lunes, 30 de diciembre de 2013

CAMPANADAS DE MEDIANOCHE


El año 2013 se nos va. Los humanos que conozco dicen que no ha sido un buen año. Dicen que el paro sigue siendo un azote para la sociedad y que han continuado los recortes en todo lo recortable: salud, educación, ciencia, dependencia y pensiones.

No son buenos tiempos para casi nadie, pero es muy triste para un collie, que sentimos una gran debilidad por los niños, escuchar que son muchos los que lo están pasando mal. Vivo en un país del primer mundo, donde millones de niños pasan hambre y frío, y eso, señores que mandan aquí, allí, bajo cualquier sigla y en cualquier Comunidad Autónoma, es una ignominia que no debería dejarles dormir por las noches.



Pero a pesar de tanta corrupción e ineptitud de los que gobiernan este país, yo no quiero escribir un post para la desesperanza. Mi mundo, pequeño pero mío, es hoy más rico que hace un año, gracias al corazón de quienes tanto pusieron a cambio de nada.

Continúan cerca de mí los que siempre están, collies y humanos. Y se han añadido entrañables personas nuevas que me reconcilian con este mundo humano tan difícil de entender.

Porque el mundo de los humanos es injusto muchas veces, demasiadas. Pero aún así, las collies soñadoras sólo sabemos soñar y creer que la utopía es posible, aún en la mayor de las desesperanzas. Porque sin sueños la vida no tiene ningún sentido. Por ello, para el 2014, voy a hacer caso a mi abuela Jolie: Sueña lo que tú quieras soñar. Ve a donde tú quieras ir. Sé lo que tú quieras ser. Porque sólo tienes una vida y una oportunidad, para hacer todas las cosas que quieres hacer”.
 
El campanario de la iglesia del pueblo. Estas son las campanas que darán la bienvenida al 2014

Este año, para las campanadas de medianoche, abandonaré mi habitual lugar bajo el abeto y me tumbaré en medio del prado, mirando al cielo. No tomaré las doce uvas, yo contaré estrellas. Sé que habrán fuegos artificiales, pero no me impedirán seguir contando. El firmamento es muy grande y se ve desde todas partes. A través del brillo de las estrellas os envío a todos mis mejores deseos y las vibraciones más positivas para el 2014. Que seamos capaces de encontrar el camino y que no nos falte valor, corazón e inteligencia. Y cuando las campanas dejen de sonar en el campanario del pueblo, yo seguiré contando estrellas hasta el amanecer para coincidir con los collies y personas del otro lado del océano, con horario diferente. A esa hora, a algunas estrellas ya les habré puesto nombre. Buscad las que cumplan mejor vuestras expectativas: “Ilusión”, “Amor”, “Trabajo”, “Salud”, “Energía”, “Paz”, “Tolerancia”, “Alegría”, “Romanticismo”, “Libertad”, “Sueños”, “Proyectos”, “Esperanzas”, “Miradas”, “Besos”, “Sonrisas”, “Momentos”…

Por mucho que lo he intentado, mis patas no pueden sujetar la copa para brindar, pero la vida de un collie es un amor muy grande y os puedo estrechar a todos en un abrazo y desearos un Gran Año 2014




viernes, 13 de diciembre de 2013

NAVIDAD: “NO COMPRES ESE PERRO”

 


NO COMPRES ESE PERRO


No seas imbécil. Ni desaprensivo. No hagas posible que dentro de unos meses algunos te mentemos a la madre al cruzarnos con el resultado de tu indiferencia y tu estupidez. Piénsalo mucho antes de dar el paso irreversible; de complicarte una vida que luego pretenderás solucionar por el camino más fácil. Aún puedes evitarlo. Impedir que te despreciemos, e incluso despreciarte a ti mismo cuando te mires en el espejo. Ya sé, de todas formas, que el autodesprecio es relativo. Tarde o temprano, hasta con las mayores atrocidades en la mochila, siempre nos las apañamos para ingeniar coartadas, justificaciones. Conozco a pocos que, hagan lo que hagan -desde faenas elementales hasta cargarse al prójimo-, no acaben durmiendo a pierna suelta tras unos pocos ejercicios de terapia personal. Aun así, permite que te lo explique antes de que ocurra, primero, y después se te olvide. Resumiendo: intenta no convertirte, innecesariamente, en un hijo de la gran puta.

Sé que tus niños quieren un perro. Que les hace una ilusión enorme y te dan la matraca desde hace mucho. Que tu hija, por ejemplo, te hace babear cuando te abraza y pide una mascota. O que te acabas de separar de tu legítima, y crees que regalándole al crío un animal, y paseando con él los fines de semana, podrás recuperar el terreno perdido, o no perderlo en el futuro. Hay mil razones, supongo. Un montón de circunstancias por las que has pensado comprar un perro estos días, para tus hijos. O para tu mujer. Tal vez para ti mismo. Un perro en casa, por Navidad.

Déjame contarte, porque de eso sé algo. He tenido cinco perros, así que calcula. Y no hay nada en el mundo como ellos. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. He dicho muchas veces que ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando uno de nosotros muere, no se pierde gran cosa. La vida me dio esa certeza. Pero cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio.

Es muy posible, naturalmente, que aciertes. Que, tras pensarlo bien, tomes la decisión y asumas las consecuencias con feliz resultado. Que comprar un perro para tus hijos, para tu mujer o para ti sea un acierto. Que su compañía cambie vuestra vida para bien. Que os haga más conscientes de ciertas cosas. A menudo, un perro acaba haciéndote mejor persona. Te hace sentir cosas que antes no sentías. Sin embargo, no siempre es así. Un perro en el lugar inadecuado puede volverse un drama. Una incomodidad para ti y los tuyos. Y una tragedia para él.

 
Permíteme imaginar lo que podría ocurrir. Que vayas a la tienda, elijas a un perrito delicioso, y eso te valga gritos de alegría y besos familiares. No hay nada tan simpático como un cachorrillo. Al principio todo serán incidentes graciosos y situaciones tiernas. Luego, si vives en piso pequeño o lugar inadecuado, las cosas pueden ser diferentes. Un perro exige cuidados, gastos, paseos, limpieza, comida. No aparece y desaparece cuando conviene. Es un miembro de la familia con derechos y necesidades, que exige pensar en él cuando se planean vacaciones, e incluso una simple salida al cine o a un restaurante. A eso añádele la educación. Un perro mal educado puede convertirse en una pesadilla familiar y social. Además, cada uno, como las personas, tiene su carácter. Punto de vista y maneras. Eso exige un respeto que no todos los humanos somos capaces de comprender.

A estas alturas, sabes dónde voy a parar. Si eres de esa materia miserable de la que estamos hechos buena parte de los seres humanos, acabarás abandonándolo. Un viaje en coche a un campo lejano, una gasolinera, una cuneta. Abrir la puerta para que baje y seguir tu camino, acelerando sin atender los ladridos del chucho que correrá tras el automóvil hasta quedar exhausto, desorientado, incapaz de comprender que su mundo acaba de romperse para siempre. El resto no hace falta que lo detalle, pues lo sabes de sobra: él nunca lo haría, y todo eso. Los niños preguntando dónde está el perrito, papi, y tú oyendo aún esos ladridos que dejabas atrás. Avergonzado de ti mismo, o tal vez no. Ya dije antes que un rasgo del perfecto hijo de puta es arreglárselas para que sus actos acaben por no avergonzarlo en absoluto. Así que voy a pedirte un favor. Por ti, por mí, por tus hijos. Antes de ir a la tienda de mascotas esta Navidad, mírate al espejo. Y si no te convence lo que ves, mejor les compras un peluche.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

HUMANIZAR AL COLLIE


Mi hermano Ghost tiene muchas amigas y amigos humanos. Una de estas personas es María José, de quien siempre me cuenta maravillas. La conoció en Perú, aunque ahora ella se ha trasladado a vivir a Chile con JP, Ama y su collie Cocó.  Un día Ghost me dijo que leyera un comentario de María José en su Facebook:

“Veo en Cocó un amor que desborda por cada poro. Cuando me mira nos entendemos, es dulce, suave, calmada, sabia.
Cocó y yo nos fusionamos, ella es un miembro más de mi familia. No la veo como “hija”, ni “hermana de mi hija”, ella es un perro. Pero nuestras mascotas son parte de nuestra familia, otra especie, pero parte de ella y tan importantes como cualquier otro miembro. Pienso que al verla como hija, le haría mas daño que bien. Nosotros debemos entender que los collies tienen necesidades distintas a las nuestras, como salir a caminar sin importar el tamaño de nuestra casa, esto por un asunto de que ellos viven en manadas y toda manada necesita un líder. Esto a la larga les ayuda a sentir que estamos acá para cuidarlos y protegerlos. Su psicología es distinta a la nuestra, no saco nada con decirle amablemente “mi amorcito linda preciosa, no vuelva a hacer pis ahí”. Eso es humanizarla, cuando es primordial recordar que primero son perro, luego collie y después “Cocó”. Sus madres no hacen eso cuando ellos se portan mal. Pero también, al ser miembro de esta familia, le doy el mismo interés a su salud, alimentación, educación y felicidad que le dedico a cualquier otro miembro. Me doy cuenta cuando no se siente bien y vivo su malestar junto con ella, igualmente cuando ella está feliz, me hace inmensamente feliz a mi también…”



Hay personas que tienen tendencia a atribuir actitudes humanas a algunos animales. Los perros somos de los animales a quien más se nos ha humanizado y no somos seres humanos. El ver y tratar a un collie como un ser humano es uno de los errores más frecuentes que cometen las personas al relacionarse con nosotros.
Es una equivocación tratarnos como si fuéramos personas y ello podría derivar en problemas de convivencia. En muchos aspectos, tenemos necesidades distintas a las humanas. Aunque también es cierto, que en otras facetas, nos parecemos más a las personas de lo que creéis. La actitud correcta que debéis tomar los humanos es ser conscientes de las diferencias y semejanzas, para poder tolerar, respetar y disfrutar de la convivencia con nosotros.

¿Cómo podéis tratarnos como parte de vuestra familia sin humanizarnos? Pues bien, no es tan complicado. Para nosotros, los humanos no sois más que perros muy feos que camináis a dos patas todo el tiempo. Así que está en vuestras manos comprender el comportamiento canino para mantener una mejor relación con nosotros.

El hombre suele tener un ligero o gran complejo de rey de la naturaleza. Todo debe ser a su conveniencia, todo debe adaptarse a sus necesidades y todo tiene explicación, siempre desde su punto de vista. En relación al collie, suele pretender convertirnos en un ser a su imagen y semejanza humana, pero sin sus defectos y con todas las virtudes. Nos exige la perfección, que no tengamos el más mínimo fallo y que no causemos el menor conflicto.

Aunque consiguiéramos ser un “perro perfecto”, nunca seremos “humanos”. Los collies necesitamos que las personas comprendáis que somos perros y que no nacemos leyendo vuestra mente o entendiendo lo que queréis. Nuestros procesos de pensamiento son diferentes a los humanos. Y, a diferencia de vosotros, siempre vivimos en el presente, por lo cual no podéis esperar que pensemos en otros momentos. Carecemos de moral, no entendemos de maldad o bondad. Tampoco podemos desplazarnos mentalmente atrás en el tiempo ni pensar en abstracto.

 
Somos “animales sociales” como los humanos, pero los perros necesitamos una buena educación desde cachorros. Es muy importante y, para lograrlo, hay que tener en cuenta que no pensamos como vosotros, y no somos un niño. Uno más en la familia. Sí somos uno más, pero diferentes, con sus ventajas y sus inconvenientes. Con el tiempo y mucha paciencia, podéis llegar a conocer cómo sentimos y actuamos, y lograr una buena comunicación y entendimiento.

Son muchas las personas que aman a los perros, que nos consideran como amigos y familia, que quieren saber lo que nos pasa por la cabeza, igual que en las relaciones que mantienen con otras personas. Pero no necesitáis pensar en nosotros como “personitas peludas” para querer entender en qué medida nuestra vida emocional se parece a la vuestra. Debéis olvidar la idea de que vivís con humanos peludos, que no sabemos hablar y que andamos a cuatro patas. Hay que encontrar el equilibrio. Si asumís y respetáis que los collies somos perros, las diferencias existentes enriquecerán nuestra relación y la convivencia será satisfactoria y sin problemas.

 

lunes, 18 de noviembre de 2013

CAMBIO DE DENTADURA


Cuando este Blog lo escribía Kit, yo siempre estaba a su lado para aprender, porque me despertaba mucha curiosidad todo este mundo virtual de conexiones y mensajes… La separación de mi hermano Ghost cuando se fue al Perú, me dejó un gran vacío que solucioné, en parte, con la tecnología de los humanos. Aprendí a chatear y así nos mantenemos en contacto. Y lo mismo hago ahora con algunos de mis hijos, que me mantienen informada de sus aventuras y desventuras, de sus travesuras, de sus progresos…

Estos últimos días, uno de los temas del chat con mis hijos es…los dientes.

 
“Tengo dolor de boca –me decía hace unos días mi hijo tricolor-. Mis dientes se caen sin razón alguna  y son sustituidos por otros. Un molesto misterio…”

No es ningún misterio. Kross acaba de cumplir 4 meses y está cambiando su dentadura “de leche” ahora, entre los tres y los seis meses de edad.

De adultos, nuestra fórmula dentaria está compuesta por 42 piezas. En la mandíbula superior tenemos seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y cuatro molares, dispuestos de forma simétrica a derecha e izquierda. Y en la mandíbula inferior tenemos seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y seis molares (dos más que en la superior).

“Cuando mi familia humana no está en casa, - es otro de mis hijos quien me contó esta historia-, las horas que estoy solo parecen años. Aunque siempre me dejan en la terraza con toda clase de juguetes para entretenerme, ayer, mi mamá humana salió precipitadamente.  “Voy un momento al super, vuelvo enseguida” – me dijo. Pero se encontró con su amiga Maruja y tardó más de tres horas en volver.

Y yo sin saber qué hacer, mirando los juguetes tras la puerta cerrada de la terraza. Hasta que delante de mí apareció aquel bastón alargado, compacto y sugerente (que luego me enteré que los humanos llaman “pata” y a la estructura a la que pertenece, “mesa”). Allí estaba yo, con todo el aburrimiento del mundo, con un incómodo dolor de boca y con una sugerente pata de mesa delante de mi nariz.

Le di unas oliditas, pasé mi lengua y le clavé los dientes… Era de madera, no como la de la terraza que era de hierro. Fue un placer para mis piezas dentales. Como ella estaba de cháchara y tardaba en venir, me tumbé cómodamente, incliné mi cabeza y me dispuse a disfrutar de ese gran descubrimiento: una pata de mesa de madera.

Cachorro de 3 meses y medio. Cambio de los incisivos. 
 
Sumido estaba en tan placentera y reconfortante actividad cuando entró mi humana cargada con las bolsas de interesantes olores. Me dirigí a ella moviendo la cola en señal de alegría. La soledad había terminado. Ella dejó las bolsas y se dedicó a acariciarme y a emitir esas palabras que tanto placer me producen.

Tras un rato de intercambio afectivo, me fui hacia el comedor. Ella me siguió hasta donde estaba la mesa y… “¡Nooooooooooooo!”. Vaya grito. Me quedé paralizado. Se acercó como una fiera hacia la pata. Yo pensé que a lo mejor también le gustaba a ella esa estructura de madera para desahogar alguno de sus problemas. Pero no. Comenzó a increparme y a chillarme y, lo peor: me agarró con fuerza y estampó mi cara contra la pata de la mesa.

Yo no entendía nada. ¿Qué quería decirme? Me estaba agobiando muchísimo y se me escapó todo el pis que llevaba acumulado tras varias horas…”

Todos los cachorros cometen errores, pero los humanos también. Y en esta historia, la mamá humana se equivocó. Si alguien de la familia humana encuentra que su collie ha hecho un destrozo en su ausencia, no hay que regañarlo, ni gritarlo, pues esto sólo lo pondrá nervioso y no sabrá la razón del problema ni por qué se le riñe.

Cachorro de 5 meses. En el círculo 1 ya se ha caído el canino de leche desplazado por el canino definitivo. En el círculo 2 todavía conviven el canino de leche (el más largo) y el definitivo que ya aparece.
 
Un cachorro de collie es inagotable y agotador. Cuando no duerme, su estado de ánimo puede oscilar de las más absolutas tranquilidad y pasividad a una frenética actividad que ponga a prueba la estabilidad física y mental de la familia humana.

Siempre hay que ser paciente con un cachorro, pero en la época del cambio de dentadura, mucho más. Que un cachorro a esta edad deje su recuerdo en cojines, zapatos, muebles, plantas, etc. es debido al proceso natural de la dentición. Los dientes llamados "de leche", son sustituidos por los dientes de adulto, y el mordisquear sirve para mitigar las molestias y ayudar a que el nuevo diente traspase la encía.

Son los humanos quienes deben tomar medidas para evitar las tentaciones de su collie, no dejando a su alcance exquisitos bocados para sus dientes. Y teniendo siempre en cuenta que un cachorro de collie puede ser muy astuto para alcanzar las cosas que le interesan.

Además de dejar fuera de su alcance lo que no debe tocar, es necesario darle satisfacción a sus dientes, pues los cachorros tienen que aliviar el dolor de sus encías, por lo tanto es necesario proporcionarle juguetes especiales para morder, así no tendrá que utilizar sus dientes sobre objetos prohibidos.

 
El cambio de dentadura es un proceso natural. Mordisquear en este período tan importante en la vida de un cachorro no es signo de destrucción o rebeldía. Hay que comprender el proceso de dentición y orientar esa necesidad del cachorro de morder, hacia juguetes de material apropiado. Sin olvidar que el cachorro que recibe una adecuada atención, que hace suficiente ejercicio, juega y se cansa, siente menos ganas de mordisquear.
 
 
 
 
 

 

viernes, 18 de octubre de 2013

CÁNCER DE MAMA: UN COBARDE, UNA VALIENTE Y SU COLLIE


Mañana  sábado, 19 de Octubre, es el Día Mundial del Cáncer de Mama. El cáncer de mama es el tumor más frecuente entre las mujeres occidentales, afectando en Europa a 370.000 personas anualmente y a 230.000 en América. Con esta jornada se pretende que todas las mujeres tomen conciencia de que un diagnóstico a tiempo es la mejor solución para las pacientes, porque según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 30 segundos, en algún lugar del mundo, se diagnostica un cáncer de mama. En España cada año se detectan cerca de 16.000 nuevos casos.

 
Mi solidaridad, apoyo, esperanza, ilusión y optimismo a todas las mujeres afectadas. Ánimos. Sí se puede. Como Laura.

Conocí a Laura el pasado mes de agosto. Vino a visitarnos con su inseparable collie Viky, nacida en casa hace 4 años. Yo estaba con mis cachorros. Mientras Laura los acariciaba y hablaba con mi familia, yo charlaba con Viky. Bueno, de hecho, fue ella la que habló y me contó su ajetreada vida:

Tenía 2 meses y medio cuando Laura me llevó a su recién estrenada casa en una urbanización de Sant Cugat, cerca de Barcelona. Ella fue una estudiante brillante y cuando terminó en ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas), varias empresas la querían en su equipo y le ofrecieron trabajo. Ella solo les puso una condición: “Tengo una collie y quiero vivir en una casa con jardín, fuera de la gran ciudad”

Crecí deprisa y durante ese primer año entre Laura y yo se estableció un profundo cariño, además de una recíproca sensación de confianza. Por eso quedé muy sorprendida cuando se enamoró de Pere con tanta rapidez.

Lo trajo a casa, y enseguida noté que él, como ella, olía a pasión. No tuvo tiempo de presentármelo. Actuaron de manera extraña, como si la ropa se interpusiera entre ambos, se apretujaron, mordiendo labios, enmarañando cabellos. Cayeron sobre la cama. Puños cerrados sobre las sábanas, espaldas arqueadas y gritos de placer.

Cuando ella se levantó y se fue al cuarto de baño, él me acarició la cabeza, que yo tenía muy cerca de la cama. Apenas pasaba del año y aún era inmadura y todos esos gritos me habían intimidado un poco. Me dijo: “No te importa que yo también la ame, ¿verdad? No me interpondré entre vosotras”

De inmediato supe que sí se interpondría entre nosotras. Traté de no mostrar mi contrariedad, porque me daba cuenta de cuán encaprichada con él estaba Laura. Y debo admitir que no me mostré muy alegre por su presencia. Y a Pere tampoco le agradaba mucho la mía.

A veces, mientras besaba y acariciaba a Laura, me buscaba con la miraba y me guiñaba un ojo, como si alardeara… ¡Imbécil machista!

Ella lo tenía idealizado y se lo permitía todo. Pero mi sexto sentido me decía que este chico no le convenía. Intenté decírselo de muchas maneras a Laura, pero no me hacía caso y siempre recurría a la típica frase que siempre nos dicen a las collies: “Estás celosa”.

Pere decía que trabajaba en un supermercado, pero nunca supe en qué consistía su trabajo. Alternaba los turnos de mañana, tarde y noche, pero los supermercados están cerrados por la noche…

Cuando Laura se iba al trabajo, se pasaba el día en el ordenador o hablando por teléfono. A veces recibía llamadas de su madre y él se ponía histérico y la trataba muy mal, con una falta total de respeto. ¿Qué valores le habían inculcado en su familia a este chico?

Sus amigos venían cuando ella no estaba y él se burlaba de Laura y la minimizaba. La criticaba y menospreciaba sus éxitos en la empresa.

Enseguida me di cuenta que era un egoísta y solo le importaban sus propias necesidades, no las de Laura. Se mostraba muy posesivo y siempre le preguntaba a Laura por sus compañeros de trabajo. Tenía celos injustificados e intentaba controlarla.
 


 
Nunca me gustó ese chico, Nina. Aunque lo que más me repugnaba de él eran las mentiras. Mentía vilmente. Un día le decía a Laura: “Me gustaría entrar en tu vida para compartir tu tiempo, tu espacio, tu intimidad, tus intereses, tus tristezas y tus alegrías…”

Yo grité: “¡Desgraciado mentiroso! Abre los ojos, Laura, ese tío se aprovecha de ti y solo le interesan dos beneficios que tú puedes otorgarle: económicos y sexuales”

Un día los acontecimientos se precipitaron. Laura y Pere estaban desnudos en la cama. Mientras hablaban de hacer un viaje, Pere jugaba con los pechos de Laura. De repente, le dijo: “Tienes un bulto en el pecho…” Ella dio un salto de la cama y se palpó. “Es un bulto bastante grande…” Se fue a mirar al espejo y se asustó. Temblorosa y con cara de pánico llamó por teléfono a su madre. Se vistió, cogió el coche y nos fuimos a Barcelona. Yo me di cuenta de la gravedad de la situación y me subí al coche. Al menos le haría compañía. Pere no dijo nada y se quedó en casa. Fuimos al piso de su madre y ese mismo día fueron al ginecólogo. Una biopsia. Resultado: cáncer de mama.

Laura llegó a casa llorando y abrazada a su madre. Yo le salté encima cariñosamente y ella me abrazó.

Enseguida llamó para contárselo a Pere, que, por lo visto, fue incapaz de reaccionar, de animarla. Se quedó mudo al otro lado del teléfono. Esa noche dormimos en casa de su madre. Laura decidió que lo más cómodo era trasladarse por un tiempo al piso de su madre, que estaba muy cerca del hospital donde seguiría el tratamiento. Al día siguiente, Laura y yo nos acercamos un momento a Sant Cugat para recoger lo imprescindible. Pere no estaba. Había recogido sus cosas y le había dejado una nota: “Lo siento, te dejo. No soporto verte sufrir. Gracias por todo.”

Laura no lloró. Creo que lo vio tan cobarde que sintió pena por él. De repente se dio cuenta que ese chico no era como ella esperaba: un chico que la amara por encima de todo, de su profesión, de su carácter, de su aspecto físico, de sus problemas, de sus limitaciones…de su cáncer. “Suerte que tú no has huido cuando las cosas se han puesto feas” – me dijo, acariciándome la cabeza.

Cáncer, maldita y temida palabra. A partir de ese momento nuestra vida, porque mi vida ahora es Laura, se convirtió en una carrera contrarreloj.

Intentó seguir yendo al trabajo, pero estaba muy nerviosa y no se concentraba. Cogió la baja. Después de un montón de pruebas, con nombres muy raros para una collie, como tac, resonancia, gammagrafía, placa, radiografía…, los médicos le explicaron cómo era su cáncer y el tratamiento a seguir: quimioterapia para reducir el tumor, y luego cirugía para sacar el tumor y alrededores, intentando conservar la mama, o bien, una mastectomía.

El oncólogo le dijo que la biopsia de los ganglios había determinado que no estaban afectados y le planificó la quimioterapia para cuatro meses, explicándole los diferentes efectos secundarios que le podría provocar: caída de pelo, náuseas, vómitos, cansancio, sofocones, cambios de humor…

A partir de la 2ª sesión de quimioterapia, le empezó a caer el pelo de forma progresiva. Aquella larga cabellera castaña quedó en el suelo del lavabo el día que decidió pasarse “la moto”... Fue un momento muy triste para ella, tal vez el final de muchas cosas...

 
El sol se acababa de esconder tras la montaña de Rocacorba. Seguía haciendo mucho calor. Viky, que no había parado de hablar, se fue a beber agua. Laura estaba sentada en la hierba hablando del mismo tema con mi familia humana. Tenía los ojos enrojecidos. Yo me acerqué y le lamí su mejilla suavemente. Llegó Viky y se apretujó junto a ella. Mis ocho cachorros se habían dormido, pero no en su rincón habitual. Estaban todos con Laura, unos encima y otros pegados a ella. Mientras los acariciaba, Laura seguía hablando:

-          Me costó bastante superar la pérdida de mi cabellera. Al principio me obsesioné y me compre una peluca. Muy bonita, pero cuando el calor interno de la medicación se juntaba con el calor del sol, era insoportable y me hacía sudar mucho. La dejé y empecé a utilizar gorras, sombreros, pañuelos y turbantes. Y antes de salir a la calle le decía a Viky: “Ponte guapa y camina con elegancia. Hemos de desviar hacia ti todas las miradas y que se olviden de mi…”

-          Los meses de quimioterapia no fueron fáciles. Para mí fue la etapa más difícil de llevar. Luego vino la operación. Me tuvieron que hacer una mastectomía y  me extirparon la mama. De vez en cuando aún me miro en el espejo de perfil y me palpo, pero no quiero caer en la autocompasión. Yo estoy viva, otras mujeres no han tenido tanta suerte. Con pecho o sin pecho, la vida continúa.

-          Yo no he firmado ninguna sentencia de muerte. Quiero vivir. Y tengo muy claro que para vivir voy a tener que pelear duro. El oncólogo me dijo: “El peor síntoma de esta enfermedad es el miedo. Nosotros te hemos quitado el tumor, ahora te toca a ti. Sólo tienes que cambiar de hábitos, cuidarte más, vivir con alegría, reírte mucho, disfrutar de tus amistades, de tu familia... Sal a la calle y vive…”

-          Y aquí estoy, luchando. La vida me ha golpeado para que aprenda una asignatura llamada alegría. Ésa es la mejor medicina. Una buena amiga me aconseja siempre  : “¡Deja que todo el mundo te vea! ¡Deja que vean lo valiente, fuerte y luchadora que eres! Transmite alegría y la recibirás a puñados y esa alegría te mantendrá viva”.

-          La otra medicina es ella –continúa, abrazándose con cariño a Viky que está a su lado. Viky es más que una amiga, es lo mejor de lo mejor. Lo que le he visto hacer es increíble. Durante los meses de tratamiento (5 días en cama después de cada ciclo de quimioterapia) tenían que arrancarla de mi lado para que saliera a la calle. En estos años, Viky me ha visto reír, llorar, hundirme... me ha visto alegre, triste, nerviosa, insegura, desanimada... A veces pienso que sin ella, el cáncer habría podido conmigo. ¡Ay Viky, algún día tendré que devolverte todo el amor que me estás dando!

-          En uno de mis peores  días de quimio estuve a punto de claudicar, cuando me encontré de repente con la cara de Viky, mirándome fijamente con sus bonitos ojos marrones. Me pareció que me susurraba: “Prométeme que vas a luchar. Prométeme que vas a vivir y a ser feliz. Prométeme que no permitirás que esta enfermedad acabe contigo. Tú puedes con ella”. Y yo grité: ¡Te lo prometo!.. Mi madre se asustó y aún hoy recuerda aquel grito.

-          ¿Sabéis? A veces sueño que algún día todas las mujeres enfermas de cáncer de mama irán calvas, sin peluca, con su pecho desinflado, con el cuello erguido y un porte elegante, sin haber perdido las ganas de seguir luchando y mostrar así su verdadera belleza al mundo. Sin dolor, sin pudor, sin miedo, tal y como son de verdad, incluso en su peor momento. Pero cuando me despierto, pienso: Demasiadas fantasías. El mundo aún no está preparado para este tipo de belleza real. Tendré que seguir viviendo pegada a esta prótesis de látex...

 

jueves, 10 de octubre de 2013

CARTA DE UN NIÑO A SUS PADRES


Entre sorprendidos y esperanzados salieron aquellos padres del Colegio de su hijo. Habían ido a hablar con el psicólogo, a petición del Tutor del curso. Su hijo hacía tiempo que no iba bien. Ellos creían que el problema solo estaba en casa, pero no, su hijo tampoco funcionaba en el colegio. Después de una larga conversación, el psicólogo les dijo:

-          ¿Por qué no le regaláis un perro?

-          ¿Un perro?

-          Sí, un collie. Sé que a él le hace ilusión y creo que le puede ayudar a solucionar algunas de las cosas que hemos hablado.

Hubo un silencio. Los padres se miraron con cara de no entender. El psicólogo continuó:

-          Vuestro hijo tiene su autoestima muy baja. Cuidar de un collie le enseñará a ser responsable. El tener que sacarlo cada día a dar un paseo le proporcionará una sensación de logro, de que algo está haciendo bien.

-          La convivencia con un collie le aumentará la comunicación no verbal y le ayudará a mostrar mayor empatía, algo de lo que carecemos también los adultos.

-          Le aliviará la soledad. Vosotros trabajáis fuera de casa todo el día. Cuando vuestro hijo regrese del colegio, se encontrará con alguien que le dé la bienvenida.

-          Con él podrá practicar la lectura, leyendo en voz alta. Ya sabéis que vuestro hijo es uno de los que se muestra reticente a leer en voz alta en clase. Dicen que los niños dan por hecho que los perros escuchan y entienden.

-          La presencia del collie disminuirá la ansiedad causada por las tareas escolares. Acariciar animales puede reducir la presión arterial, así que tener cerca a su collie puede ayudarle a concentrarse incluso con las materias que menos le gustan.

-          Y, por último, espero que también os dé temas para conversar. El collie es un puente entre padres e hijos.

 
Cuando los padres llegaron a casa, lo primero que hicieron fue buscar un criador de collies… No tenían cachorros disponibles en aquel momento y reservaron un macho de la siguiente camada.

Muy bien. Yo soy de las que piensan que una familia no es una familia al completo si no tiene un collie en su casa, sobre todo si en el hogar hay niños…

Por fin llegó el collie. El niño no lo podía creer. Sus padres le regalaban “el sueño de su vida”, sin ser su cumpleaños, sin ser un premio o una promesa… ¿Por qué?

Pasó el tiempo y el niño mejoró notablemente su actitud en el colegio, consiguiendo buenas notas. Su relación con profesores y amigos era cada vez más buena. Pero no así con sus padres. Estaba entrando en la adolescencia y la relación con sus padres era distante, superficial. Su padre no tenía tiempo para estar con su hijo. La empresa le absorbía y siempre estaba viajando. Su madre había vuelto a recuperar su antiguo trabajo y tampoco dedicaba mucho tiempo a su hijo. En casa, el mejor amigo y confidente era su collie. Se compenetraron muy bien y se entendían a la perfección.

Un día el collie, aplicando su sexto sentido, decidió entrar en escena para solucionar esa relación tan distante con sus padres. “Escríbeles una carta” –intentó hacerle entender a su amigo del alma...

 
 
Esta historia inacabada nos la explicó el niño protagonista, hoy adulto. Han pasado 20 años y el domingo estuvo en casa para reservar un collie para sus dos propios hijos, un niño y una niña. “Ahora es el momento para que convivan con un collie” –comentó su madre.

¿Y la carta? ¿Escribió la carta a sus padres? Sí, la escribió con la “ayuda” de su collie. Su madre aún la guarda y nos prometió que se la pediría para hacer una copia y enviárnosla. Hoy la hemos recibido y aquí está:


“Queridos mamá y papá:

Mis sentimientos son frágiles y os pido por favor que estéis un poco más pendientes de mí. Si os ponéis en mi lugar y podéis entender qué es lo que me pasa, podréis ayudarme con mayor facilidad. Para crecer, necesito vuestro apoyo.

Os ruego que me escuchéis siempre con atención e interés. Cuando os cuente un problema mío, no me salgáis con un “eso no tiene importancia” o con que “ahora no tengo tiempo para esas tonterías”. Tratad de comprenderme y ayudarme.

No me regañéis sin más, ni me gritéis. Si lo hacéis, os respetaré menos y me enseñáis a gritar a mí también, cosa que no quiero hacer.

¿Por qué siempre me estáis dando órdenes? Si, en vez de mandar o exigir que haga las cosas, razonarais, o me las pidierais por favor, las haría más rápido y con más gusto.

Decís que somos una familia, pero para ello deberíais de crear un ambiente que facilite la comunicación. Necesito que me expliquéis las cosas que suceden en casa, sentirme partícipe de vuestras decisiones y poder opinar.

Por favor, confiad en mí. Dadme libertad para tomar mis propias decisiones. Permitidme que me equivoque para que pueda aprender de mis errores. Si me lo dais todo hecho para evitarme el esfuerzo, nunca aprenderé a hacer nada ni a ser responsable. Así algún día, estaré preparado para tomar las decisiones que la vida requiera de mí.

Enseñadme unos hábitos adecuados, dentro de casa y fuera. No me digáis que haga cosas que vosotros no hacéis. Yo aprenderé y haré siempre lo que vosotros hagáis, pero nunca haré lo que digáis y no hagáis.

No me comparéis con mis primos o los hijos de vuestros amigos. Yo soy yo. Si me hacéis lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir. Y si me hacéis lucir peor, el que sufra seré yo.

Y sobre todo, necesito vuestro cariño y amor. Necesito sentiros amigos, necesito sentirme acompañado en todo momento.

A pesar de todo, quiero que sepáis que os quiero mucho…”
 


Con el paso de los años la relación con sus padres fue mejorando. Su collie siguió siendo su cómplice y más que amigo en la adolescencia. Inseparables hasta que fue a estudiar a la Universidad. Y esa separación fue muy dura para ambos. Su collie murió de repente. Tenía ya 11 años, pero sus padres sostienen que murió cuando se dio cuenta que ya lo había hecho todo por aquel joven, que su misión había terminado y ya no le necesitaba. Hoy todavía lloran su ausencia.


viernes, 27 de septiembre de 2013

YO SOCIALIZO, TÚ SOCIALIZAS...


Quedé estrujada, pero ya estoy casi recuperada. Ocho cachorros dan mucho trabajo y cuidarlos me ha absorbido mucho tiempo, aunque ha sido un placer y estoy muy orgullosa de todos ellos. La separación ha sido dura, pero me consuela saber que todos están felices. Turró, Aston, Kibo, Zara, Cross, Lassie, Kheyra y Horus ya están todos con sus nuevas familias y a partir de ahora son ellas, personas responsables, quienes deberán seguir con la tarea de educar a estos tiernos cachorritos.

 
Una de estas familias quería llevarse a su cachorro con siete semanas. Mi familia les dijo que no: “Nuestro compromiso es no entregar ningún cachorro antes de las 8 semanas de vida. Es muy importante para su salud y para su equilibrio emocional que conviva con su madre y con sus hermanos una o dos semanas más…”

Yo socializo…

Desde el nacimiento hasta la octava semana de vida, el cachorro aprende de su madre y hermanos las reglas que marcarán su comportamiento adulto. Afecto, territorialidad, dominio, son conceptos que el cachorro va grabando en su cerebro a través de posturas, gestos y reprimendas de mí misma.

Es cierto que la herencia genética es parte fundamental del desarrollo del carácter del collie, pero esto no serviría de nada, si el cachorro no pasara, junto a su madre y hermanos, por ciertas experiencias, que serán determinantes en su comportamiento futuro. Una parte importante de la forma de ser del cachorro es innata, pero el resto depende de las experiencias vividas y de los aprendizajes realizados con su familia canina, conmigo y sus hermanos.

La convivencia conmigo y el resto de la camada a esta edad, es la primera escuela de su educación y es de suma importancia. Privar a un cachorro de este proceso de socialización, puede suponer un collie inseguro que de adulto puede llegar a ser problemático.

La manipulación de los cachorros en este período es muy importante. A ello me ha ayudado mi familia humana. Un cachorro tocado y convenientemente achuchado presenta un desarrollo más rápido y será más receptivo ante estímulos nuevos.

Durante este período el cachorro aprende a identificar  a sus compañeros de especie como individuos sociables y asimilará el comportamiento básico que necesitará para relacionarse en un futuro con otros perros y con su nueva familia humana. Y lo más importante, su identidad comenzará a desarrollarse.

 
Yo he socializado. He acostumbrado a mis cachorros a relacionarse en un entorno similar al que ya se habrán encontrado en su nuevo hogar, como por ejemplo ruidos, motores, personas desconocidas, niños y otros perros. Estamos en la etapa más importante y la que tendrá más consecuencias en un futuro sobre la conducta del collie. En esta etapa, aún no está finalizada la madurez del sistema nervioso central del cachorro, de modo que se puede influir sobre él. Esta es la tarea de sus familias humanas.

Tú socializas…

Cuando el cachorro, a los 2 meses, llegue a vuestro hogar, hay que proporcionarle caricias, juegos y elogios, para sustituir, en cierta manera, la relación que tenía con su madre y hermanos de camada. Así el cachorro se acostumbrará rápidamente a la nueva situación de vida y aceptará de inmediato vuestra superioridad.

Un cachorro equilibrado, será un adulto obediente y educado. Aunque todos mis cachorros tienen una base de socialización, ahora va a depender de vosotros, de vuestra combinación de cariño y autoridad. Desde que el cachorro llega a su nuevo hogar, debe comprender que no es él quien manda, que ocupa un rango inferior dentro de ese grupo y que debe obedecer. Las caricias, el contacto con otros perros y los ejercicios de sumisión, lo irán poniendo poco a poco en su sitio y garantizarán su obediencia, equilibrio y cariño. Desde el primer día debe saber el sitio que ocupa dentro de la estructura familiar.

Es necesario el contacto físico entre el cachorro y todos los componentes de la familia con los que ha de convivir. No es sólo dar palmaditas en su espalda, sino un contacto físico pleno. Rascarlo detrás de las orejas, morro, cuello, deslizar las manos por su cuerpo recorriendo lomo, pecho, patas, hablarle suavemente, repetir su nombre, tomar su cabeza entre las manos. Todos los miembros de la familia deben hacerle estas caricias. Con esto se fomentan los lazos afectivos entre familia y collie.

Todas las situaciones cotidianas deben aprovecharse para reforzar vuestra autoridad. Desde cachorro no hay que permitirle nada de lo que no os gustará que haga cuando sea adulto. Y sobretodo que toda la familia cumpla las mismas normas.

Hay que refrenar sus impulsos desde el primer día que llega a casa. El cachorro será muy inquieto durante los primeros nueve o diez meses de vida, robará zapatos, arrancará plantas, hará destrozos y querrá hacer lo que quiera. Hay que tener mucha paciencia y no permitir estas travesuras.

 
Tú socializas. La socialización es la clave para tener un collie bien adaptado, calmado y feliz. Los collies somos curiosos por naturaleza. A tu cachorro le encantarán las nuevas experiencias. Conocer nuevos lugares, personas, animales... Dadle una atención individual diaria, acostumbrándolo a interacciones humanas positivas.

El cachorro absorbe como una esponja a esta edad, y no socializarlo correctamente es permitirle que aprenda malos hábitos. Ahora es el mejor momento para comenzar a enseñarle comportamientos adecuados. Es mucho más fácil instalar comportamientos correctos que dejar que el cachorro crezca como un salvaje y luego intentar “desentrenar” los malos comportamientos.

Vuestro cachorro necesitará algo más que un paseo en el parque, o una vuelta a la manzana. Necesita conocer nueva gente, paisajes, sonidos, aromas y ambientes. Cada día, todos los días.

Ese cachorro tan divertido que tenéis jugueteando a vuestros pies está deseando que le pongáis límites, que le marquéis las reglas, que le enseñéis las normas de convivencia. Sin gritos ni violencia. Una educación coherente y consecuente y siempre en positivo. Una socialización basada en tiempo, paciencia y mucho amor.
 
 
 

martes, 20 de agosto de 2013

BUEN OLFATO: SIEMPRE LA MISMA TETA


Mis cachorros ya han cumplido cinco semanas y yo soy feliz con ellos. Nunca pensé que ser madre fuera tan maravilloso. Me paso horas con ellos viendo cómo duermen, cómo maman, cómo juegan…

Tanto los observo que he descubierto que uno de los machos arena siempre mama de la misma teta. Ya desde recién nacido, con su tacto, buscaba una teta y desechaba las otras. Ahora se guía por el olfato y se pelea con sus hermanos por esa misma teta. Nunca se equivoca, buen olfato.

El olfato es el sentido que, cuando estos pequeños sean collies adultos, se convertirá en su más eficaz colaborador y fuente de información próxima y distante. Pero antes de alcanzar estos límites extremos que tan significativos serán, el olfato ya representa para este cachorrito, un sentido que le resulta imprescindible para orientarse, localizar las tetas y acertar con la teta preferida… elegir su teta, siempre la misma teta.

El olfato en el cachorro, aparte del servicio que le presta en sus primeros días de vida como medio de orientación, empieza, ya en tan temprana edad a “gravar su disco duro”, los archivos que constituirán su memoria olfativa, que con el tiempo  clasificará en situaciones. Los olores que el cachorro va archivando en su memoria le servirán para la identificación en lo sucesivo de una circunstancia, persona, acontecimiento, etc., de forma parecida a como sucede con los humanos. Hay personas que son capaces de recordar, aunque sea vagamente, por algún olor captado hace muchos años, la escena que en aquella fecha estaba viviendo al percibirlo, las circunstancias que se daban e incluso algunas fisonomías de las personas en aquel entonces presentes. El collie también, desde cachorro, reconoce por el olor cualquier situación. Y se equivocan las personas que consideran que un cachorro es incapaz de analizar y retener ya para siempre acontecimientos relacionados con el olfato, vividos incluso junto a la teta de su madre.


 
Un criador (humano) efectuó una prueba para comprender el efecto que sobre el cachorro aún lactante produce su olfato. Utilizó una camada como la mía, de 37 días, para comprobar la relación que podía haber entre capacidad olfativa y capacidad retentiva a esta edad. Un colaborador convenientemente perfumado con una determinada colonia se acercaba al nido y daba algunos gritos que los cachorros interpretaban de inmediato como símbolo de poca amistad, y, asustados, se agrupaban entre ellos y junto a su madre. El colaborador se iba y entraba el criador, acariciando a los cachorros, que volvían a su normalidad anímica.
La misma prueba se repitió durante tres días. Los cachorros, al día siguiente de la primera experiencia, tan pronto percibían el olor de la colonia, mucho antes de que el colaborador perfumado se acercara al nido, corrían a agruparse y permanecían inmóviles. Sin gritos, bastaba simplemente que el colaborador  pasara por el lado del nido sin poder ser visto. Y cuando se había marchado y aparecía el criador, todos los cachorros, con gran alegría, reclamaban su acostumbrada caricia.
El criador quiso llevar el experimento más lejos, y al día siguiente, ya sin la ayuda del colaborador, se perfumó él mismo con la misma colonia y se acercó al nido. La respuesta de los cachorros, a pesar de sus tranquilizadoras palabras, fue la misma que con el colaborador: agruparse en un rincón, y como si en la unión buscaran la fuerza, no consiguió que ninguno se acercara a él. Esa misma tarde, el criador se limpió bien de toda emanación de colonia y volvió al nido. Tan pronto notaron su presencia los cachorros, se produjo una explosión de júbilo y alegría.
Al día siguiente, deseando apurar al máximo su experimento sobre la relación entre olfato y memoria olfativa, el criador, nuevamente perfumado, se acercó al nido para ver la reacción de los cachorros. Sin embargo había utilizado una colonia distinta y los cachorros salieron a su encuentro como si no llevara perfume alguno.

El análisis de este experimento evidencia totalmente la existencia de una memoria de carácter olfativo. El perfume del colaborador se había convertido en un signo de hostilidad para los cachorros y lo habían guardado en el archivo de recuerdos olfativos. No era necesario acercarse al nido y dar gritos, sino simplemente dejar que los cachorros unificaran mentalmente el perfume aquél con los gritos que le habían reportado. La nueva colonia que se puso el criador no recordaba ningún acontecimiento desagradable a los cachorros, y, por tanto, lo admitían como un perfume que no debía ser temido.

 
El aparato olfativo del cachorro está constituido en el interior de la nariz por unos conductos totalmente cubiertos de células quimiorreceptoras que con la entrada de aire se impregnan del olor reinante. Este complicado tapizado celular es como un filtro que retiene la emanación olorosa y la analiza uniéndola inmediatamente a la situación que se da entonces, constituyéndose dos archivos de distinta calificación. En uno quedará archivado el olor y en el otro se archivará la situación, sensación y reacción que ha sido necesaria.

El olfato es un perfecto analizador de olores, capaz de distinguir uno entre varios que estén mezclados. La capacidad olfativa del collie, ya desde cachorro, sobre todo a partir de los cinco meses, es de una proporción de 1:1.000.000. Y nuestra evolución olfativa es constante hacia la perfección absoluta y alcanza extremos imposibles para el ser humano. Nuestro olfato puede ser más potente que el mejor instrumento científico, razón que explica que se nos entrene y utilice para detectar drogas, escapes de gas, explosivos, personas desaparecidas, personas enterradas bajo la nieve o escombros, etc.

 
Dicen que cuanto más grande es el perro  y más largo su hocico, más agudo es el olfato.  Los collies, por ejemplo, no sólo tenemos un olfato más desarrollado que los humanos, sino también que otras razas de perros. Además tenemos otra ventaja, porque nuestra trufa suele estar húmeda, y esa capa de humedad actúa como si se tratara de una cinta adhesiva, atrapando a las moléculas aromáticas que transporta el aire.

Muchos humanos piensan que una comida nos gusta más que otra. Pero no se trata solo de gusto. El gusto es nuestro sentido menos desarrollado, pero con el olfato podemos detectar lo amargo, dulce, salado, agrio e infinidad de sabores. Los perros podemos reunir más información sobre los alimentos que comemos por el olor que por el sabor.

Los seres humanos se mueven por el mundo con la vista como sentido rey. Nuestro sentido rey, en cambio, es el olfato. Nosotros olemos el mundo (ver post anterior). Nos movemos por él dependiendo de la nariz. Porque los humanos tienen unos cinco millones de células olfativas frente a los 220 millones que tenemos los collies. Ningún humano, puede llegar a imaginarse lo que significa oler el mundo y obtener información a través del olfato.

 

martes, 30 de julio de 2013

TACTO, EL GRAN OLVIDADO DE NUESTROS SENTIDOS

Para los humanos, de los cinco sentidos, el tacto es el segundo en importancia tras la vista. La comunicación a través del sentido del tacto es una parte muy importante para su crecimiento emocional. Y, aunque no todas las personas lo utilizan por igual, tocar y ser tocados es una necesidad.

Para los collies, en cambio, el sentido del tacto no es tan importante y ocupa el penúltimo lugar. Apenas lo utilizamos para jugar con nuestr@s dueñ@s y recibir sus caricias. Con una notable excepción: es el primer sentido que utilizamos cuando nacemos, ya que el oído y la vista no los activamos hasta pasados 11 días.


Mi madre ya me lo había explicado y ahora lo estoy experimentando con mis bebés. El tacto es el primero de los sentidos que entra en actividad tan pronto nace el cachorro, y del que éste se vale para detectar la proximidad de la madre y localizar las tetas. En nuestra raza, la mayor sensibilidad táctil en estos primeros momentos se encuentra en la fina piel de la nariz del cachorrito y de su lengua. Se trata de una sensibilidad de orden térmico o de reacción a la temperatura. Mis cachorros, acercando su nariz a mis mamas, perciben la temperatura de éstas, y mediante el tacto localizan el pezón al que de inmediato se prenden. Ahora, que ya tienen 16 días, observo con satisfacción cómo se “pelean” por tomar una buena posición. Me encanta ver con qué entusiasmo chupan y cómo rodean el pezón con su lengua, de esa manera tan característica. Ello es debido a que, a través de la lengua, perciben la temperatura de la leche, la misma que la temperatura fisiológica corporal.

Esta observación tiene una importancia vital cuando por la circunstancia que sea, se hace necesario que un humano críe al cachorro con biberón, ya que si la leche que le da no guarda la temperatura adecuada, el cachorro desechará toda oferta que le haga. La sensibilidad de la lengua del cachorro es tan acentuada, que bastará la pequeña diferencia de tres o cuatro grados en la temperatura para que se produzca un rechace. La temperatura que debe tener y mantener el biberón ha de estar entre 37º y 38º. En cuanto esta temperatura desciende, el cachorro rechaza la tetina, lo que puede ser erróneamente interpretado como que el cachorro ya no tiene más ganas de leche.

Hoy, aunque mis hijos ya han abierto los ojos y empiezan a escuchar los primeros sonidos, siguen utilizando el sentido del tacto (junto con el olfato), para saber  dónde estoy situada. Y cuando sienten un roce en su cuerpo (tacto corporal) saben si han sido tocados por alguien de nuestra familia humana, por mí o bien por sus hermanos de camada. Se buscan, se amontonan, se lamen… Ellos saben que cualquier roce es positivo para la estabilidad de su futura vida de adulto. Si a uno de estos cachorros se le impidiera todo contacto, su cerebro se vería privado del estímulo que necesita para crecer y funcionar. El tacto a esta edad es muy importante para que más adelante los cachorros desarrollen un sistema emocional equilibrado y puedan integrarse y convivir plácidamente con la familia humana y su entorno.

 
A medida que el cachorro va creciendo, el uso del tacto lo irá aplicando a nuevas necesidades. Sus almohadillas plantares llegarán incluso a captar las sensaciones del suelo que pisa, llegando con el tiempo a ser capaz de percibir las vibraciones de éste hasta tal extremo, que si a un cachorro de tres meses le taponáramos los oídos de forma que no pudiera captar ningún sonido, recogería a través de su tacto con las almohadillas de sus patas las vibraciones de los pasos de su dueñ@ y se percataría de su presencia o aproximación sin necesidad del auxilio auditivo ni del visual.

La sensibilidad táctil está repartida por todo el cuerpo a través de la piel y del pelaje. Tenemos unos bigotes, es decir, pelos sensibles más gruesos alrededor de los ojos, del hocico y por debajo de la mandíbula que nos permiten captar la velocidad y dirección del aire. Pero conforme se van perfeccionando nuestras facultades olfativas, auditivas y visuales, el sentido del tacto va perdiendo importancia. Con el paso del tiempo nuestras almohadillas se endurecen y pierden sensibilidad. Los receptores infrarrojos de nuestra trufa, capaces de captar cambios de temperatura, también van perdiendo potencial, en beneficio del olfato.

Nuestra parte más sensible del tacto, en nuestra edad adulta, se encuentra a lo largo de la columna vertebral, del cuello a la cola. Por ello, nos gusta rodar por la hierba y que los humanos nos acaricien, puesto que esto nos produce un efecto calmante, relajante y antiestrés.