apoyan y se impulsan mutuamente en sus sueños, una hermosa Danza del Amor.


 
La Danza del Amor nació con el mundo, fue una forma de comunicación y es la expresión de los seres vivos. La Danza del Amor es pasión, es vida...

La respuesta a la pregunta que os hacéis las personas de por qué queréis tanto a los perros, es compleja. Es cierto que os proporcionamos “amor incondicional” o “aprecio positivo sin juzgaros”. La naturaleza alegre y cariñosa de los collies os proporciona una pureza de emoción difícil de encontrar en otros lugares. Pero se habría de contestar a esa pregunta con mayor profundidad. Tal vez vuestro amor por los collies y nuestro amor por las personas sea demasiado complejo para explicarlo solo con un factor. Parece más probable que el vínculo especial que los humanos mantenéis con los perros sea el resultado de una combinación de muchas cosas y factores, reunidos en una Danza de Amor y devoción.

Baila con tu collie. Aquí y allá. Hoy y siempre. Y no tengas miedo porque en la Danza del Amor no importa que los pasos no salgan perfectos. Sostenidos por el amor, brota la confianza y vuestra vida se moverá con alegría al ritmo de la Danza que recrea y enamora.

Como dijo Einstein: Todo danza al son de una misteriosa melodía, interpretada por un ejecutante invisible”.

FELIZ NAVIDAD